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Opinion

La UCR teme que el PRO los lleve al fracaso y reflote al peronismo

*Por Jorge Joury

En la UCR comenzaron a impacientarse por los desaciertos de sus socios en materia económica. También cuestionan el comportamiento oscuro de algunos funcionarios. Como nunca antes lo habían hecho, reclaman por lo menos una silla en la mesa chica de la discusión. Les inquieta la marcha de las encuestas que están mostrando que la seguidilla de escándalos en los que se vieron involucrados en los últimos meses distintos integrantes del Gabinete “off-shore” que lidera Macri impactaron en forma negativa en la credibilidad de la gente. Incluso, entre los votantes de la coalición de Gobierno. Los últimos sondeos están marcando que más de seis de cada diez personas consultadas se mostraron en favor de cambiar de administración nacional en los comicios presidenciales de 2019, aunque para consuelo del oficialismo, menos del 20 por ciento, sin embargo, expresó su deseo de que gane el kirchnerismo.
El resultado de esta medición inquieta a los boinas blancas, porque le abre espacio al peronismo anti-K, que puede encontrar la mesa servida para forjar a un candidato, tal vez con un perfil de centro-derecha. Y es más, intuyen que en el caso de que persista en los próximos meses este clima de malhumor social, consigan poner en riesgo las aspiraciones de Macri de renovar su mandato el año que viene. No obstante, antes de ese posible escenario, el Partido Justicialista (PJ) debe resolver sus turbulencias internas tras el desembarco en la intervención del dirigente sindical Luis Barrionuevo.

QUIEREN UN PERFIL MAS SOCIAL PARA LA GESTION

El fastidio que viene generando en la sociedad la inflación que no cede, avalado en parte por la Casa Rosada con el incremento de tarifas de servicios públicos, ha comenzado a encender luces de alarma en sectores del radicalismo aliados al Gobierno. Los más altos dirigentes del centenario partido pretenden ser tenido en cuenta en las discusiones internas del Gobierno y en la toma de decisiones. Quieren imponer un perfil más social en la gestión, al tiempo que cuestionan cada vez con mayor énfasis la suba de tarifas, al considerar que afectan especialmente a la clase media, es decir, a históricos votantes de la UCR.
Las declaraciones que días atrás pronunció del actual presidente partidario, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo (FOTO), en las que cuestionó el tarifazo, pusieron al rojo vivo las alarmas en la Casa Rosada. Hasta ahora, la única voz radical crítica respecto del gobierno había sido la de Ricardo Alfonsín, que bajó al llano para impulsar que la UCR retome el ideario alfonsinista, lo que significaría la ruptura con el PRO. Pero también en esa dirección crítica hacia los tarifazos, se mostró la líder de la CC-ARI, Elisa Carrió que observa un escenario de mucho fastidio social, como el que plantean los radicales.
Más allá de la discusión ideológica, los misiles de Carrió apuntan contra la base material del modelo de Macri. Sucede que una de las grandes debilidades de la economía doméstica -para los ortodoxos, la mayor- es el déficit fiscal. En términos llanos, esto implica que el Estado gasta más de lo que genera, algo que si se extiende en el tiempo conduce a los peores males: incremento de la deuda, ensanchamiento de los intereses y default.

UN GOBERNADOR QUE PIDE PISTA EN LA FORMULA

Lo que se observa, es que la UCR comienza a calentar motores para una negociación con el macrismo, que se supone será con el cuchillo entre los dientes para el armado de las listas para las elecciones de 2019.
Cornejo no disimula que tiene ambición propia. No le queda reelección en Mendoza. La constitución provincial no lo permite. Por eso aspira a que Macri lo elija como su acompañante en la fórmula, justo cuando suena con fuerza la posibilidad de que repita con Gabriela Michetti o se incorpore una jugadora de mayor peso como la ministra de Desarrollo, Carolina Stanley, de muy buena llegada a los movimientos sociales.
Pero no se puede ignorar un dato clave. También fue Cornejo quien impulsó que Julio Cobos fuera vice de Cristina Fernández en 2007, lo que muestra su extraordinaria cintura para negociar.La ambición del mandatario mendocino se conjuga bien con un conflicto que recorre al radicalismo en casi todas las provincias.
Las últimas elecciones legislativas fueron buenas para Cambiemos, pero fueron mejores para el PRO. Marcaron la sensación de que el macrismo tuvo más picardía para el crecimiento de la ola amarilla.
Un ejemplo fue la provincia de Buenos Aires, resultado que explica la mitad de los votos que obtuvo el oficialismo en 2017, con la lista que encabezaba el ex ministro de Educación Esteban Bullrich, que se instaló como candidato de María Eugenia Vidal. En Capital, el PRO tuvo que compartir la hegemonía, pero no fue justamente con la UCR, a la que logró dividir con astucia. La negociación en el bastión macrista fue con Elisa Carrió.
En Córdoba, Cambiemos tocó el cielo con las manos al derrotar al peronismo por casi 10 puntos. La figura central fue bien PRO, el árbitro Héctor “la Coneja” Baldassi. Lo mismo puede decirse sobre La Pampa, donde hubo PASO en la alianza oficialista y el joven Martín Maquieyra (PRO) derrotó a los radicales. Luego estuvo a milésimas de ganarle al peronismo en la elección general.

EL PESO DE LOS BOINAS BLANCAS

De las provincias con volumen electoral en las que ganó el oficialismo, los radicales encabezaron en Santa Fe, con Albor Cantard, y en Mendoza, donde la hegemonía es histórica. Los boinas blancas lideraron también las nóminas en Chaco, La Rioja, Corrientes y Entre Ríos, por ejemplo.
Estos resultados inclinaron la balanza a favor del macrismo dentro de la alianza gobernante. Mostró al PRO como triunfador en los distritos donde más votantes hay. Con los recursos del Estado Nacional, el macrismo suele amenazar veladamente con armarles listas en las primarias a los radicales en las provincias en las que tienen chances de ganar.
Esta amenaza es la que brota en el trasfondo de las declaraciones de Cornejo y que le alteran el pulso al oficialismo.
Los radicales observan que el tarifazo tiene un efecto muy negativo en las provincias y distritos que gobiernan, donde se ven obligados a contener las quejas de la gente y a tomar distancia del denominado “capitán frío”, el ministro Juan José Aranguren. Otro signo de preocupación tiene que ver con los sectores del macrismo, entre ellos el presidente de la Cámara Baja, Emilio Monzó, que parten de la base que para garantizar una reelección en 2019 es necesario que la coalición gobernante incorpore una “pata peronista”. Quienes defienden esta estrategia sostienen que aseguraría la fractura del justicialismo y apuntalaría más la posibilidad de que Macri triunfe en primera vuelta si logra superar el 40% de los votos. Esta posible movida produce cortocircuitos con el radicalismo que ve en el peronismo a su principal adversario en muchos distritos. La historia recién comienza y tiene final abierto.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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