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Opinion

Una alianza posible entre Universidad y empresas

Hay vínculos promisorios entre la labor científica y el desarrollo tecnológico-productivo del país

El valor promedio, por kilogramo, de las exportaciones argentinas es menor a US$ 1. El valor de la “eritropoyetina humana recombinante” es de US$ 80.000 por gramo (doce mil cuatrocientas veces más que un gramo de oro). La eritropoyetina es un medicamento desarrollado por la ingeniería genética que se produce en la Argentina y se utiliza en tratamientos de pacientes con cáncer y enfermos renales crónicos.

Se trata de una hormona que revierte las anemias producidas por enfermedad renal o por cito-toxicidad de los tratamientos quimioterapéuticos. Sin duda, la comparación mencionada para comenzar esta nota tiene un valor ilustrativo, pero, ¿de qué otra manera podría ejemplificarse el valor agregado que implica la tecnología vinculada a la producción?
En 1992 un grupo de científicos fundó una empresa que firmó un convenio de cooperación con la Universidad Nacional del Litoral. Ello permitió, entre otras cosas, la repatriación de dos científicos argentinos formados en Alemania en las más modernas técnicas de proceso de cultivo masivo de células animales en biorreactores, tecnología imprescindible para producir una gama de productos derivados de la ingeniería genética, entre los que se encuentra la eritropoyetina.

Este es un ejemplo inverso a los que estamos acostumbrados, es decir: científicos que regresan al país, invitados por colegas y empresarios que conocen el mercado, además de la excelencia, de los recursos científicos argentinos. En ese contexto, profesionales formados en el exterior transfieren innovaciones productivas que rinden beneficios positivos y generan niveles de competitividad internacionales.

Evidentemente y a juzgar por los resultados, una empresa tecnológica, que exporta el 85% de su producción y ocupa a 24 personas —21 profesionales— no es un fenómeno casual o espontáneo. Se trata, por el contrario, del fruto del esfuerzo y la capacidad de sus mentores que pudieron armonizar y coordinar las diversas variables, no sólo referidas a los aspectos tecnológicos, sino fundamentalmente al gerenciamiento del proyecto innovador. Ahora bien, ¿cómo aprovechamos este ejemplo?, ¿cómo aprendemos de las acciones desempeñadas por cada uno de los actores? El rol para destacar en primer lugar es el desempeñado por el Estado en políticas de vinculación, en este caso, el apoyo puntual otorgado fue un crédito para la promoción tecnológica de la Secretaría para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva en el marco de la ley 23.877.

Otra función que debe desempeñarse con el máximo celo, si se pretende el éxito de un proyecto de producción tecnológica, es el gerenciamiento por parte de un equipo de trabajo coordinado, capaz de contrapesar y exponer todas las variables en juego para ejecutar el proyecto, teniendo en cuenta, como en este caso, la solidez de la investigación, la acertada evaluación del momento histórico y la disposición de una Universidad, no sólo para generar profesionales para un mercado de trabajo que demanda, sino también que participe en la creación de empresas demandantes de los mismos profesionales que forma.

En definitiva, para una adecuada vinculación entre la ciencia y la producción debe realizarse un ejercicio de equilibrio, manejando autoridad limitada pero responsabilidad total, relaciones múltiples externas e internas, insumos para el proyecto, conceptos y técnicas, y estructura organizativa. Además, el gerente del proyecto debe ser un generalista que valora el conocimiento de las diversas áreas de la tecnología y maneja el entorno político del proyecto.

Hacia una reindustrialización

El licenciado Marcelo Daelli, quien fue vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET, expresó en oportunidad de la presentación de esta empresa incubada en el seno de la Universidad Nacional del Litoral: “Vincular el conocimiento con la producción es una herramienta imprescindible para atacar uno de los principales problemas que tiene la economía argentina en este momento: su falta de competitividad.”

Quienes confiamos en la vinculación del sistema público de ciencia y tecnología, apostamos a un gerenciamiento de proyectos productivos tecnológicos con el apoyo del Estado, generando e implementando políticas que sustenten adecuadamente el aprovechamiento máximo de los recursos científicos y tecnológicos argentinos. Un ejemplo valioso lo constituye el Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR), cuyo aporte “homeopático” a proyectos tecnológicos debería multiplicarse exponencialmente en una política de Estado que promueva la reindustrialización de la Argentina.

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