Balance de fin de año con copas en alto, pero imagen en picada

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*Por Jorge Joury/Por estas horas de levantar las copas y asimilar burbujas, Mauricio Macri puede brindar porque el Congreso le sancionó ocho leyes clave en menos de tres semanas. Pero también sabe que pagará un costo político alto, sobre todo por la reforma jubilatoria. No obstante, está dispuesto a afrontarlo. En la Casa Rosada admiten que los números de aceptación popular que tenía. cayeron abruptamente, pero señalan que “se decidió “invertir” en esto. El Presidente es ingeniero y se maneja con sus fórmulas.

Sostiene que “lo que pierde hoy, lo recupera mañana y que si no lo hace. el futuro es más incierto”. Hay que decir que los riesgos que asume Cambiemos son para tener en cuenta, ya que había encontrado en los jubilados uno de los grupos más afines a su oferta electoral. ¿Lo seguirán siendo luego de este episodio? Si el Gobierno dice la verdad y el año que viene no hay una caída en el ingreso en términos reales, este traspié no debería tener efectos colaterales negativos. De lo contrario, las consecuencias pueden ser irreparables: ¿podrá el Presidente retener para el 2019 el apoyo de los abuelos?. La reforma previsional en el Banco Provincia, también tendrá un costo político para Cambiemos, ya que la mayoría de los empleados de la institución le habían dado el voto a este gobierno.

Si observamos el mapa del triunfo electoral de Cambiemos en octubre pasado y en 2015, se ve con claridad que el núcleo central del respaldo al oficialismo se encuentra en los sectores medios urbanos, rurales y entre los mayores de 65 años. El debate de por qué el grueso de esa franja etaria respalda al actual proyecto político que, entre otras cosas, también le redujo el acceso a los medicamentos, es un análisis que necesita un capítulo aparte.

Los elementos que acabamos de mencionar son centrales para valorar otros datos que arrojan los sondeos, que confirman el impacto negativo que tuvo la reforma en las bases del oficialismo.

UN PLAN BASADO EN EL AJUSTE

Un ejercicio del menos común de los sentidos desarma la línea argumental del gobierno. La modificación de la fórmula de movilidad pretende un “ahorro” de 100 mil millones de pesos del presupuesto de la seguridad social. ¿Quién va a “desahorrar” esos 100 mil millones de pesos? No son otros que los jubilados, pensionados, titulares de la Asignación Universal por Hijo y otros beneficiarios que recibirán un ingreso menor al previsto. Es de una enorme audacia afirmar entonces que los jubilados no van a perder con el ajuste trimestral del 70 por ciento inflación y 30 por ciento salario registrado (Ripte), desfasado en un semestre.

El plan económico de Macri, que no tiene ningún elemento que no se haya ensayado en la Argentina en otros tiempos, se basa en el ajuste y la transferencia de ingresos a los sectores más poderosos del empresariado. No hay forma de que la clase media quede a resguardo de estas medidas. Salvo que el Gobierno se ilumine y salga a pescar en la laguna de los más poderosos para equilibrar un poco los costos.Tras la aprobación de la reforma previsional, se vio la primera reacción espontánea de la gente y toda la maquinaria comunicacional que el gobierno tiene a su servicio, que no pudo detenerla cuando sonaron las cacerolas en las calles.

Según las encuestas que acaban de conocerse, tres de cada cuatro argentinos rechazan que se le haya metido la mano en el bolsillo a los jubilados y una mayoría contundente afirma que la nueva norma los perjudica. Otro dato a tener en cuenta, es que la imagen de Mauricio Macri se desplomó nada menos que nueve puntos y los que opinan mal o muy mal del Presidente superan con amplitud a los que tienen una opinión buena o muy buena.

LA ENCUESTA QUE HACE CRUJIR A LA ROSADA

El proceso de recorte a los jubilados reafirmó una idea instalada desde hace mucho entre los ciudadanos: siete de cada diez personas creen que Macri gobierna para las clases altas mientras que apenas una de cada diez sostiene que lo hace para todos por igual. Los números son lapidarios para la Casa Rosada. La prueba está en que una amplísima mayoría, dos de cada tres, está de acuerdo con los cacerolazos.

Las conclusiones surgen de una medición realizada por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), que conduce el sociólogo Roberto Bacman.

La Ley Previsional, según Bacman, “es la que mayor rechazo produce”. A tal punto que casi tres de cada cuatro habitantes de nuestro país están profundamente convencidos que esta medida no hará más que perjudicar abiertamente a los pasivos.

En síntesis, un abierto rechazo por parte de la sociedad en su conjunto, además de los propios jubilados .Desde el punto de vista ideológico es más que esperable que los pertenecientes al segmento de los opositores se manifiesten abiertamente en contra. Pero sorprende el rechazo que produce entre los independientes (siete de cada diez) y hasta en el propio electorado que optó por Mauricio Macri en el ballotage, donde redondea algo más del 40 por ciento de oposición”.

Para Bacman “una pregunta cae de madura: ¿cuáles son los aspectos más significantes que se constituyen en el ancla principal del repudio? La respuesta hay que buscarla en la opinión que los argentinos expresan cuándo se les pregunta acerca de los probables motivos que justifican esta ley. Allí lo que se observa es contundente: la gente está convencida que más que una reforma integral al sistema jubilatorio, lo que se ha votado ha sido un verdadero ajuste. De tal modo lo afirman seis de cada diez encuestados. Realmente contundente, en especial porque los ciudadanos piensan que el dinero debe salir de otro lado, no de los jubilados”.

UNA TELARAÑÁ PELIGROSA PARA EL OFICIALISMO

Las consecuencias son palpables. “No quedan dudas que esta ley se aprobó en un clima social crítico y en un contexto de preocupación y rechazo –señala el titular del CEOP–.De uno u otro modo el gobierno quedó atrapado en la telaraña de su propio proyecto: es percibido como el principal responsable y tal situación se traslada a la mayor parte de los indicadores .La popularidad de Mauricio Macri ha recibido un fuerte golpe: ha descendido alrededor de nueve puntos porcentuales en relación a la medición de la primera semana de noviembre, cuando aún festejaba el triunfo en las elecciones legislativas de medio término. Los que ahora opinan mal o muy mal del presidente suman el 54,8 por ciento, en comparación con los que opinan bien o muy bien, que son el 43,4. Es una caída fuertísima respecto de noviembre, cuando los que aprobaban a Macri eran el 52,5 por ciento”.

Se reafirma además en el imaginario colectivo, un pensamiento que ya se vino detectando a lo largo de sus dos años de gestión: “este es un gobierno de ricos para los ricos’. Esa opinión, al día de hoy, involucra a alrededor del 70 por ciento de los argentinos, y es otro de los factores que influyen notoriamente en la conformación del humor social adverso”.

La crisis por la desaparición del submarino ARA San Juan, el asesinato del joven mapuche Rafael Nahuel durante un operativo de la Prefectura y la “forma en que se tematizaron públicamente las iniciativas de reforma laboral y previsional” provocaron un derrumbe del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), que mide la Universidad Torcuato Di Tella. Luego de tocar su techo histórico en noviembre, tras la victoria electoral de Cambiemos, el ICG de diciembre de 2017 fue de 2,36 puntos (de una escala de 5 puntos), “registrando el descenso porcentual más pronunciado de la gestión de Mauricio Macri (20,3 por ciento)”, indica el documento elaborado por la Di Tella.

El derrumbe de confianza que sufrió la gestión de Cambiemos sólo es comparable, siempre según las mediciones de la Di Tella, con la caída que registró el gobierno de Cristina Kirchner (-23 por ciento) durante el conflicto con las patronales agrarias, que prácticamente paralizaron el país, y por tres mediciones registradas durante la crisis de 2002, cuando Eduardo Duhalde ejercía la presidencia. “No deja de ser revelador -analiza el informe– que la caída más pronunciada se haya producido en el rubro ‘Preocupación por interés general’ (cayó un 29 por ciento) en un contexto en que el debate político se centró en la modificación del régimen de actualización de jubilaciones y pensiones” que se trataron en el Congreso en un marco de multitudinarias protestas que concluyeron en represiones policiales.

LA MUSICA DE LAS CACEROLAS PEGO FUERTE

El ambiente desfavorable para la Casa Rosada se verificó en los cacerolazos. El Ejecutivo trató de dejar instalada la idea de que las protestas contra la reforma previsional eran propias de violentos, pero el mismo lunes a la noche ya hubo ruidazos en una cantidad enorme de barrios. Lo mismo se replicó el martes. Es decir que la gente pasó por encima del ocultamiento de los grandes medios y la jugarreta oficial de asimilar protesta con violencia. En la encuesta del CEOP nada menos que el 65,9 por ciento de los consultados dijeron estar de acuerdo con los cacerolazos y apenas el 32,1 en contra.

También el gobierno debe poner el foco en un estudio realizado por la Universidad Católica Argentina (UCA). Allí se indicó que el 47,5% de los jubilados y pensionados que viven en el Conurbano bonaerense dicen que sus ingresos no son suficientes para cubrir los consumos básicos mensuales.

El trabajo, titulado “Situación previsional y la capacidad de subsistencia de las personas mayores del Conurbano bonaerense”, marca que quienes no tienen posibilidad de cubrir sus consumos son unos 670 mil adultos mayores.

El informe, elaborado por la UCA para la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, ejemplifica, además, que el 14,1% del total, unos 200 mil adultos mayores, no llegan a cubir la canasta básica. Es más, declraron tener “inseguridad alimenticia”, es decir, “reducción involuntaria de la porción de comida y/o percepción de experiencias de hambre por problemas económicos durante los últimos doce meses”.

Otro indicador de la situación de las personas mayores es el recorte en medicamentos. Esta problemática afecta al 19,7% de los mayores del Conurbano, con preponderancia entre las mujeres (21,7%) y los que tienen niveles educativos más bajos (24,2%). A su vez, la posibilidad de ahorro de este sector de la población es más que restringida, ya que alcanza apenas al 6,9%, unas 97 mil personas. “Esta capacidad es levemente más alta en los varones (8,6%) y en quienes tienen niveles educativos más elevados (15,5%)”, señala el informe. Con estos números, las urnas de Cambiemos para el 2019 pueden sufrir un vaciamiento considerable.

La Iglesia también le encendió luces amarillas al Gobierno y le pidió más diálogo.Para Alfredo Atanasoff, el ex jefe de Gabinete de Eduardo Duhalde y uno de los armadores del Diálogo Argentino en el 2002, “el Gobierno debe entender que aun estamos sumergidos en una crisis social que sólo se va a resolver con un llamado al diálogo amplio con todos los sectores y sin exclusión alguna”. Tanto Atanasoff como Duhalde dialogaron de este tema en los últimos días con Macri, Rogelio Frigerio y Marcos Peña. Pero aún el Gobierno no movió las piezas en el tablero.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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