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Opinion

Recuerdos de película

Por Daniel Panaro

El tipo es un tipo como todos los tipos. Es decir, tiene (pocas) cosas distintas a los otros tipos (y tipas, lo pongo una vez como para señalar que no ignoro la corrección política, pero hasta ahí, porque si no los textos se ponen ilegibles) y (muchas) cosas en común con los otros tipos. Entre esas cosas en común figura la memoria y sus juegos. Se acuerda de poemas, cachos largos de obras de teatro, diálogos íntegros de películas en blanco y negro, pero no puede acordarse dónde dejó los anteojos de leer que recién los tenía en la mano, ni acordarse del nombre de su médico de cabecera desde hace diez años, ni acordarse qué decía la lista de cuatro pavadas que fue a comprar al chino de la otra cuadra. Del vino no se olvida nunca y del pan rallado siempre. Es un tipo típico, podríamos decir.

Por eso, con este cachindengue que se armó con Venezuela y Maduro (que se veía venir desde hace rato, digamosló) el tipo se puso a recordar otros cachindengues que se armaron en el pasado en nombre de la misma preocupación de los organismos internacionales y los países democráticos de la región (liderados siempre por el país quetejedi) por la democracia y la pobreza y la tiranía y las torturas y un montón de catástrofes más que están ocurriendo hoy en el país del joropo.

Se acordó del bombardeo de una Plaza de Mayo llena de tipos, tipas y tipitos por parte de la Aviación Militar Argentina en el 55.

Se acordó del desembarco de Bahía de Cochinos, financiado por la CIA a espaldas (dijeron después, pero andá a creerles) del presidente Kennedy.

Se acordó de que la OEA excluyó a Cuba y con eso facilitó el embargo (la prohibición de comerciar con Cuba) de todos los países democráticos (es un decir) que tuvo muchos efectos, menos mejorar la vida de los cubanos.

Se acordó del bombardeo al Palacio Presidencial La Moneda de Chile, con el presidente (que luego fue el cadáver del presidente) adentro y de los presos en el Estadio Nacional con Víctor Jara a la cabeza. Y de que Kissinger contó algunos años después con orgullo que fue obra de él todo ese cachindengue.

Se acordó del escándalo Irán-Contras (si no te acordás que es usá el puto google, como dicen los gallegos) y se acordó que el tipo que lo montó fue condenado en los Estados Unidos por ese delito, indultado por el presidente Bush y (hay que creer o reventar, como decía el tío Ugenio) hoy es el tipo del país quetejedi a cargo de la operación Maduro. Un tal Elliot Abrams. Recordalo.

Y podría seguir acordándose de lo hecho, pero para no aburrir (tanto) prefirió pasar a acordarse de lo no hecho, de los olvidos. Y se acordó de que los mismos organismos internacionales y los países democráticos de la región (liderados siempre por el país quetejedi) preocupados por la democracia y la pobreza y la tiranía y las torturas y un montón de catástrofes se olvidaron de hacer algo con las dictaduras de Rojas Pinilla, de Duvalier, de Castello Branco, de Pinochet, de Rojas-Aramburu, de Onganía-Levingston-Lanusse, de Videla, de Bordaberry, y de tantos otros junigranputi que asolaron nuestras tierras todo lo que se les dio la gana mientras los países democráticos de la región (liderados siempre por el país quetejedi) preocupados por la democracia y la pobreza y la tiranía y las torturas y un montón de catástrofes se hacían olímpicamente los dolobus. Como se hicieron los dolobus frente al racismo galopante que imperaba en el país quetejedi al mismo tiempo que los soldados del país quetejedi repartían chocolate por Italia y le enseñaban al mundo cómo ser democrático. Porque el racismo es (no era, es) un problema interno del país quetejedi y no está bien andar metiéndose en los temas internos de los países. Y, para no aburrir (tanto) como se siguen haciendo los dolobus hoy frente a la horrible miseria que azota Haití desde hace siglos. Y a Honduras. Y a El Salvador (de esa zona sólo les preocupa Nicaragua). Y, para decirlo corto, callándose frente a los problemas reales que tiene la enorme mayoría de la gente de América Latina y África, por hablar sólo de este lado del mundo.

Es decir, el tipo tiene en la memoria (aunque quizás teniéndolo en el olvido viviría más feliz, pero quevacer) un montón de películas donde pasó lo que va a pasar en Venezuela (porque el tipo cree que va a pasar) y se pone a escribir, no porque crea que escribiendo va a hacer que lo que va a pasar no pase, sino para sacarse de encima el mal gusto de boca que deja quedarse callado. Se pone a escribir decía, que esta película ya la vio muchas veces (en blanco y negro, en colores y en 3D con anteojitos), que se acuerda de muchas de las escenas como si fueran hoy y no le gusta, ni le gustó ni le gustará. Sobre todo el final.

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