Compartir

*Por Jorge Joury

El Gloriagate sigue destapando ollas y salpicando hacia arriba. Es un manual de suciedades, donde también parte de la justicia tiene su capítulo negro. El caso del ex juez Norberto Oyarbide, es uno de los ejemplos. Hay quienes sostienen que Oyarbide quedó envuelto en la telaraña que le tendieron Bonadío y el fiscal Stornelli, tras reconocer públicamente que Néstor Kirchner lo presionó, por medio de los servicios de inteligencia, para que lo absuelva en la investigación sobre enriquecimiento ilícito.
Este diminuto personaje del famoso anillo de diamantes que en su momento impactó al conocerse que costaba 250 mil dólares, es dueño además de un pasado tormentoso. Se podrán decir mil cosas de él, menos que fue un juez independiente. Hoy está acorralado por sus propios remordimientos y tiene miedo que lo maten. Desconfía hasta de su propia sombra. Es por eso que le pidió entre lágrimas al juez federal Claudio Bonadio que se le asigne una custodia permanente. Da la impresión que si lo apuran un poco, como se supone que hicieron Bonadío y el fiscal Stornelli, Oyarbide no pare de seguir vomitando episodios escandalosos. Esta variante impensada del efecto cuadernos, promete ser la activación de una nueva bomba de tiempo. En las últimas horas el ex magistrado se comprometió a ampliar su declaración indagatoria e incluso adelantó que podría convertirse en otro arrepentido de la investigación.
Su nueva estrategia comenzó a plasmarse apenas cuando había pasado una hora de su segunda entrevista radial, concedida al periodista Baby Etchecopar. Tras esto, apareció en los tribunales para declarar.

UNA DANZA DE FOTOS, ESCUCHAS Y VIDEOS

Hay que aclarar que Oyarbide aparece en los cuadernos del escándalo, pero no vinculado directamente con el pago de coimas y retornos en la obra pública durante la gestión kirchnerista que investiga el juez Bonadio. De acuerdo al registro del chofer Oscar Centeno, el ex magistrado mantenía reuniones con su jefe, el ex funcionario Roberto Baratta, número dos de Julio de Vido en el entonces Ministerio de Planificación Federal. Por esta anotación, Oyarbide fue citado para aclarar la situación y defenderse.Hay quienes murmuran que en esta causa nadie se escapa, porque Bonadío tiene fotos, escuchas y videos de una galería de personajes de alta gama. De allí que todos se declaren arrepentidos o colaboradores.
“Se van a enterar quiénes me apretaron el cogote para sacar las causas de los Kirchner”, disparó el ex juez Norberto Oyarbide luego de declarar en la causa iniciada por los cuadernos de las coimas K, en la que aparece nombrado varias veces en las anotaciones del ex chofer Oscar Centeno.
De acuerdo a lo que trascendió, Oyarbide contó en las últimas horas que se reunió en un “domicilio de la avenida Córdoba” con el operador judicial Javier Fernández y con el ex espía Antonio Stiuso. Hasta el lugar llegó en un auto manejado por un chofer de Fernández. No recordaba la fecha ni el piso del edificio, aunque dijo que fue “el 3, 4 o 5”.
De acuerdo a su relato, Fernández y Stiuso le hablaron en nombre del entonces matrimonio presidencial y le dijeron que tenían “especial interés en que la causa se resolviera rápidamente”.
Si bien insistió en que le pidieron “celeridad en la resolución”, aclaró que no le manifestaron puntualmente que cerrara el expediente, lo que finalmente sucedió.

STORNELLI QUIERE LLEGAR HASTA EL HUESO

A raíz de esta declaración, el fiscal Stornelli mandó a sorteo la denuncia para que se investigue como una causa aparte y quedó en manos del juez Luis Rodríguez. El fiscal considera que aunque Oyarbide haya ido a hablar por los cuadernos de las coimas, sus dichos merecen ser investigados en forma paralela.
Oyarbide negó haber recibido dinero a cambio de torcer decisiones judiciales. “Jamás he recibido absolutamente nada”, aseguró en un minucioso relato sobre a quiénes conocía y a quiénes no de los ex funcionarios mencionados. A Roberto Baratta lo vio en persona, lo mismo que a su secretario Nelson Lazarte. Sin embargo, a Julio De Vido, jamás. Pero lo que activó las alarmas de Bonadío y de Stornelli, fue cuando agregó, en la descripción que hizo en el juzgado. Fue una cronología en torno al sobreseimiento a los ex presientes Néstor y Cristina Kirchner, cuando eran sospechados por el 158% de incremento en su patrimonio registrado en 2008.
Oyarbide solo puso la cabeza en la guillotina sobre una causa que estaba archivada y en la que nadie le preguntó. ¿Habrá sido una jugada de Bonadío o definitivamente se quebró?. No obstante, la mención a un apriete que pudiera haber comprometido la decisión final será la llave que pueda ser utilizada para una batería de presentaciones con intenciones de desempolvar aquel expediente que fue un asunto de Estado. Los especialistas sostienen que la “cosa juzgada fraudulenta” es una doctrina que en procesos penales permitiría la reapertura de una causa penal si los jueces “no actuaron con independencia o imparcialidad” y si su estatus de firme se considera viciada. Federico Morgenstern es uno de los juristas que ha profundizado ese concepto en los últimos años.
Tras las afirmaciones de Oyarbide, la situación le quedó servida en bandeja a la Unidad de Información Financiera, (UIF), que dirige Mariano Federici, que solicitó la reapertura de la causa por enriquecimiento ilícito contra el matrimonio Kirchner invocando el instituto de “cosa juzgada írrita”, es decir, que la sentencia que los benefició se obtuvo de manera fraudulenta. Además la UIF pidió ser tenido por parte querellante.

EL JUEZ QUE SUEÑA CON BRILLAR EN NETFLIX

La historia de Oyarbide es de película. “Un día decidí salir del contenedor y hablé a los cuatro vientos porque estaba podrido de que me griten puto. Como funcionario sé separar perfectamente bien las cosas. Tengo 40 años de carrera, un legajo que jamás recibí una sanción, algo que marca la calidad de mi desempeño”, precisó al romper las cadenas de su sexualidad. Además, reveló que “han venido de Netflix a verme porque quieren hacer una producción. Gran parte de mi trabajo fue bajo el gobierno militar. Muchos de mis compañeros murieron. Nunca imaginé que iba a terminar investigando la matanza de Ezeiza, o a la triple A”.
Este polémico personaje se convirtió en un rehén del Partido Justicialista, cuando lo salvaron de su destitución el mismo día en que se produjeron los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001. Oyarbide había sido suspendido en su cargo a raíz de sus vínculos con el prostíbulo gay Spartacus, del que era un asiduo concurrente. En el lugar se ejercía la prostitución masculina, una actividad penada por la ley, y contaba con la protección del magistrado, en esa época en pareja con Luciano Garbellano, devenido con el tiempo en productor teatral. El prostíbulo también era protegido por oficiales de la Policía Federal.
El juez tenía vínculos estrechos con la Federal, a tal punto que se sospecha que fueron efectivos de esa fuerza, quienes le dieron varios tiros a Garbellano, cuando el ex juez amenazaba con extorsionarlo. Oyarbide también tenía estrechos lazos con agentes de la ex SIDE como Raúl Martins, denunciado por su propia hija de explotar una red de prostíbulos en Buenos Aires y en México.
Después de que el peronismo lo salvó en el Senado de la destitución en 2001, esa noche en la que todos los medios de la Argentina estaban pendientes de lo que había pasado en Estados Unidos, Oyarbide pasó a convertirse en un aliado incondicional del justicialismo.
Además fue protagonista de varios escándalos y denuncias, por ejemplo, por haber cantado junto a la Mona Jiménez, pasado de copas; por exhibir un anillo cuyo precio fue estimado en 250 mil dólares, que dio origen a una causa. Además se lo acusa de frenar todos los expedientes en la que estaban involucrados funcionarios del kirchnerismo.
Norberto Oyarbide , su novio y un amigo también son el centro de una investigación que apunta a un entramado de sociedades con autos de lujo y patrimonios millonarios y que pertenecen, en los papeles, a destinatarios de planes sociales que apenas llegan a fin de mes. La sospecha de los investigadores es que se montó un pantalla para esconder bienes malhabidos de Oyarbide, que fue durante 21 años juez federal y se jubiló hace dos, percibiendo un haber mensual de casi 200 mil pesos. Hay quienes aseguran en los pasillos de Comodoro Py, que hoy devaluado desde las dos orillas, tanto Bonadío, Stornelli como la UFI, tienen a Oyarbide a punto de caramelo.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico esjorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

Compartir

Comentarios