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Estiman que las mediciones de la pobreza andarán entre 32 y 33%

En un reconocimiento indirecto de la gravedad de la crisis para los más vulnerables, el Gobierno activó la cláusula del acuerdo con el FMI que permite expandir el gasto social y aumentó 46% la AUH en marzo. Sin embargo, contra las pretensiones del oficialismo y del Fondo, diversos analistas advierten que la medida no implicaría una mejora del índice de pobreza en la previa de las elecciones; por el deterioro del salario y el empleo, el dato del primer semestre, que se conocerá recién en septiembre, se mantendría en el peor nivel de la era Cambiemos, en torno al 32%.

El alza de la AUH de $1.800 a $2.650 fue la única decisión concreta anunciada por Mauricio Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso con vistas a contener, en el inicio de la campaña presidencial, una realidad social en pleno deterioro producto de la destrucción de puestos de trabajo, la pérdida de poder adquisitivo, y la reaceleración de los precios. La medida, que alcanzará a cerca de 4 millones de niños de hogares no insertos en el mercado de trabajo formal, frenará el crecimiento de la indigencia y le dará algo de oxígeno a las familias de menores recursos pero lejos estará de sacarlas de la pobreza.

“La AUH pega más que nada en indigencia y algo en el margen en pobreza. En general el grueso de la dinámica de pobreza se explica por lo que ocurre en el mercado laboral”, explicó el especialista Daniel Schteingart.

Ante una inflación que no ceja y una actividad que no levanta, las perspectivas en el mercado laboral formal no son buenas. Tras el derrumbe del 12,1% del salario real en 2018 y la caída del 2,1% en el empleo privado, según el Indec y el SIPA, respectivamente, las consultoras proyectan un primer semestre con números negativos y, en el mejor de los casos, un leve rebote en la segunda mitad.

Un informe de Ecolatina estimó que los salarios recién volverán a terreno positivo “en la víspera de las elecciones presidenciales” pero ese rebote “será parcial” y “el salario real promedio del sector registrado caería cerca de 4%, encadenando dos años consecutivos de contracción por primera vez desde 2001-2002”. En el empleo, “la medición interanual podría mostrar números positivos recién a fines de año y en ningún momento se recuperaría lo perdido en 2018”.

El Ejecutivo también anunció la semana pasada el adelanto de la suba del salario mínimo previsto para junio a marzo, que lo llevó a $12.500. Pese a la suba, no llega a cubrir ni la mitad de la canasta básica total (línea de pobreza), que el Indec ubicó en $26.442 en enero, último dato disponible, para una familia tipo.

Con todo, la reaceleración inflacionaria de comienzos de año afectará más a los sectores de menores recursos. Los tarifazos en servicios esenciales son el principal motor de la suba de precios. Además, Consumidores Libres midió un alza del 4,6% en los alimentos en febrero, que acumula 7,6% en el año.

En ese marco, Schteingart espera que el dato de pobreza del primer semestre sea similar al de la segunda mitad de 2018, cuando se habría ubicado en 32-33% según el IET (el dato oficial se conocerá el 28 de este mes). “El pico seguramente sea el semestre móvil octubre-marzo y probablemente habrá una baja leve en el segundo trimestre”, agregó el analista. Una baja que no alcanzará a moderar el indicador el primer indicador de 2019 que el Indec publicará en septiembre, entre las PASO y la primera vuelta.

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