El coronavirus hizo crujir sistemas médicos robustos y empujó a ciertos Estados a cometer actos de piratería para conseguir equipamientos escasos como respiradores. Pero además pone a prueba la resistencia del factor humano en la atención sanitaria. Una problemática que se vive en Argentina y que el Ministerio de Salud trata de amortiguar con la convocatoria y participación de profesionales voluntarios.

A cargo de la articulación de los 3.800 médicos, enfermeros, kinesiólogos y expertos en emergencia que se han ofrecido desde abril está Judit Díaz Bazán. Es Subsecretaria de Calidad, Regulación y Fiscalización en la cartera que conduce Ginés González García. Afirma que la tensión del sistema «ya se puede ver en el rostro» de quienes están en la primera línea del combate a la pandemia.

A más de 140 días de la implementación del programa «Profesionales Itinerantes», ya se realizaron más de una docena de intervenciones. Van desde algunas de breve extensión en el conurbano bonaerense; hasta el establecimiento de equipos que trabajan hace meses para contener al coronavirus en provincias como Chaco.

Según relató la funcionaria, en un país extenso y diverso, las necesidades no son siempre las mismas. «Con los secretarios de salud o con los ministros hacemos una presentación para saber si tienen más dificultades para ampliar el laboratorio. O si el problema está en la búsqueda de contactos; o en el aislamiento (de positivos), o si tienen dificultades en la capacitación del trabajador de salud para incorporarlo al servicio».

Sin embargo, a veces «se necesitan médicos comunitarios que caminen los barrios, junto a los voluntarios del plan Detectar».

Díaz Bazán destacó como «invalorable» el rol de cada trabajador de salud y de los voluntarios. Dejan a sus familias por más de 15 días para ir a colaborar a lugares que están a miles de kilómetros de sus hogares.

«No nos ha tocado ver mezquindades. Pudimos leer una carta que una voluntaria hizo respondiendo a la pregunta de su hija, quién quería saber por qué se sumaba a ese trabajo. La respuesta era porque para esto había estudiado y se había preparado», añadió.

Las tareas desempeñadas por los profesionales itinerantes varían en cada viaje. En algunos casos, por ejemplo, han trabajado en la atención directa de pacientes. Y en otros han capacitado a sus pares para poder adaptarse al trabajo en unidades de atención crítica.

María Victoria Enriquez forma parte de la Dirección Nacional de Enfermería. Como responsable de esas capacitaciones, ha viajado por el país para «formar formadores»: «Los voluntarios nunca cumplen solo con su horario y listo. Trabajan, motivan, se comprometen. La pandemia deja a la vista no sólo cómo es el sistema de salud, sino la calidad humana de los que lo integran».

«Ellos dejan a sus familias, sus trabajos, y van a meterse en lugares que desconocen por completo, para darlo todo», señaló.

Uno de los mayores problemas radica en el entrenamiento para atender a los pacientes en terapia intensiva. Una tarea que en un contexto normal lleva años pero que la crisis obligó a acelerar.

En ese sentido, Enriquez destacó el ejemplo de Chaco. Los voluntarios pudieron capacitar y formar a sus colegas locales para, después de mucho esfuerzo, bajar la tensión en el sistema.

Sin embargo, ambas funcionarias sostienen que el camino por recorrer aún es largo; y saben que su tarea, como la de los voluntarios, seguirá siendo necesaria.

De los más de 900 profesionales que ya pasaron de la convocatoria al trabajo de campo, sólo 3 se han infectado con Covid-19. Esto no mitiga el dolor por aquellos médicos, enfermeros y kinesiólogos que están internados o han muerto. «Genera mucha frustración saber que un colega está con respirador después de haber dado todo», comentó la subsecretaria de Calidad.

Al ser consultadas sobre la existencia de sectores que militan «contra la cuarentena», ambas utilizan las mismas expresiones: «Dolor», «impotencia» y «frustración».

Enriquez señaló que esas personas «que no toman recaudos; pueden ser los portadores asintomáticos que lleven la enfermedad y la contagien a quienes se crucen por la vida». Díaz Bazán prefirió una metáfora bien gráfica. «Cuando alguien no reconoce lo que está pasando con el coronavirus; es como que recomiende subirse a un auto de Fórmula 1 sin casco ni cinturón».

FUENTE: Télam

Liliana Lopez