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Opinion

¿A la universidad para los pobres le quieren colgar un cartel de remate?

*Por Jorge Joury

Desafortunados los dichos de María Eugenia Vidal. Asombran porque vienen de una mujer que ha mostrado sensibilidad con los sectores más golpeados de la sociedad. Al punto de prometer salir a luchar contra los pulpos de la remarcación. No se entiende por qué se le soltó la cadena, sumergiéndose en el mar profundo de la enseñanza pública. Tal vez la gobernadora no pasa un buen momento porque le congelaron los 40 mil millones que le prometió la Nación en concepto de coparticipación. Y además le avisaron desde la Casa Rosada que se conforme con terminar las obras que están en marcha.

Las imposiciones del FMI que aún no conocemos en detalle, son extremadamente duras y obligarán a Macri a sacar recursos hasta debajo de las piedras y en los lugares más sensibles. Menos las asignaciones sociales, los planes y las jubilaciones, todo lo demás será motivo de revisión para el achicamiento. Para los estatales no habrá más aumento superior al exiguo 15%, cuando los economistas pronostican una inflación del 30% para fin de año, el kilo de asado ya vale $175, hay otro tarifazo en puerta y 8 de cada diez familias no llegan a fin de mes.

Pero pretender achicar en educación, es retroceder y volver a la prehistoria. A no ser que el modelo esté apuntando a tener una sociedad esclava, con mano de obra barata y sin ideas.

Ernesto Villanueva, rector de la Universidad Arturo Jauretche, con sede en Florencio Varela, sostiene que el Gobierno apuntaría a cerrar varias casas de altos estudios para bajar el gasto y cumplir con las imposiciones del FMI.

En contraste con los dichos de Vidal, un pormenorizado informe de la Universidad Pedagógica Nacional muestra que el 31 por ciento de los alumnos universitarios del Gran Buenos Aires pertenece al 40 por ciento más pobre de la sociedad. En 2015 eran 99 mil personas.

“¿Es equidad que hayamos poblado la provincia de universidades, cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega?”, se preguntó Vidal abriendo las puertas de la polémica.

Los números del sistema universitario desmienten de plano a la mandataria. De hecho, fue justamente con la puesta en marcha de esas casas de estudios en las últimas décadas que pudieron ingresar al sistema educativo superior, alumnos que son la primera generación de universitarios en sus familias.

Un ejemplo de ello, es el 94% de los estudiantes de la Universidad de la Matanza, que son los primeros en su familia en acceder a la educación superior.

¿ Y vienen a decir que nadie nacido en la pobreza llega a la Universidad? ¿Cuántas “nadie” y cuántos “nadie” cruzamos a diario la puerta de la Jauretche (Universidad Nacional de Florencio Varela), de la UNTREF (Universidad Nacional de Tres de Febrero), la de Avellaneda, Lomas, Lanús, San Martín, Moreno?, se preguntó el estudiante de cuarto año de Derecho Saúl Nieva, que vive en la Villa Maldonado de Ciudadela. El joven la respondió a la gobernadora en una carta abierta que tomó estado público en las últimas horas. Allí resalta que: “Los que crecimos en calles de tierra, con nuestros viejos que capaz no terminaron ni la primaria y nos llevaban a upa hasta una calle asfaltada para que llegáramos a la escuela con las zapatillas limpias, que conocimos el cine y las vacaciones ya entrada la adolescencia, que vimos a nuestra familia romperse el lomo para que lleguemos a la universidad, el mismo lomo que hoy nos rompemos nosotros, que llegamos a la universidad siendo nadie, estamos asombrados”.

Finalmente remata de la siguiente manera: “Hoy, con 27 años y en 4° año de la carrera, me he cruzado con infinidad de historias como la mía de pibes y pibas de Laferrere, Catán, Casanova, Merlo, Moreno. Son primera generación de hijos de obreros que llegan a la Universidad, entre los cuales hoy muchos ya se han recibido y pudieron cambiar la realidad en la que nacieron.Eso de tener universidades públicas y gratuitas por todos lados algunos lo llaman igualdad de oportunidades. Otros lo llaman populismo. Qué poco tacto tiene este gobierno para tirar esa frase sin ningún tipo de reparo, tapujo o vergüenza, ignorando mil historias de ascenso social y sacrificio”.

En este escenario, también hay que tomar nota de un estudio del Observatorio Educativo de la Universidad Pedagógica Nacional (Unipe) que da cuenta que entre 2008 y 2015 la representación de los dos quintiles de más bajos ingresos en la universidad pública creció ampliamente por sobre el promedio. La mirada de Vidal invisibiliza a más de 41 mil nuevos estudiantes del conurbano bonaerense provenientes de sectores populares.

El relevamiento del Observatorio Educativo de la Unipe pone en el centro de la escena tanto el exabrupto de la gobernadora como el que había expresado pocos años antes Mauricio Macri (“¿qué es esto de universidades por todos lados?”). El informe indica que, si bien los estudiantes que provienen de los sectores populares están subrepresentados en la matrícula universitaria, lejos se encuentran de no formar parte del sistema educativo superior e incluso su participación logró crecer en los últimos años.

Estos datos de la realidad surgen de la Encuesta Permanente de Hogares (Indec), donde se destaca que para 2015 en el Gran Buenos Aires el 31 por ciento del total de estudiantes universitarios pertenecía al 40 por ciento más pobre de la sociedad, con un total de 99 mil personas.

Además se apunta a que, si se observa el panorama a partir de 2008, cuando inicia la última oleada de creación de universidades nacionales en partidos del Gran Buenos Aires (las anteriores fueron en el interior), sobresalen tres fenómenos. Lo más destacado es que el total de personas que asisten creció un 39 por ciento entre 2008 y 2015. La matrícula tuvo un “significativo” aumento, que superó holgadamente el ritmo de crecimiento de la población argentina (menor al 2 por ciento anual).

Y si este crecimiento se mira dividiendo a la sociedad por quintiles de ingreso (en cinco grupos que contienen cada uno un 20 por ciento de la sociedad, siendo el quintil 5 el del 20 por ciento más rico y el quintil 1 el del 20 por ciento más pobre) se ve que ese incremento fue más intenso en los quintiles de ingresos más bajos.

El dato relevante que hay que ponderar, es que entre 2008 y 2015, la cantidad de estudiantes de orígen humilde en el total de inscriptos al sistema universitario creció un 47 por ciento para el quintil 1 y un 95 por ciento para el quintil 2. Eso significa más de 41 mil nuevos universitarios en el conurbano bonaerense provenientes de hogares de sectores populares. Como referencia, el quintil 2 representa a sectores clase media-baja, cuyos ingresos superan por poco la canasta básica.En el mismo lapso y en la misma región, los quintiles más altos, el 4 y el 5, crecieron un 28 y un 21 por ciento, respectivamente, en la matrícula universitaria.

Uno de los impactos más relevantes en la educación universitaria, es el efecto cascada que trajo la creación de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), en Florencio Varela. Allí tengo amigos que son profesores y con abnegación y orgullo, se cuelgan el cartel de pertenecer a una cantera generadora de futuros profesionales. Además ponen dinero de su bolsillo cuando faltan elementos y viven la euforia de estar sacando hasta ingenieros en petróleo, una materia prima fundamental para el futuro del país.Ellos me aseguraron que el origen social de los estudiantes de la UNAJ, creada en 2009 en su inmensa mayoría son hijos de antiguos trabajadores rurales, migrantes internos o de países limítrofes como Paraguay y Bolivia, además de obreros urbanos que, en muy buena medida, se iniciaron en el mundo del trabajo en la niñez y en el trabajo esclavo, mientras sus madres suelen ser amas de casa o empleadas domésticas.

Pero también hay que subrayar con resaltador que la política de creación de universidades no sólo es un yacimiento que hizo crecer la inclusión de los sectores bajos y medio-bajos a la universidad, sino también a todos los grupos sociales, incluidos los estratos más ricos. Según el estudio de la Unipe, en los quintiles 4 y 5 la cantidad de estudiantes se incrementó más del 20 por ciento. El informe indica que “esto probablemente expresa cómo la nueva oferta académica del territorio se transformó, no solo en una puerta de ingreso para nuevos sectores a la universidad, sino también en una oportunidad transversal para los distintos grupos sociales que eligen asistir a las universidades públicas”.

El pormenorizado trabajo finaliza subrayando que el sistema de educación superior cuenta con “gran vitalidad, con ofertas que se despliegan en sentido vertical (presencia de posgrados) y horizontal (tipos de carreras, diversidad de territorios) y con un dinamismo en la demanda que atraviesa a las distintas clases sociales”.

Además, pronostica que esa demanda probablemente siga en aumento por diversos factores “ya que, si bien las proyecciones de población no marcan un crecimiento demográfico futuro, tanto el desarrollo de la obligatoriedad del nivel secundario como las aspiraciones de movilidad social ascendente, la renovada demanda de calificaciones laborales, y el paradigma de educación para toda la vida seguirán perfilando crecientes niveles de acceso a la educación superior”.

La gobernadora debería tomar nota de los conceptos del sociólogo Leandro Bottinelli, uno de los autores del estudio. El profesional hace hincapié en que: “se pulveriza el mito que sostiene la idea de que la universidad pública es un simple subsidio del Estado a los más ricos, que serían los únicos que la usan. Pero las estadísticas demuestran lo contrario. Cada vez más jóvenes de otros estratos sociales acceden a las aulas. Por lo que es una inversión cada vez más progresiva para el futuro del país”.

La polémica está instalada con fuerza. Pero el futuro es incierto. Por lo menos hasta que se desmienta de manera contundente los rumores que invaden el complejo escenario.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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