* Por el Lic. Esteban Tancoff.

El príncipe Andre Bolkonsky, un personaje de Tolstoy, mientras yace herido en el campo de batalla de Austerlitz, clava su mirada en Napoleon que se le acerca y entonces , entiende de un plumazo , el misterio de la altura infinita del firmamento y la altura escasa del Emperador francés, que le parecía un ser pequeñísimo e insignificante al lado de lo que estaba ocurriendo en su alma y el cielo infinito por donde veía deslizarse las nubes.

Hoy somos muchos los heridos que vemos empequeñecidas las figuras de quienes nos gobiernan o pretenden gobernarnos, y no solo vemos deslizarse las nubes en el cielo, sino aquí, en la tierra, en nuestra tierra, vemos deslizarse el buen juicio en los disparatados comentarios de la máxima dirigencia del país.

La propuesta que campea en el escenario político es la guerra, en esa guerra pretenden embarcarnos a todos y sus “generales” y “generalas”, (con bastón o sin él,) no quieren confesar que solo desean la gloria y el amor de todos, pero no saben como lograrlo.

Tolstoy dice: hay dos niveles de existencia, dos niveles de comprensión de la vida: la guerra y la paz, entendiendo esta última no sólo como ausencia de la guerra sino como entendimiento entre las personas, es decir: o bien estamos enfrentados con nosotros mismos, con la gente y con el mundo o estamos reconciliados con él. Pero esto no es lo que se promueve desde la política, nadie expresa en el escenario del país algo más que insultos y hasta agravios contra sus propios progenitores, hay una tremenda confusión que hasta resulta ofensiva.

Mantener a la ciudadanía en la creencia que, la guerra constante, es una forma de mantener la paz, es un negocio ideológicamente bueno, porque la guerra provoca un gran patriotismo y devoción a quienes manifiestan esa opción. Los que impulsan la opción a lo que llamamos la grieta deberían saber que ella no es una virtuosa experiencia donde se forja el ánimo, la personalidad y la grandeza de un país. Solo podrá haber reconciliación si respetamos las motivaciones anónimas protagonizadas por la gente, pequeños actos de heroísmo personal, pueden ser más determinantes en el devenir de una guerra o de la historia que los actos de los lideres reconocidos.

No olvidemos que el simple acto de rebeldía de una mujer que se negó a cederle el asiento a un esclavista transformó a una nación.

No seamos pesimistas….no matemos la esperanza.

Melisa Delgado Niglia