A la danza de arrepentidos de la plata sucia se sumó el primo del Presidente

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*Por Jorge Joury

Los choferes de los empresarios y los funcionarios, siempre saben todo lo que pasa en el mundo íntimo de sus jefes. Manejan, escuchan las conversaciones por los celulares y además son confidentes de historias de vida. Les hacen los mandados, llevan a sus mujeres a las modistas y en algunos casos, son hasta testaferros de sus bienes. Conocen de amantes, de hogares paralelos, de amores clandestinos y de intrigas. Todo lo captan o se los cuentan como parte de una terapia, en ese habitáculo rodante que comparten a diario. El Gloriagate, aunque Oscar Centenro declaró haber quemado los cuadernos, tiene parte de esos ingredientes. El remisero no solo ratificó el contenido de los escritos, sino que amplio con lujo de detalles la operatoria de la plata sucia y señaló puntillosamente a los principales valijeros de la historia, que ya no saben como escapar al largo brazo de la justicia.

Por estas horas, el juez Bonadío está evaluando los datos que va recopilando a partir de las declaraciones de Centeno y del empresario Juan Carlos De Goycoechea, los primeros dos arrepentidos de un escándalo que empezó a insinuar el comienzo de una catarata de otros colaboradores con la causa. Todo a cambio de una pena más atenuada. En esa dirección y de manera sorpresiva, en las últimas horas el primo del presidente Mauricio Macri, Ángelo Calcaterra, se presentó en los Tribunales de Comodoro Py para declarar ante el juez Claudio Bonadio y sumó a la lista de “arrepentidos”.

Hay que señalar que con Macri en la política, Calcaterra quedó como dueño de la empresa IECSA, que pertenecía al holding familiar hasta que fue vendida en marzo de 2017 a Marcelo Mindlin. Al frente de las operaciones se encontraba Javier Sánchez Caballero, actualmente detenido acusado de haber pagado coimas a ex funcionarios nacionales. Calcaterra era considerado “el príncipe de la obra pública”. Todos aseguran que era el elegido de Franco Macri. La actitud del primo Angelo imprime un giro inesperado al expediente judicial, que se extenderá al mundo empresario y la política argentina, con consecuencias que son imposibles de predecir.

LA CONFIRMACION DE PAGOS PARA LA CAMPAÑA

La presentación de Calcaterra fue voluntaria y en calidad de imputado en la causa. Tras declarar se sumó a la lista de “arrepentidos” y se reitró de Tribunales. Mientras que ya hay 17 aprendidos y un prófugo. En su testimonio confirmó los pagos, aunque dijo que fueron “para la campaña” a pedido de los ex funcionarios. Según trascendió, Sánchez Caballero también se acogió a la figura del “arrepentido” luego de haber reconocido los pagos a ex funcionarios en el mismo sentido que Calcaterra.

Con Sánchez Caballero y Calcaterra como “arrepentidos” ya son cuatro los que se acogen a ese régimen. Uno es Oscar Centeno, el exchofer cuyas anotaciones en ocho cuadernos destaparon la trama de pago de sobornos a exfuncionarios kirchnerista por parte de empresarios de la obra pública. El otro es Juan Carlos de Goycoechea, extitular de la firma Isolux.

En los despachos de Comodoro Py nadie se sorprenderá si se disparan las citaciones para directivos de Roggio, Super Cemento, Techint y alguna más para algún otro hombre de Iecsa, la constructora que perteneció a la familia Macri y por la que ya está detenido Héctor Javier Sánchez Caballero.

LLANTOS POR LA NOCHE BROTAN DE LOS CALABOZOS

Tanto Bonadio como el fiscal Carlos Stornelli olfatean que el quiebre de De Goycoechea, no será el último entre los hombres de negocios que están detrás de las rejas. Saben que ellos viven en carne propia que no es lo mismo pasar lo noche en la calidez del hogar, que en un calabozo donde aprieta el frío de agosto. Los testimonios dan cuenta que hay directivos, y también algunos ex funcionarios, que están deprimidos por el impacto entre sus amigos y familiares y otros lloran toda la noche sin consuelo.

No es el caso de Gerardo Ferreyra, el CEO de Electroingeniería, una de las empresas mimadas durante el kirchnerismo. A este individuo le tocó vivir como militante de izquierda los tiempos duros de la última dictadura militar. Los archivos cuentan que pasó varios años preso junto al ex secretario Legal y Técnico de Néstor y Cristina: su amigo Carlos Zannini, a quien llaman “El Chino” no sólo por sus facciones sino por su militancia maoísta durante la épica trágica de la década del ’70. Ferreyra, a diferencia del resto, se muestra enérgico, de muy buen humor y amable con los funcionarios judiciales. Nadie cree que vaya a engrosar la lista de los arrepentidos.

EL CANTA CLARO DE LAS CAMPAÑAS

A esta altura de la investigación, todo indica que por los dichos de Centeno y del primer empresario que se quebró y decidió colaborar con la Justicia, el ex presidente de Isolux, Juan Carlos de Goycoechea que estos cifras obscenas eran para la campaña . El empresario Goycoechea el viernes admitió que pagó sobornos como detalló el chofer en sus cuadernos y que le pidieron dinero para la campaña, aunque buscó posicionarse en un rol pasivo, de víctima. Sostuvo que lo “apretaron” para que entregara millones. ¿Las anotaciones de Centeno y los dichos de De Goycoechea agotan las evidencias en contra de Cristina Kirchner? No. Bonadio y el fiscal Stornelli también le preguntarán en la indagatoria del próximo 13 sobre el uso recurrente de la quinta de Olivos y de su departamento de la Recoleta, en la esquina de las calles Juncal y Uruguay, como escalas neurálgicas en la recolección de sobres, paquetes, cajas, valijas y bolsos llenos de dólares, durante años.

Las cajas de la política en casi todas las épocas se sirvieron de la corrupción para recaudar para ganar elecciones.

Basta con añalizar las cifras. Por ejemplo, una campaña a intendente bonaerense el año pasado rondó los $ 2.600.000. La última presidencial le costó a los principales candidatos casi $ 2 mil millones a valores de hoy (ellos declararon entre 400 y 500 millones).

Para que el lector tome nota, una simple encuesta domiciliaria provincial cuesta $ 400 mil. Una telefónica, $ 100 mil. El Estado aporta $ 3 por voto a los partidos reconocidos. En las legislativas del año pasado, los aportes públicos para el Frente Justicialista fueron de $ 10,6 millones, una cuarta parte de lo que luego declaró haber gastado. Unidad Ciudadana, de Cristina Kirchner, recibió $ 2,2 millones, porque no tenía historia electoral.

Después informó un gasto de $ 25 millones. El partido de Sergio Massa recibió $ 4,8 millones para esa campaña, pero su costo declarado se aproximó a los $ 25 millones.

Cambiemos recibió $ 5,5 millones y después declaró haber gastado $ 71 millones. Una parte de esa diferencia, $ 43 millones, habría sido aportada por 4.800 personas, según la declaración del oficialismo. Entre ellos están los centenares de aportantes truchos que ahora afirman no haber puesto un peso en esa campaña, entre ellos decenas de beneficiarios de planes sociales.

EL RECUERDO DE UN ROBO PARA LA CORONA

Aun tomando por ciertas las cifras declaradas como costos de campaña, aunque la realidad sería muy superior, la pregunta de cómo se sustenta la diferencia entre ingresos y egresos es de difícil respuesta. Además, si bien las campañas son el momento en que los partidos más gastan, el resto del año también necesitan recursos para avanzar territorialmente. Las agrupaciones políticas siempre vivieron en la tensión entre lo que el Estado y sus aportantes les proveen para subsistir y sus gastos verdaderos. Ese problema no comenzó con el kirchnerismo en 2003 ni terminó cuando perdieron el poder. Durante el menemismo, el periodista Horacio Verbitsky hizo célebre en el título de su libro una frase que tomó de esa realidad: Robo para la corona.

Por aquel entonces, la “corona” representaba a Carlos Menem y a la estructura estatal que sustentaba económicamente al aparato peronista. Hace unos días se tomó nota que ésa era la frase con la que el ex secretario de Coordinación, Roberto Baratta, se dirigía a su jefe Julio De Vido para contarle lo “recaudado para la corona”.

Para ser ecuánimes, los aportantes truchos de Cambiemos son el ejemplo de que esos problemas no desaparecieron de la escena y enchastran cualquier bandera de transparencia que se pretenda izar.

Centeno recuperó la libertad. Fue el que habló y colaboró con la causa. Los empresarios que están hoy presos en la cárcel de Ezeiza atraviesan una situación desconocida e insoportable. La consigna parece ser “el que habla, sale”.

El ex presidente de la Cámara Argentina de la Construcción Carlos Wagner fue sutilmente invitado a convertirse en el arrepentido estrella. Wagner que también goza de la hotelería del penal de Ezeia, aparece como una pieza clave para una investigación que necesita imperiosamente que algún imputado de fuste aporte información que robustezca lo que dicen las fotocopias de los cuadernos. Wagner fue durante tres lustros presidente de la Cámara y conoce todos los nichos de la obra pública cuanto menos desde los tiempos en que gobernaba el país Carlos Menen.

La periodista Paz Rodríguez Niell, en el diario La Nación, dio cuenta que Centeno declaró haber quemado en la parrilla de su casa los originales.

EL CIRCULO ROJO TAMBIEN CORTA CLAVOS

Pero el chofer Centeno llegó hasta lo más alto de la escala jerárquica: los ex presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. La ley del arrepentido exige la delación hacia arriba. ¿Entonces? ¿Quién más recibió o recibe obra pública? Por estas horas, los gobiernos provinciales y las intendencias imaginan que la investigación se extenderá como hongos venenosos en esas direcciones.

Los especialistas sostienen que si lo que dicen los cuadernos es cierto, aunque sea sólo parcialmente, se trataría del mayor escándalo de corrupción desde el regreso de la democracia.

Destacados juristas sostienen que el “arrepentimiento” de Centeno salvó por milímetros el colapso de toda la investigación. Si no ratificaba la propiedad de los cuadernos, necesariamente deberían peritarlos con los originales que nunca estuvieron en poder de la dupla Stornelli-Bonadio.

En los pasillos de Comdoro Py se comenta que a esta altura de la investigación, la aparición de los escritos se volvió irrelevante. Hay un arrepentido que los admite y con las fotografías, videos y registros de todos los recorridos, la prueba está casi redondeada. Parcialmente se verificó la información que los torna verosímiles. Existen nombres propios, direcciones de empresas, estudios jurídicos, domicilios particulares, ingresos a Olivos, hoteles, clínicas y matrículas de los autos, que fueron certificados por la justicia.

Pero el primer desafío que enfrenta la causa es cómo comprobar, más allá de que el relato sea verosímil, que Centeno vio dinero contante y sonante y cómo lo puede confirmar. Que le hayan dicho que lo transportaban o que lo haya oído por una referencia a un tercero no es útil como prueba más allá de que la cronología sea coincidente. Lo que digan los empresarios arrepentidos se vuelve crucial. Más allá de esa cuestión, también deberá ser investigada de manera pormenorizada la contabilidad de las constructoras para detectar de manera certera el camino de la plata sucia.

No son montos que puedan permanecer desapercibidos sin números de cuenta, transacciones reales y operaciones cambiarias, más aún cuando esas sumas fueron convertidas a divisas.

Otro de los temores que pone la piel de gallina del mundo empresarial es si el “Gloriagate” había incluido pinchaduras telefónicas todavía no reveladas. El volcán comenzó a entrar en erupción.Enfrente no estarán sólo las defensas de ex funcionarios K, sino la mitad del poderoso Círculo Rojo con ansias de frenar como se pueda los alcances de un escándalo que llega hasta los umbrales de la Casa Rosada. Habrá que ver ahora hasta donde Mauricio Macri está dispuesto a convertirse en el adalid de un mani pulite argentino.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.
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