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Opinion

Es el modelo, estúpido!

Por Sergio Candelo, COO de Snoop Consulting

Argentina encara una profunda transformación: acomodar precios relativos, bajar la inflación, reducir el déficit fiscal y de balanza comercial. El objetivo es desembocar en una economía integrada al mundo con pobreza “cero”. Para lograrlo, hay que salir de la situación actual.
Las variables que mencionamos tienen muchísima correlación entre sí. El déficit fiscal financiado con emisión genera inflación. Si se financia con deuda o bien sube la tasa de interés o ingresan tantas divisas que el tipo de cambio se aprecia y vuelve menos competitivas las exportaciones, que generan un mayor déficit en la balanza comercial, que a su vez vuelve menos probable la capacidad de pagar la deuda.
Adicionalmente la presión fiscal es la mayor en la historia de nuestro país, y a pesar de ello, hay déficit fiscal. La presión fiscal genera mayores “costos” en los bienes y servicios exportables, generando menores exportaciones.
Si se decide bajar la presión fiscal, el déficit del sector público se exacerba. Entonces se necesita más emision o más endeudamiento, volviendo al dolar “mas barato” y provocando mayor demanda de bienes y servicios importados y menos demanda de nuestros bienes y servicios en el exterior, es decir más déficit en la balanza comercial.
El gasto público tiene un fuerte componente de gasto social (jubilaciones, asignaciones familiares, empleo público principalmente provincial y el remanente de subsidios al transporte). Es decir que cualquier reducción de este gasto público se contradice con la posibilidad, en el corto plazo, de reducir la pobreza. Indicador que está en el orden del 30% de la población.La presión fiscal tiene impacto directo en el costo del empleo y en el costo de producir bienes y servicios en Argentina.
El impuesto al trabajo distorsiona enormemente la relación entre lo que cobra un empleado y el costo que tiene la empresa. Esta relación es del orden del 80%, si del 80%. Como ejemplo, si una persona recibe 20.000$ en mano, a la empresa le cuesta 36.000$.
Esta relación es muy inferior en las principales economías del mundo. Chile, por ejemplo, está en el orden del 25%.
Los impuestos a la producción también generan sobrecostos enormes. Hay impuestos del tipo “peaje”: Sellos, cheques, tasas, distintos impuestos vinculados a las tarifas de los servicios públicos. En este último caso, la reacomodación de los precios relativos de la electricidad, gas y agua, automáticamente incrementan los impuestos vinculados a esas facturas. Además de los ya archiconocidos Ingresos Brutos Provinciales.
El excesivo costo del empleo (no lo que recibe el trabajador en mano) y de la producción de bienes y servicios genera una primarización de la economía. La exportación se transforma cada vez más en commodities sin mayor valor agregado. Y las materias primas producidas en argentina vuelven como importaciones en bienes terminados. Esto se debe a que los costos de los recursos para la producción se incrementan demasiado por la presión fiscal.
Argentina encara una profunda transformación. Ahora bien, en cuanto tiempo se lleve adelante, tiene efectos sobre el objetivo de pobreza cero. Una economía primarizada genera bienestar a unos 10 millones de habitantes. Y somos 44 millones.
Para lograr los objetivos de inserción en el mundo y pobreza cero hay que romper con las correlaciones entre las variables macroeconómicas. La transformación gradual tiene el riesgo de una crisis de deuda. Si las exportaciones no superan a las importaciones, no se generan dólares genuinos, conclusión: la deuda es impagable. Y en ese escenario de crisis de balanza de pagos la economía argentina no generará bienestar ni al tercio favorecido por una economía primarizada.
Una alternativa es reducir los impuestos sobre el trabajo y la producción. Si esto es así, el valor agregado a los bienes primarios se podría hacer en nuestro país. Logrando exportaciones a precios competitivos en el mundo de bienes y servicios. Esto redunda en mayor empleo y producción.
Pero, como se resuelve el incremento en el déficit fiscal? La estructura impositiva en argentina lleva décadas de distorsiones y distorsiones. Según el Pacto Fiscal del 92 se incrementó el IVA del del 18% al 21% porque las provincias retirarían IIBB. El impuesto al cheque era un impuesto de excepción por 6 meses en el 2001.
Se pueden enumerar mil más de estas distorsiones que se fueron creando en la estructura tributaria argentina en todos los niveles de gobierno.
Por un lado, adecuar la política de ingresos públicos no es una tarea simple y por el otro, hoy argentina tiene inserción en los mercados de capitales internacionales y ya ha logrado emitir un bono a 100 años.
Entonces, emitimos un bono a muy largo plazo, que permita cubrir el déficit fiscal producto de la baja de impuestos en el empleo y la producción que genera mayores exportaciones de bienes y servicios más competitivos y con mayor valor agregado que permitan obtener dólares genuinos. Además, la financiación del déficit a largo plazo hace que la inflación se desploma casi instantáneamente y en consecuencia las tasas de interés, induciendo a los capitales que se concentren en la producción en lugar de la especulación financiera.
El círculo virtuoso genera una economía con crecimiento, que reducirá rápidamente el déficit y hara mucho mas probable de alcanzar un país con un índice de pobreza bajo.
“Argentina integrada al mundo con pobreza cero”, requiere de decisiones fuertes. No se logra solo con la enunciación del tema. La decision es dificil, por supuesto, pero la recompensa es grande.
De esta forma si vamos a poder decir que Argentina encara una profunda transformación, acomoda los precios relativos, baja la inflación, elimina el déficit fiscal y de balanza comercial. Es decir, Argentina es un país para vivir.

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