María Eugenia Vidal apretó los dientes y le cedió a Mauricio Macri, con bronca contenida, a su ministro de Economía, Hernán Lacunza para que se convierta en el jugador clave de la transición.

Fue doloroso, desprenderse de una de sus primeras espadas, pero a la gobernadora no le quedaba otro camino. El Jefe le planteó que nadie quería agarrar esa papa caliente. No obstante, en  la residencia de la calle 6, recibieron la noticia con entusiasmo en medio de desánimo que se respira desde la apabullante derrota del domingo pasado a manos de Axel Kicillof.

Uno de los funcionarios comentó: «Todos los que se fueron de provincia a Nación nos terminaron ayudando mucho más desde ahí». En esa dirección se mencionó al ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, y al titular del PAMI, Sergio Cassinotti. También a la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, de excelente relación con Vidal y mujer de su jefe de Gabinete, Federico Salvai.Pero, más allá de celebrar la llegada de Lacunza al gabinete provincial, el entorno de Vidal celebró la renuncia de Nicolás Dujovne: «El vínculo era malo, nos cagó con el fondo del Conurbano».

La gobernadora jamás le perdonó al ministro saliente que nunca haya avalado la actualización de ese monto pese a la altísima inflación del último tiempo. En la provincia esperan ahora que en este tramo hacia octubre, desde el Ministerio de Hacienda, Lacunza pueda tomar algunas medidas que contribuyan a mejorar las cuentas de la administración provincial.Lacunza sabe que lo apremia el reloj.

En las últimas horas convocó a todo su equipo a su casa a preparar ya el aterrizaje en el Palacio de Hacienda. Fue una suerte de domingo interminable. Después de eso se juntó con Nicolás Dujovne y el actual presidente del Banco Central, Guido Sandleris.El flamante ministro de Macri tiene dos tareas simultáneas.

Dejarle a María Eugenia Vidal un equipo ordenado que le permita concluir en paz su mandato y pilotear la transición de la etapa final del gobierno de Macri, en un clima muy enrarecido en los mercados y con el acuerdo stand by del FMI camino a un incumplimiento.

EL PRIMER GRAN DESAFIO EN PUERTA

Lacunza apenas jure en las próximas horas en el Salón Blanco, hay quienes dicen que su principal misión será dotar de recursos económicos a la gestión de Vidal, empezando por la actualización del Fondo del Conurbano de 19.000 millones adicionales a los 40.000 que ya recibió para este año.

Dicen que esa fue una suerte de pacto entre la gobernadora y Macri, para facilitar el pase de Lacunza. Por fuera de las necesidades bonaerenses, que ese reclamo tenga éxito dependerá del primer round que deberá afrontar el flamante ministro de Hacienda: recibir a la misión del Fondo esta semana, con un pelotón de técnicos que recién comenzarán a conocerlo y que le pedirán garantías a Macri para saber qué derrotero está dispuesto a afrontar y hasta donde quiere tirar de una soga que se consume por sus propios errores de gestión. 

Lacunza, desde la asunción de María Eugenia Vidal como gobernadora hasta ahora, fue el titular de la cartera económica de la provincia de Buenos Aires. Si bien se rumoreaba que él podría llegar a pasar de ser ministro provincial a nacional ante la crisis cambiaria y gubernamental que sufre el oficialismo, al momento de la renuncia de Dujovne se encontraba de vacaciones en Villa la Angostura, Neuquén, junto a su familia, y debió viajar de urgencia para reunirse con Macri. 

AVALADO POR UN PASADO BRILLANTE

El economista deberá ahora tomar las riendas para intentar que el Gobierno llegue a las elecciones de octubre y al fin de su mandato en diciembre evitando sobresaltos y sin que el dólar de dispare aún más.
Jorge Roberto Hernán Lacunza tiene 49 años. Es licenciado en Economía, egresado de la Universidad de Buenos Aires. Entre 2002 y 2005 fue director del Centro de Economía Internacional de la Cancillería.

Luego, entre marzo de 2005 y 2010 se desempeñó como gerente general y economista jefe del Banco Central, con Martín Redrado como presidente. De hecho, él fue uno de los primeros en felicitarlo, al escribir en Twitter que «asume el Ministerio de Hacienda un gran economista y gran persona».

Lacunza, además, fue gerente general del Banco Ciudad en 2013, durante la gestión de Macri en la Jefatura de gobierno porteño y, tras el triunfo de Vidal, en diciembre de 2015, ocupó el la cartera económica de la provincia de Buenos Aires.

La elección de Lacunza para el cargo generó una modificación en el gabinete del gobierno de Vidal, quien a su vez designó al Subsecretario de Política y Coordinación Económica provincial, Damian Bonari, para hacerse cargo del Ministerio que lideraba Lacunza.

MEJOR NO ASUMIR EN TIERRA ARRASADA

Durante los meses que quedan, todo el sistema económico será sometido a una tensión que obedece a razones inéditas. Para evitar que el dólar y los precios no entren en un espiral ascendente, Macri y Fernández deberán calibrar la competencia lógica de la campaña electoral, donde se juega todo el poder, con la necesidad de mantener canales abiertos para que no estalle todo en mil pedazos.

Al peronismo le toca un papel importante. Deberá contener su natural tendencia a transformar a Macri en un rehén y someterlo a humillaciones públicas.

En lo que tiene que ver con el Macri, deberá dejar de lado su orgulllo y encontrar modos de consultar sus medidas para que el poder peronista no encuentre excusas para desestabilizarlo. De aquí en más, los argentinos vamos a ser testigos de un proceso delicadísimo, cuyo primer paso ya ha sido dado, pero que enfrentará escollos a cada segundo.

Macri derrotado parece haber entendido que su prioridad será llegar al 10 de diciembre sin un estallido. Quiere convertirse en el primer presidente no peronista en terminar el mandato. En tanto, el  candidato ganador sabe que siempre es mejor no asumir en medio de tierra arrasada donde hay que aplicar recetas dolorosas para la ciudadanía. 

VIENEN MESES DE FUEGO Y CENIZAS

Los que vienen, serán días difíciles para la Argentina.Ya no habrá semestres optimistas por delante donde «lo peor ya pasó» . Hoy la primavera tiene mal de ausencia con brotes verdes, ni siquiera en las macetas. Nada permite augurar una gota de ilusión hacia adelante. Solo pura dificultad.

Por lo pronto, hay un lluvia de títulos públicos de la Argentina dispersos por el mundo. Los tenedores de bonos  tienen miedo a un default. Pero el Gobierno intentará salir de la montaña de votos en la que quedó sepultado, fantaseando con recuperar energías y llegar a un balotaje.

Es el amor propio de Mauricio Macri, el único indicio de desembarcar en un sueño imposible e irremontable. De aquí en más, el equipo amarillo necesita que sus propios votantes no den por resuelta la elección. Se corre el riesgo de que muchos de ellos no vayan a las urnas.

Esto explica las arengas inflamadas de entusiasmo de Elisa Carrió y otros dirigentes. El oficialismo necesita que su base electoral crea que aún es competitivo y que pueden ganar para movilizarlos el día de la votación y hacer la mejor elección posible, para renovar bancas en el congreso, entre otras cosas, como señaló Pichetto.

No obstante, hay señales evidentes de que está en marcha el plan de retirada.Un  ejemplo de ello, es que María Eugenia Vidal provincializará la elección y Horacio Rodríguez Larreta hará lo mismo.

SE PONE A PRUEBA LA GOBERNABILIDAD

En esta cuenta regresiva hacia octubre, al Presidente le espera un verdadero viacrucis que pondrá a prueba la gobernabilidad hasta la última gota. Para eso, se necesitará pulso firme y que el oficialismo salga del clima alucinatorio en el que se ha enfrascado. Inexplicamente, hay aún funcionarios sumergidos en un estado de incomprensión.

¿En qué momento ocurrió esto?, se preguntan. Si todas las estadísticas, si los grandes medios hegemónicos, si la big data decía otra cosa. Hay que analizar crudamente, que el blindaje mediático fue un arma de doble filo. Solo era un espejo opaco que no permitía ver a la dirigencia macrista del otro lado. En el equipo amarrillo, se habían auto convencido de una fortaleza ilusoria. 

La trampa está echada, y lejos de dominarla una necesidad de revertir la derrota, muestra toda su voluntad de condicionar el triunfo. El macrismo exhibe entonces su ultima carta de compromiso ante sus garantes: ya incapacitado de ganarle al peronismo, debe al menos intentar limitarlo. En tanto, el país se encamina a una crisis profunda.

Dice Discépolo que la lucha es cruel y es mucha, vale la pena pues saber que estamos preparados y que en el futuro gobierno hay quienes saben y pueden revertir y neutralizar éstas crisis organizadas. Y que el porvenir no será de esos que se miran plácidos desde las pantallas, sino de los que se accionan en las calles y en las plazas. Son tiempos que piden de una novedad, es hora ya de comenzar a crearla.

 LA MISMA FOTO DEL PASADO

Hay síntomas extraños en las calles. Por ejemplo, se observan colas en las estaciones de servicio, ante la fuerte amenaza del desabastecimiento.Por el congelamiento de las naftas, YPF perderá US$ 120 millones y ya anunció que reducirá inversiones en el país. También hay faltante de alimentos en las góndolas, una película del pasado que mete miedo.

Hoy el peronismo, con sus distintos rostros, perdura como el partido hegemónico del sistema. Esa supremacía se expresa a través de rasgos característicos: dominio territorial, afinidad con las corporaciones, mayorías legislativas, liderazgos fuertes e identificación con la amplia clase media baja, que si ya no cree en los valores del justicialismo, intuye que este defiende con mayor eficacia sus ingresos, aunque eso no pueda sostenerse en el tiempo. 

El precario andamiaje que levantó el Presidente para suponer que llegaba con alguna expectativa a las PASO se le vino encima. De esa estructura no queda nada, al punto que tuvo que eyectar del sillón a su ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

Sacó de la cancha al hombre que debería ocuparse de transmitir los planes oficiales para superar tan delicada situación. Para que Macri lo entienda, es como si hubiera tenido que sacar al arquero antes de una definición por penales. “Para lo que servía”, podrá aguijonear algún plateísta, pero lo cierto es que la imposibilidad de contar con un ministro de Economía competente a bordo de la cubierta del Titanic, es una señal del desmoronamiento que está sufriendo el gobierno de Cambiemos.

LOS EMPRESARIOS TIEMBLAN

La baraja cambió. Ahora el círculo rojo le teme a Macri. Arcor, de la familia Pagani, tuvo que cerrar por ejemplo la segunda fábrica de La Campagnola en menos de un mes. Las plantas tenían 50 y 70 años de antigüedad.

Empresarios grandes, medianos y chicos están aterrados por los costos que puede generar la crisis para la salud de sus compañías. Son ellos, entre otros, quienes están provocando una fuga de más de 600 millones de dólares por día, como se refleja en la caída de las reservas del Banco Central. Es urgente cortar esa sangría.

De lo contrario, los 15 mil millones de dólares de reservas netas que quedan en el BCRA alcanzarán como mucho para aguantar un mes. En ese contexto, el 27 de octubre es una eternidad, pero Macri apuesta a llegar. A Lacunza le tocará ahora su primer gran exámen. En los próximos días llegará una misión del FMI para monitorerar las cuentas públicas.

Pero cuidado, porque en el acuerdo con el organismo nuevamente está caído, ya que se pierde la cuenta de las veces que lo tuvo que corregirse por tantos incumplimientos. Las metas fiscales, monetarias, inflacionarias y de nivel de reservas están todas en rojo. No se cumple ninguna. La contracción del PIB que el Fondo Monetario estimaba en 1,3 por ciento este año será con suerte por lo menos el doble.

Los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando De la Rúa atravesaron experiencias traumáticas cuando el Banco Mundial, en el primer caso, y el FMI, en el segundo, suspendieron la ayuda tras producirse la explosión de los planes de emergencia que habían ideado juntos: el Plan Primavera y el Blindaje y el Megacanje, respectivamente. Si el Fondo decide no exculpar esta vez al gobierno de Macri por los incumplimientos de las metas, el final de la aventura del gobierno de los CEOs será inmediata.

¿Será cierto que el FMI le planteará a Macri que ponga un límite a la venta de divisas de 50 mil dólares por mes? Es una de las tantas versiones que circulan con frenesí en la city porteña, donde ya no saben a quién creerle.

El estatuto del FMI prohíbe la utilización de los dólares prestados por el organismo para financiar la fuga de capitales en un país. Sin embargo, hasta ahora eso es lo que ha venido ocurriendo. ¿Seguirá siendo así de acá en más? ¿Si el Gobierno no restringe la venta de divisas, cómo logrará recomponer la oferta?.Ahora su su primer desafío frente a los popes del Fondo,  queda por ver que tan larga es la manguera de Lacunza para apagar el fuego.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    

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