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En los sectores de poder temen que Macri no pueda sobrevivir a la crisis

*Por Jorge Joury

En el mundo financiero existe el temor que el Presidente se quede sin resultados económicos para mostrar a los votantes sensibles en los bolsillos en las elecciones del 2019. Desde el exterior también se dispararon las alarmas por los violentos incidentes ocurridos en las últimas horas frente al Congreso de la Nación, donde se discutía el Presupuesto 2019, una de las llaves fundamentales del ajuste exigido por el FMI para desembolsar lo que resta del crédito.
Los fantasmas que perturban por estas horas el sueño reeleccionista del oficialismo son la recesión, la pérdida de poder de compra por la caída del salario, bajo empleo, la inflación imparable, las altas tasas de interés y la pobreza creciente. Este cuadro de situación ha impactado fuertemente en los niveles de aprobación de Macri, que bajaron a 26.2% en octubre, el menor registro desde que comenzó su administración.
La misma política monetaria también condiciona la llegada del crédito a las familias y, con ello se restringe la capacidad de consumo de bienes durables. Si los salarios continúan en picada y el empleo no mejora, difícilmente se pueda observar en los primeros meses del año próximo un derrame en la economía que vuelva a despertar esperanzas en el electorado de Cambiemos.
El principal adversario del Gobierno no es el peronismo, sino la realidad. La situación económica del país es muy grave y parece irremontable, por lo menos, en el corto y mediano plazo. Tal como se desprende del proyecto de Presupuesto 2019, se deben destinar $1.100.000 por minuto para el pago de intereses de la deuda externa y unos $1.600 millones por día. Esto representa en todo el año el equivalente a 69 millones de jubilaciones mínimas, casi 56 millones salarios mínimos y la construcción de por lo menos 20 mil jardines de infantes que ya no se harán. La gran duda que hoy existe en los mercados internacionales es cómo termina este dispositivo financiero, de la flotación entre bandas cambiarias con supertasas de interés que en nada se parece a un plan económico.
Si bien el financiamiento del FMI permitirá el pago de una buena parte de los vencimientos de 2019, en 2020 aparece un “agujero negro” de financiamiento que va a incidir más bien rápido que tarde en los mercados porque en breve hay que refinanciar deuda pública. Y tales refinanciaciones comenzarían a vencer en 2020. La pregunta del millón es: ¿Quién se arriesgará a prestarle al Estado argentino con vencimientos que van más allá de 2019 si se sabe que sólo quedarían u$s 7.000 millones del FMI de financiamiento para ese año? Y para colmo las fechas de repago de estos u$s 57.000 millones que el Fondo presta empiezan a caer en 2021 y no aparece en el horizonte nada de crédito a largo plazo.
La combinación de una recesión extendida y elevadas tasas de interés no solo le pone un techo a las paritarias, sino también al aumento en el empleo, lo que deja al Gobierno con poco margen para intentar maniobrar con un poco de populismo electoralista.
PREOCUPACION EN DOS INDUSTRIAS TESTIGO
También en el mundo laboral existe marcada preocupación en dos de los principales motores de la economía, como lo son la construcción y el rubro automotriz. En el primero la evaluación que se hace que en el último trimestre del año y el primero del próximo, es que se perderán entre 50 mil y 60 mil puestos de trabajo. Los datos disparan las alarmas, ya que desde abril pasado, cuando empezó la corrida cambiaria, todos los meses disminuyeron los permisos de edificación concedidos en 60 municipios de todo el país. Según el relevamiento del Indec, las bajas oscilaron entre el 13 y el 20 por ciento en la comparación interanual. Los permisos de edificación privada constituyen un importante indicador de las intenciones de construcción por parte de los particulares, anticipando la futura evolución del sector.
Otra industria testigo es la automotriz que atraviesa un derrumbe de la demanda interna por el efecto combinado de una aceleración de precios y el impedimento de terminales y concesionarias de asistir a los compradores con créditos razonables. El achicamiento de las ventas contrajo las estimaciones de producción para el año a 483 mil unidades, con un avance del 2 por ciento respecto de 2017, cuando en enero la perspectiva de las automotrices era llegar a las 565 mil, 20% más que el año anterior. Esa situación derivó en la suspensión de operarios en la mayoría de las fábricas de vehículos. Para 2019, a esta altura, trabajan con la hipótesis de una caída de producción del 3%, hasta las 470 mil unidades. Por lo tanto no hay planes de recuperación de puestos sino más bien lo contrario. Las terminales emplearon en 2017 un total de 29.063 trabajadores en forma directa. En 2015 eran 30.137 y en 2013, cuando se alcanzó un pico de producción de 791 mil unidades, fueron 35.426. Es decir que el declive en materia de ocupación que ha provocado Cambiemos en esta industria se acentuaría el próximo año. En buena medida las proyecciones dependen de la evolución del mercado brasileño, principal destino de exportación de los vehículos nacionales, lo cual por ahora es una gran incógnita porque las empresas desconocen qué hará Jair Bolsonaro en caso de imponerse en los comicios, como la mayoría supone.
Detrás de las terminales, los problemas se multiplican en el sector que genera más actividad y empleo en la cadena automotriz: los proveedores de autopartes. “Desde diciembre a fines de febrero serán meses muy difíciles porque prácticamente no habrá facturación. Lo habitual en la industria son paradas a lo largo de un mes, pero la indicación que tenemos de las terminales es que el próximo verano serán más de dos meses con muy poco trabajo”, coinciden la mayoría de los empresarios de este mercado. “Es una complicación grave por los costos financieros que hay que seguir afrontando, con tasas de interés que superan el 80 por ciento en los adelantos en cuenta corriente”, advierten. Entre las autopartistas hay empresas de un amplio abanico de rubros y el 75 por ciento de ellas son pymes. Las hay de los sectores del plástico, caucho, metalúrgico, textil, del vidrio y químico, entre otros. La capacidad de absorción de las presiones de costos con escasa facturación es limitada para numerosas empresas. Entre las autopartistas también crecen las suspensiones, los planes de retiro voluntario y la no incorporación de personal frente a jubilaciones u otras bajas. En conjunto los proveedores de las automotrices emplean a 55 mil trabajadores.
EL SINUOSO CAMINO DEL OFICIALISMO
En agosto próximo empieza el calendario electoral presidencial y el clima político podría enrarecerse ante las dificultades del oficialismo por mostrar buenos resultados en las encuestas y una ofensiva de la oposición por ganar terreno. También la presunción de los observadores es que la calle se calentará ante la posibilidad cierta de mayor conflictividad social.
Frente a este escenario, a nivel internacional existe el temor que la actual situación pueda tener un alto costo para Mauricio Macri cuando busque su reelección en 2019. La presunción emerge del panorama recesivo actual, con tasas de interés del 73%, una inflación anual que podría alcanzar el 50% y una economía que se contraerá 2.6%, en parte gracias al ajuste fiscal y monetario al que se compromete el gobierno por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Esta radiografía ha impactado fuertemente en los niveles de aprobación de Macri, que bajaron a 26.2 por ciento en octubre, el menor registro desde que comenzó su administración, de acuerdo con el último informe de la consultora Sinopsis. El mercado está tomando nota de todo y analizando también con una lupa los pasos sigilosos del peronismo, además del acercamiento del camionero Hugo Moyano con Cristina Kirchner y la Iglesia.
La diferencia en el rendimiento que exigen los inversores para el bono de Argentina denominado en dólares que vence en abril de 2019, durante la presidencia de Macri, y el que habrá que afrontar dos años después, ya terminado su primer mandato, fue subiendo ante la preocupación de un cambio de gobierno.
“Tenemos un ciclo electoral el próximo año y el mercado preferiría la continuidad política”, alertó Siobhan Morden desde Nueva York, jefe de estrategia de renta fija en América Latina. “Necesitaríamos otro mandato de Macri para un mayor potencial de crecimiento y un superávit fiscal primario”, aclaró. El Presidente ya anunció públicamente que se prepara para la reelección en octubre de 2019, pero si los bolsillos de la gente no mejoran, difícilmente la Casa Rosada pueda remontar las esperanzas de volver a bailar entre globos de colores.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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