Por Esteban Tancoff

   En el siglo XIV, una pandemia de peste asoló a Europa, se llamó la Peste Negra, su transmisión era a través (eso se sabe ahora) de roedores, pulgas y piojos, murieron alrededor de 50 millones de personas, el 40% de la población europea,  y  40 millones de la población de China, de aquella época. Los que se salvaron, lo hicieron pensando que habían tenido “suerte”, “luck” en inglés, pero cualquiera fuera el idioma, esa era la única explicación del estar vivo o muerto, no había “causa” sólo la suerte….”el hombre propone y Dios dispone”

    La modernidad llegó como la promesa de conquistar las explicaciones  de las causas y los remedios de las enfermedades para terminar con la incertidumbre de enfermar o no enfermar, la Razón reemplazó a Dios y el hombre comenzó a gerenciar la naturaleza , incluida la naturaleza humana, ya no será la suerte la que nos mate o nos deje vivir, tanto como ser felices o infelices.

    Una pastilla para los dolores y otra para las penas, así nació el negocio de los medicamentos, desplazando a los brujos, chamanes y curanderos, un negocio que hizo que vivir se convirtiera en una enfermedad, el que no tiene un malestar físico tiene depresión mental y así para cada cual existe una pastilla, vender pastillas a todos impulsó la maquinaria del marketing de una de las industrias más lucrativas del planeta.

   En 1980, un psiquiatra norteamericano diseñó un manual para identificar 265 categorías diagnósticas de enfermedades mentales, esta categorización se convirtió en un puerto de entrada a la industria farmacéutica, es así que el Prozac, un antidepresivo  se convirtió en uno de los mayores éxitos de venta de medicamentos, ¿Cómo lo hicieron?….vendiendo la enfermedad para luego vender la píldora.

    Para la sed…mejor Coca Cola, para la depresión mejor Prozac, obviamente éste no era el contenido de la campaña, pero no encuentro mejor manera de decirlo, en realidad el papel de los psiquiatras fue clave en la campaña de la industria, ellos diseñaron un protocolo de preguntas que se convirtió rápidamente en standares internacionales abarcando síntomas que gran parte de los pacientes decía tener y es así como la industria establece el criterio de lo que significa “depresión”.

   Pfizer es uno de los más fuertes representantes de la industria, sin embargo fue criticado por no haber publicado los resultados de una investigación donde descubrieron que un medicamento( de otro laboratorio), creado para la artritis, tenía implicancias en la cura del alzheimer, privando a los enfermos de la posibilidad de una cura, simplemente porque para ellos no representaba un negocio, esto nos lleva a pensar que la regulación del Estado debería estar presente en relación con la Industria, con una ley sanitaria sobre todo en lo referente a patentes de productos extremadamente caros , que desfinancian las obras sociales, permitiendo a la industria local, hacer uso de las patentes pagando una regalía y fe esta forma preservar el derecho de patente y simultáneamente el derecho a la salud.

AgenHoy Digital