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¡A cantarle al G-20!

*Por Jorge Joury

¿Es importante para el bolsillo de los argentinos el G20?. Parece poco probable que el mega evento internacional venga a acercarle a Macri una fórmula mágica para lograr la pobreza cero que prometió durante su campaña electoral. Menos, para solucionar la inflación, ni producir la llegada de los brotes verdes, como generar tampoco una burbuja imponente de trabajo genuino o disipar el siempre peligroso riesgo de quedar en default, si la economía no florece. Los únicos que si mejorarán, serán los ingresos por hotelería y gastronomía que alcanzará los $ 228 millones, según informó la Federación de Comercio e Industria de la ciudad de Buenos Aires (Fecoba).

El rubro hotelería facturará aproximadamente $ 200 millones, mientras que el sector restaurantes sumará $ 28 millones adicionales.
Hay que tener en cuenta que las delegaciones que lleguen a Buenos Aires para la Cumbre del G20 tendrán un mayor poder adquisitivo a la hora de gastar sus dólares.

Para el común de la gente, el G20 puede representar un motivo de sorpresa por la opulencia del despliegue, los autos lujosos, los aviones imponentes, las vestimentas de las personalidades extranjeras, el monumental operativo de seguridad compuesto por 22 mil agentes de fuerzas federales y tres mil militares o “La bestia”, el vehículo blindado y a prueba de explosivos de alto poder que utiliza el presidente norteamericano Donald Trump para movilizarse.

Lo que es real, que nunca antes hubo en nuestro territorio tantos poderosos juntos. Ni semejante despliegue de fuerzas de seguridad: Buenos Aires se encuentra poco menos que amurallada hasta en el espacio aéreo y los vecinos como una suerte de rehenes, salvo que sigan el consejo de la ministra Patricia Bullrich y se vayan.

Vivimos dos días en que hay que poner los pies sobre la tierra, ya que no dejaremos de estar en los arrabales del mundo. No obstante, vamos a sentir que sacamos chapa de país del primer mundo.

Las verdaderas estrellas son como siempre, los jefes de las grandes potencias, sobre todo de Estados Unidos y China. Y sobre todo porque están envueltos en una guerra comercial que tiene al universo bailando alrededor de ellos. También hay una historia de misterios y sangre que acaba de colarse en el escenario. Tiene que ver con la figura de Mohamed bin Salmán, príncipe heredero y hombre fuerte de Arabia Saudita. Este personaje de tupida barba, tiene 33 años y maneja una cantidad de petróleo que mete miedo. Es un aliado clave de Trump en la pelea con Irán. Pero no es esa la razón de que todos pongamos los ojos en él. El motivo es una salvajada casi a la vista de todo el mundo, cuando tomó estado público que agentes secretos de su país torturaron, mataron y descuartizaron en el mismísimo consulado de Estambul a un periodista opositor.

Exiliado en los Estados Unidos, Jamal Khashoggi había ido a buscar documentos para casarse con su novia turca, que se quedó en la puerta y lo esperó hasta la madrugada. Khashoggi pertenecía a una familia de notables saudíes y había sido director de periódicos y de cadenas de TV. Toda su culpa fue criticar a Salmán.

Human Rights Watch, una organización defensora de los derechos humanos, lo denunció y pidió que lo metan preso. Por Khashoggi y por el genocidio en Yemen. ¿Qué hizo el juez Lijo?. Muy sencillo: esquivó esa papa caliente con las armas de la Justicia: pidió informes afuera y acá para precisar el carácter de los delitos, descartar que esté siendo buscado por la Justicia de otro país y chequear si Salmán cuenta con inmunidad diplomática. Salvo la última respuesta, el magistrado lo que hizo fue ganar tiempo, ya que las otras señales le llegarán cuando el Príncipe se haya marchado.

El G-20 es una caja de resonancia de los grandes temas de la agenda global pero pocas veces produce resultados concretos, porque existen desacuerdos muy fuertes. En definitiva, puede ser comparado con una suerte de recreo que se toman los líderes mundiales para salir por dos días del molde asfixiante de dificultades cotidianas.

Lo que nunca o casi nunca faltan en la historia de este evento, son las habituales protestas, en su mayoría violentas. Macri ruega al cielo que no las haya, menos después del dolor de cabeza de los oscuros vericuetos del River-Boca.

Lo concreto es que se firmará un documento final para cosechar resultados en los contactos bilaterales. Por el momento, la mini cumbre más importante que se perfila es la de Macri con Xi Jinping, el líder chino. Habrá que ver qué pasa con las compras a ese país oriental, el financiamiento de obras de infraestructura como la central nuclear y el otorgamiento de otro swap que engrose las reservas para alejarnos del default. Pocos están invirtiendo en la Argentina y el mensaje puede ser importante. Y marcaría que el país puede sostener buenas relaciones tanto con Pekín como con Washington.

Otra reunión clave es precisamente con Trump, reacio a que otros firmen convenios con China y capaz de manifestarlo. Dependerá de Macri que saque ventaja a esto.Por lo menos, hay un avance con la exportación de las carnes argentinasd al país del Norte. También importan los encuentros con los europeos: muchos razonan en función del Acuerdo Mercosur-Europa, que nunca termina de salir del pantano. No se sabrá qué piensa Bolsonaro: prefirió no venir con Temer.

Moraleja: cuando llegue el lunes nada habrá cambiado en la Argentina. El dólar seguirá su camino, la inflación y la pobreza, serán las mismas, el empleo no mejorará y el G20 solo será una anécdota para comprender que estamos muy lejos de esos paraísos que ostentan las naciones desarrolladas.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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