Poner plata rápido en los bolsillos de jubilados y pensionados, asalariados del escalón más bajo y los empleados públicos de menor rango será el primer objetivo de Alberto Fernández apenas asuma, con la meta de calentar el consumo en un escenario de fuerte recesión, lo que ya empieza a sonar como «Plan Verano».

Así lo anticipó el inminente presidente al presentar a su Gabinete y esquivar como pudo dar detalles de la renegociación de la deuda con el FMI que, según reveló, comenzó «hace semanas» y sobre la cual dijo estar «satisfecho en la forma que evoluciona».

Su Gobierno, que heredará una deuda de más de US$ 45.000 millones sólo con el Fondo, buscará postergar vencimientos de capital e intereses por al menos dos años, para lograr encaminar la situación económica y social, pero los acreedores no se la pondrán fácil.

Fernández buscó mantener alta la expectativa de la gente pero sin sobreactuar, cuando advirtió que el gobierno de Mauricio Macri le deja una «situación financiera penosa» y pidió que «todos hagan su aporte» para afrontarla.

Sin sorpresas en el anuncio de su Gabinete, Fernández confirmó que depositará la renegociación de la deuda en manos de Martín Guzmán, mientras que Matías Kulfas será el responsable de tratar de recuperar el alicaído aparato industrial interno.

Guzmán coincide con la idea expuesta por el presidente electo en la conferencia de prensa, ya que considera que el gobierno de Mauricio Macri tomó deuda a muy corto plazo que el país no iba a estar en condiciones de pagar.

El futuro ministro de Economía sostiene que el problema central que enfrenta el país es la deuda y advierte que si no lo resuelve, no habrá forma de implementar un programa macroeconómico que le permita recuperarse.

La pregunta que se hacen en el mercado es si los alrededor de US$ 12.000 millones que quedarán en reservas del Banco Central servirán para evitar que la Argentina vuelva a caer en default como hace casi veinte años.
Kulfas, por su parte, deberá lidiar con los formadores de precios, a los que el presidente electo cuestionó con dureza: «Hay sectores que están aumentando precios indiscriminadamente», amonestó.

Si bien aclaró que no impulsará un congelamiento de precios, sí tildó de «irresponsables a quienes aumentan precios por las dudas».

No lo oficializó, pero es un hecho que apenas asuma aplicará una suba de las retenciones a las exportaciones de soja, maíz y trigo.

«Necesitamos dólares», dijo Fernández al presentar a su ministro de Agricultura, Luis Basterra, el formoseño que deberá lidiar con un sector agropecuario que ya se enfrentó a capa y espada con el kirchnerismo en el 2008 por el intento de imponer las retenciones móviles.

En ese escenario, será clave poner en marcha lo más rápido posible el plan de Guillermo Nielsen -designado presidente de YPF- para Vaca Muerta.
Se sabe que viene trabajando para convencer a jugadores de peso de los Estados Unidos en la conveniencia de poner parte de sus fichas en el megayacimiento patagónico, pero son muchas las variables en juego para que eso se concrete.

Lo primero que mirarán los inversores es si el nuevo presidente tiene un plan viable a mediano plazo para poner a la Argentina de nuevo de pie, con un 40% del país en la pobreza, una inflación desatada por encima del 55% y un desempleo que volverá a subir en la próxima medición que informe el INDEC.

Alberto Fernández llega al poder con una contundente alianza política detrás, que incluso abarca a poderosos empresarios de los sectores petrolero, industrial y farmacéutico, por mencionar a algunos.

Tiene el respaldo de la mayoría de los gobernadores y acaba de sellar una relación de convivencia con Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de Gobierno porteño que logró retener el poder en plena debacle macrista.

Con un Congreso que le votará todo lo que necesite en ambas cámaras, sólo falta acertar con el diagnóstico y, mucho más, con el tratamiento.
Experiencia en la función pública le sobra, habrá que ver si la pericia y la suerte lo acompañan para que la Argentina pueda revivir tras una profunda recesión.

Agenhoy