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Opinion

El día que Macri estuvo al borde del nocaut frente a un trabajador

*Por Jorge Joury

El Gobierno volvió a entrar en terreno cenagoso.Justo, en un año electoral como este, donde se juega la reelección del Presidente. El dólar esta semana tocó timbre al pisar los $44 y hay consultoras que a este ritmo anticipan una inflación anual del 40%. Los operadores coinciden en que el Gobierno está obligado a hacer algo, y pronto, para que la situación no se torne incontrolable y con graves consecuencias. También plantean que para darle batalla a esta corrida, el oficialismo cuenta con mecanismos de muy baja potencia. Está encadenado por el Fondo Monetario Internacional para salir a la arena y dar la pelea con verdaderas armas de guerra. El economista Guillermo Nielsen, lo comparó con “un bombero con una manguera por donde salen solo tasas de interés”. Y con eso no se puede apagar el fuego. Si alguien todavía no estaba convencido, lo sucedido en los últimos días termina de poner en claro que el diseño de política monetaria anunciado a fines de setiembre de 2018, tras el segundo acuerdo con el Fondo Monetario, es ineficaz para alcanzar alguna estabilidad sostenible. Hasta el propio Fondo lo sabe y ha hecho público en las últimas horas que seguirá apoyando al país “aunque haya cambios políticos”. Es la primera vez que el organismo internacional paladea que la reelección de Macri puede terminar en una utopía.
Una prueba de ello es el riesgo país, que volvió a subir hasta los 783 puntos. En esa dirección, la revista norteamericana Forbes, especializada en finanzas y negocios, lanzó un alarmante título: “la Argentina está a un paso del colapso económico”.
Según el informe, la situación del país se agrava “debido a la fuga de capitales”, a la vez que “empresas como Coca Cola piden un procedimiento preventivo de crisis”. También citó otros casos como los de Carrefour y Avianca.”La situación económica de Argentina se puede explicar por su nivel de endeudamiento, que aumentó 20 puntos porcentuales del PBI entre 2017 y el segundo trimestre de 2018, alcanzando una deuda pública de 77.4% del PBI”, señaló.
De acuerdo a la nota, entre diciembre de 2015 y marzo de 2017 se perdieron 3.198 empresas en Argentina; es decir, siete por día, de acuerdo con datos de la AFIP. Entre ellas, el cierre de Metalpar en Loma Hermosa fue un cachetazo para mundo de los negocios. La filial local de la carrocera brasileña Marcopolo no solo arrastró al patíbulo a sus 600 empleados directos sino que dejó también en jaque los puestos de otros 1.500 que la abastecían de piezas mecánicas, ventanillas, luces, asientos y demás componentes. Su mayor impacto, sin embargo, no fue económico sino simbólico: lo que colapsó en esos galpones llenos de máquinas y rodeados de villas de emergencia fue la única planta capaz de producir ómnibus a la velocidad y escala necesarias como para abastecer a las empresas de transporte público urbano. Todo eso, además, en el país que se jacta de haber inventado el colectivo. Y en las últimas se sumó Garbarino al muro de los lamentos, al anunciar que solo puede pagar el 50% de los sueldos de sus empleados por la caída en las ventas.
Frente a este cuadro desolador en la era del hielo, hay una sociedad afligida por la receta económica de un gobierno que ya lleva más de tres años y no encuentra la salida del túnel. Las calles se calientan con las protestas y los ruidazos contra la suba de tarifas. La bronca hasta se palpa en los almacenes de barrio, donde las amas de casa hacen magia para estirar el dinero.

EL ¡HAGAN ALGO! QUE SACUDIO AL PRESIDENTE
Pero aún no se han acallado los ecos del ¡Hagan algo!. Conviene hacer una lectura fina sobre ese clamor desesperado y desgarrador que provino de un hombre sencillo, que ya no llega a fin de mes como miles de argentinos. Un obrero de la construcción con casco llamado Dante, que inesperadamente se le apareció al Presidente y lo sacudió como una figura espectral. Su breve requerimiento no pudo dejar de ser oído por Macri, que sin respuesta, instintivamente lo abrazó como hacen los boxeadores esperando el sonido de la campana para terminar el round.
Dante, con una honestidad brutal, dijo estar entre los que habían votado al jefe de Estado, pero lo interpeló, le demandó, casi le rogó: “Haga algo ahora, que estamos cada vez peor”.
Como es habitual, los voceros presidenciales, fieles negadores de la realidad, optaron por encontrarle aspectos positivos al episodio. “Quedó demostrado que a Macri no lo ven como un presidente inaccesible y que hay libertad absoluta para expresarse sin temor a represalias. Mauricio lo escuchó, lo abrazó y todo terminó con un aplauso”, dijeron.
Esa es la parte que encontraron los asesores para hacer contención de daños. Es posible que los acompañantes de Macri se hubieran retirado junto con el Presidente antes de que los reclamos terminaran y no vieran esos últimos segundos en los que un Dante casi derrotado se retiraba repitiendo: “Hagan algo, la concha de mi hermana”.

EL DESAFIO DE CAMINAR POR LA SELVA OSCURA
Días después, frente a este espisodio que se viralizó por las redes sociales, todos nos preguntamos :¿Fue una expresión aislada o minoritaria?. Si la realidad aporta datos para preocuparse por el reclamo, el nombre del mensajero debería sumar resonancias inquietantes para la Casa Rosada
Rememorando el comienzo de la “Divina Comedia”, el homónimo del albañil dice, casi con desesperación o desesperanza: “En medio del camino de la vida, errante me encontré por selva oscura, en que la recta vía era perdida”. En el tramo final del camino que emprendió en 2015, al Gobierno le llegó la intimación de demostrar que el futuro, como pronostican sus opositores, no será el infierno de Dante.
La mayoría de los encuestadores coinciden en que la del obrero de la construcción no se trata de una situación individual. Es la expresión de que el humor promedio de los argentinos pasa por su peor momento. Al Gobierno se le agotó el color esperanza. Y lo que va en aumento es el malestar por la situación económica y los reclamos como los de Dante, que se escuchan en la mayoría de los hogares donde el dinero no alcanza.
Mientras tanto, las elecciones primarias están a la vuelta de la esquina y las encuestas comenzaron a calentar motores. Un sondeo elaborado por la consultora de Ricardo Rouvier, reveló que un alto porcentaje del electorado votaría por un cambio el próximo 11 de agosto. De acuerdo al informe, el 65,4% de los consultados aseguraron que prefieren un nuevo gobierno a partir del 10 de diciembre, mientras que apenas un 27,9% apostarían a una nueva gestión del presidente Mauricio Macri.
Queda claro, que este ajuste muestra por los poros su costado clasista: del otro lado del sufrimiento de trabajadores, jubilados y miles de nuevos desocupados, están los grandes ganadores. Los que estuvieron “de fiesta” durante el 2018: el sector financiero, que hicieron ganancias récord ese año y, junto con los acreedores externos, obtuvieron tasas de retorno superiores a las de prácticamente cualquier país del mundo.
Que el protagonista del reclamo haya sido un obrero de una empresa de la construcción como Dante, vinculada a proyectos estatales no tiene nada de casual y sí mucho de causalidad. Los recortes de gastos del Estado para reducir el déficit también tienen sus consecuencias en las obras y en el empleo.

LA PELIGROSA AMNESIA DE LA CASA ROSADA
En el Ministerio de la Producción admiten que los sectores más golpeados por la inflación, con la suba de tarifas en el tope de la tabla de los gastos, son los de ingresos medios y medios bajos, principalmente del segmento formal. Los datos sobre el consumo lo confirman. No solo la cima de la pirámide es la que sostiene, como es habitual y previsible, su nivel de gastos. También en la base se registra un impacto menor que en los sectores medios, porque la asistencia estatal se mantuvo y no se ha deteriorado tanto respecto de la inflación. De todas maneras, este último sigue siendo el grupo más reactivo al Gobierno.
Sin embargo, en el núcleo duro del PRO se observa una peligrosa amnesia, que coarta cualquier posibilidad de reacción inmediata en un año electoral como este. Cuando Macri finalizó el discurso en el Congreso y en un acto de honestidad bruta, el cerebro de la coalición gobernante, Marcos Peña, afirmó: “Mauricio la rompió”. Efectivamente: el Presidente la destrozó y la dejó hilachas. Y además, cerró a futuro cualquier posibilidad de diálogo con la oposición, algo extremadamente peligroso para una coalición que gobierna en minoría.
La estrategia discursiva es clara: los que no voten a Cambiemos en 2019 van a ser cómplices de la corrupción. Un desafío inédito para una sociedad complicada y aturdida por los efectos de la crisis.

DURMIENDO CON EL ENEMIGO

Hoy el peor enemigo de Macri es su programa económico. La prueba más palpable es una profunda recesión de la cual el Indec da cuenta mes a mes con sectores económicos completos al borde de su desaparición como los que hemos mencionado al comienzo del comentario. Apenas dos datos del último informe del instituto indican que en el sector automotor funciona solo al 25,6% de su capacidad instalada, y el textil, compuesto principalmente por pymes y talleres (con mucha informalidad), está utilizando apenas un 32,3% de su capacidad instalada.
Lo peor, sin embargo,es lo que está por venir. Será después de 2020 cuando ya no haya entrada de dinero del FMI y, por el contrario, el drama aparecerá cuando llegue la hora de devolver parte de lo que se debe. Que se sumará a la bola de nieve del resto de los vencimientos que generan y autogeneran una deuda que, sumada la nacional, las provinciales y la del Banco Central, supera largamente los 400.000 millones de dólares. Representa más del 60% del PBI. ¿Vamos bien, entonces como asegura Macri?.
Hay economistas que señalan que todo el ajuste de 2018 y el que se está empezando a desarrollar en 2019 nos conducirán a crisis como las que ya vimos en la historia argentina, en la hiperinflación de 1989, o en 2001, por citar los dos ejemplos más recientes.Si queremos salir del pozo, habrá que volcar todos los recursos a un programa que atienda las urgentes necesidades de trabajo, recomposición salarial, educación, salud y vivienda.

POR EL CAMINO DEL PESIMISMO
Frente a este cuadro de situación, para la mayoría de los argentinos, los indicadores que muestran la mala performance de la economía no son fríos números. Las encuestas de opinión no dejan lugar a dudas: el deterioro en las estadísticas tiene su correlato en el más subjetivo, pero muy detectable, humor social.
Las sensaciones dominantes son “incertidumbre, frustración y orfandad”, afirma Eduardo Fidanza, director de la consultora Poliarquía. Federico Aurelio, de Aresco, va más allá al sostener que: “Hay mucha desazón. La gente está muy cansada. La valoración sobre el presente es muy mala y las expectativas sobre el futuro económico inmediato son negativas”. Pablo Knopoff, de Isonomía agregó que ” existe un pesimismo general, que se manifiesta en preocupación, dolor y angustia “.
Frente a esta descarnada postal de la realidad, la pregunta es cuánto pesará la economía en el momento de decidir el voto. El politólogo Aurelio considera que tendrá carácter decisivo para un porcentaje mayoritario de sufragantes. Por eso, le asigna altas posibilidades a una eventual candidatura del ex ministro Roberto Lavagna, si es que lograra amalgamar sus diversas exigencias.
Knopoff y Fidanza prefieren la cautela. La segmentación social y las motivaciones para elegir a uno u otro candidato todavía no permiten vislumbrar tendencias firmes ni motivos únicos. El miedo a un 2001 lo consideran lejos, aunque en los focus groups empiecen a aflorar temores a ese fantasma.

LOS FUTUROS NUMEROS DE LA POBREZA ASUSTAN
En la Casa Rosada ven otra película. Admiten que “es cierto que hay muchos, incluso entre nuestros votantes, que están preocupados, angustiados y hasta decepcionados o enojados. Pero esos sentimientos negativos no son tan duros, como los de los que no quieren a Cristina . A nosotros no nos odian. El problema es que suelen subestimar a nuestro núcleo duro de adherentes y sobrestiman al de los que nos rechazan”, sostienen.
Sobre la base de las previsiones y proyecciones que les llegan de Hacienda y de Producción, las primeras espadas macristas mantienen, además, la confianza en que la economía no empeorará y tendrá leves repuntes a partir de junio, que, aunque no sean percibidos mayoritariamente, pueden mejorar las expectativas y, en consecuencia, el humor social.
No obstante, a fin de mes el Gobierno espera malas noticias. Será cuando el Indec difunda los datos de la pobreza y la indigencia del último tramo del 2018. Para Claudio Lozano, coordinador del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), “en el marco de la corrida cambiaria y el derrumbe económico, la pobreza saltó del 25% de finales de 2017 al 32% a finales del 2018. Eso implica que se agregaron tres millones de personas a la pobreza en el último año”. De 11 millones, escaló a 14 millones en un año”.
Para la economista de FIEL, Nuria Susmel tampoco hay grandes expectativas para este primer semestre: “la inflación no cede. Los alimentos están volando y eso es lo que pega en los niveles de indigencia. En cuanto a la AUH, no es todo el ingreso de los pobres, y el empleo está cayendo, lo cual tampoco ayuda”. Sobre los datos del cierre de 2018, coincidió con sus colegas en que la pobreza se ubicará entre 30 y 33%.

EL TEMOR AL REGRESO DEL FANTASMA VERDE
No obstante, los especialistas coinciden en que este va a ser un año de mucho estrés con el dólar y eso mantendrá en vilo a la sociedad y a la economía. Las fuerzas del mercado ya han comenzado a presionar sobre el tipo de cambio, aprovechando la fragilidad del país y la incertidumbre habitual cada vez que hay elecciones. Argentina va a tener que cuidar las reservas, que parecen muchas, pero se pueden esfumar en unas pocas corridas. Y sería terrible. Por eso, la probabilidad que el dólar escale es muy alta.
Existen otros focos de presión. La inflación en 2019 es posible que ronde el 40% .Hay especialistas que sostienen que mantener una competitividad cambiaria similar a la que había a fines del año pasado, en diciembre próximo el dólar debería estar en $54. ¿Cómo evitar desenlaces catastróficos, entonces? La punta del ovillo es reducir el costo de producción de las empresas, aumentar el poder adquisitivo de las familias y reducir el costo del financiamiento. Para eso Macri deberá barajar y dar de vuelta. Pedir permiso para apartarse por un tiempo de las recetas del FMI. Acercar un poco de oxígeno a la sociedad, sin nuevos tarifazos y apostar a la productividad, para devolver en parte el optimismo. Sin eso, el 2019 se le presenta espinoso y será difícil que la ciudadanía le renueve el crédito en octubre. El ¡Hagan algo! de Dante, debe leerse como un llamado de atención.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com.

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