*Por Jorge Joury

 

La nueva propuesta marketinera de Durán Barba es venderle a la opinión pública que Macri está caliente. Se le ha recomendado al Presidente el camino de la dureza en sus discursos. Se quiere dar una señal de fortaleza política para recuperar el voto de los decepcionados con la gestión. Pero algunos sostienen que Macri está mal coucheado. No obstante, la ruta es peligrosa y puede terminar en el pasto. En un viaje hacia el pasado, Fernando de la Rúa también hizo lo mismo durante su mandato y terminó lamentablemente arriba de un helicóptero. No hay ninguna posibilidad de que esto se repita, pero siempre la figura de un presidente gobernando bajo emoción violenta no acerca señales positivas.
Desesperado por mirar a octubre, el Presidente apeló esta semana al viejo truco de mostrar autoridad con un puñetazo a la mesa. Pero el efecto fue, como suele pasar cuando se sobreactúa, el contrario: el establishment lo mira perplejo, Wall Street espera sin jugar una sola ficha, la Corte Suprema lo ignora, sus aliados toman distancia, la CGT se despereza y el peronismo sonríe ante la perspectiva ahora menos remota de volver al poder.
Queda claro, que el oficialismo está ya en campaña y esa es una de las estrategias para defenderse del costado más vulnerable: la marcha de la economía. Y que esa defensa, se convierte en un ataque. Lejos de reconocer errores o de recomponer políticas, la Casa Rosada decidió hacer frente a la crisis con un doble mecanismo. Por un lado, mostrar al Presidente enojado y con enjundia contra el mundo exterior que ataca, en teoría, sin argumentos. Por el otro, instalar a un Roberto Lavagna que duele como una piedra en el zapato, lo más parecido a un impostor, que llega desde el fondo del abismo para embaucar a la opinión pública con una propuesta política fracasada.

UN PLAN CON MALOS ANTECEDENTES
La idea, que se fogonea desde Balcarce 50 es presentar a un Macri “caliente” ante lo que serían las críticas a su propuesta económica. Y con eso ponerlo en el centro de la escena como efusivamente dominante de la situación. Quizá el plan traiga resultados electorales. Se sabrá en el futuro. No obstante, para los observadores es una pésima señal económica, que abre más la grieta y agita temores en tiempos en los que los mercados necesitan ver oradores responsables que transmitan paz, seguridad y, fundamentalmente, dominio de la situación.
Si los gritos son emitidos por el máximo responsable de la economía, peor será el efecto. La historia reciente de la Argentina tiene muchos ejemplos de este tipo. El más claro fue el de Domingo Cavallo, un hombre que en muchos momentos de su carrera terminó despilfarrando activos personales al mostrarse ante el mundo como una persona irascible y alterado en medio de la peor crisis que vivió la argentina, lo que provocó aún más zozobra.
Durante el reportaje concedido al periodista Luis Majul, vimos un anticipo de la película de este nuevo Macri, hoy convertido en una suerte de Rocky Balboa. Y en las últimas horas se reeditó la misma foto, cuando le respondió a Roberto Lavagna, el hombre a quien él mismo había puesto en el centro de la escena ante Majul. Sin nombrarlo, esta vez parado sobre el ring del Centro Cultural Néstor Kirchner, Macri aludió al ex ministro de Economía, al señalar que está cansado de escuchar a quienes «proponen atajos» y «soluciones mágicas. En la reunión de Gabinete Ampliado y ante sus generales, el Presidente dio un encendido discurso en el que avisó: «Estoy caliente. Siempre me calentó la mentira. Otra vez hay que escuchar a los que proponen atajos, soluciones mágicas que nos desligan del camino de trepar la montaña. Es inaguantable. No lo puedo soportar más».
Pocos le pusieron una ficha de credibilidad a la representación que hizo. Los más opinaron que deberá tomar nuevas lecciones de reciedumbre para mostrarse más natural.

EL AÑO EN QUE MACRI BUSCO A SU HOY ENEMIGO
Pero Macri perdió la memoria. Se olvida que alguna vez él y Lavagna tuvieron vasos comunicantes. Fue en los primeros días de 2013, cuando la orden fue precisa y salió de boca del propio Macri. «Vean hasta dónde pueden llegar». Emilio Monzó y Humberto Schiavoni, entonces responsables del armado nacional de Pro, cumplieron con la indicación del jefe y se reunieron de manera discreta y reservada con Roberto Lavagna, por entonces retirado de la actividad política y deseoso de una candidatura a senador que lo posicionara frente a las elecciones de 2015.
Aquella reunión, cuya sede fue el departamento de Monzó en pleno barrio de Recoleta, también tuvo como protagonista al lavagnista Rodolfo Gil, y fue el puntapié inicial de meses de idas y venidas que estuvieron cerca del acuerdo, pero terminaron en fracaso y caminos separados.
Pero en su fuero íntimo, hay que reconocer que Macri tiene razones valederas para estar caliente. Tienen que ver con sus políticas recesivas. Con la proyección de una inflación anual que en el mejor de los pronósticos superará el 40% para 2019 y 1.750.000 desempleados, tal vez el Presidente esté pensando que lo suyo para mantener el sillón de Rivadavia, será de aquí a octubre, como cruzar el desierto con la cantimplora seca.

VOTOS EN AMBOS LADOS DE LA GRIETA
Tal vez habrá que empezar a acostumbrarse que lo que viene no es un gobierno estrictamente de «buenas noticias», como el que pretendió instalar el jefe de Cambiemos. Será un gobierno que, si es opositor, requerirá de un volumen político robusto y dispuesto a pagar costos importantes. Esa es la mirada que tienen los poderosos hombres de negocios, quien ya no ven en Mauricio Macri el Mesías. Tampoco creen en el «milagro» de Cristina Kirchner. Sueñan con otra salida para la crisis. Más bien, hoy observan con simpatía a Lavagna, un candidato con chances de extender lazos en el peronismo, el radicalismo y el socialismo, es decir, sumando votos en ambos lados de la grieta.
Es además, el personaje que promete el fin del ajuste y que enfatiza en que hay que apostar a la producción para poder empezar a juntar los dólares que garanticen una economía segura. La mayoría de los analistas sostienen que para sacar al país de su peligrosa anemia y ponerlo en el sendero productivo, se requiere en el próximo período de un verdadero cirujano, confiable para el mundo y capaz de orientar la brújula del crecimiento.
A su vez, Lavagna busca desalentar de plano la estrategia disparada desde la Casa Rosada, de que su candidatura incluiría un acuerdo para frenar las investigaciones judiciales. «Terminantemente, no indultaría a los condenados por corrupción», afirmó ante la consulta de un empresario durante su visita a Córdoba donde se reunió con el gobernador Juan Schiaretti. Pero aclaró que las causas de corrupción no deben ser parte de la campaña.
En materia económica, Lavagna fue muy crítico. Sobre el círculo de tasas altas y dólar, tiene en claro que «se revierte con un programa económico integral, porque con el 48% del parque industrial parado y siete millones de desocupados eso no se revierte». «Si la sociedad no cree, ningún plan económico funciona».

OTRO GOLPE LETAL PARA CAMBIEMOS
Ahora desde Alternativa Federal se planificada otro golpe letal para Cambiemos. No solo se continúa con un armado «plural y amplio» de cara a las elecciones. En esa dirección, tanto el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, como el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, deslizaron en las últimas horas la posibilidad de sumar un actor importante al espacio: el diputado nacional Martín Lousteau.
Massa fue el primero que se mostró a favor de incluirlo dentro del sector opositor que integra. «Creo que sería muy importante que forme parte en las primarias, las elecciones o en el gobierno», aseguró.
El líder del Frente Renovador destacó que hay dirigentes valiosos en los distintos partidos políticos y consideró que se debe «tener la grandeza y la generosidad de construir un gobierno de unidad nacional» que potencialmente los incluya. A modo de ejemplo, destacó también a Florencio Randazzo, Rafael Bielsa y Emilio Monzó.
Sin embargo, hay quienes sostienen que al primero que se le ocurrió la posibilidad de armar la fórmula de las dos L, Lavagna-Lousteau fue a Eduardo Duhalde, quien también se convirtió en el fogonero de la candidatura de Marcelo Tinelli a gobernador de Buenos Aires.
Estas jugadas políticas, que no estaban en el tablero del oficialismo, que pensaba en solo polarizar con Cristina, hoy descolocan a la Casa Rosada, que además ve que como sectores clave se están desmarcando del Presidente.
Paradójicamente, también el campo se aleja de Macri y le advirtió que no espere lluvia verde de la cosecha. La debilidad del peso y la desconfianza en la economía empuja a los productores a guardar la soja y liquidarla a lo largo del año. Este es un problema para la Casa Rosada, que necesita un colchón de dólares para llegar a las elecciones sin que se le vuelva a disparar el dólar.
Además, los dirigentes Biolcati, Buzzi, Llambías, Garetto y Miguenz lanzaron duras críticas al Presidente y su plan económico. «Hemos hecho mucho porque llegara al gobierno”, recordaron los popes de las patronales agrarias que rechazaron las retenciones móviles en 2008 y pusieron el grito en el cielo con que Macri favorece a «la timba financiera».

LAS PROFUNDAS HERIDAS DEL 2018
Las causas de por qué se llegó a este escenario tienen una mirada corta. A Macri se le notan en el rostro las profundas heridas que le quedaron de la crisis de abril del 2018, donde se desató la tormenta final. Muchas de aquellas inversiones financieras «amigas» que prometían quedarse, decidieron que era el momento de ejecutar ganancias. Se marcharon del país, dando comienzo a la crisis que aún azota a la Argentina y mostrándole a la Casa Rosada que, en realidad, la promesa de la llegada de capitales productivos al mercado local había sido, ante todo, una ilusión óptica.
Salvo casos puntuales de rentabilidad asegurada y proyección futura como el yacimiento de Vaca Muerta, los dólares reales para infraestructura y producción nunca llegaron. Olivos ya había tomado nota de la realidad. El diálogo con el “Círculo Rojo” empresarial estaba ya maltrecho. Tiene sus motivos. El primero de agosto de ese año el juez Claudio Bonadio abrió la “Causa de los Cuadernos” caratulada como “Fernández, Cristina y otros s/ asociación ilícita”; en la cual los principales empresarios argentinos vinculados a la obra pública, el transporte y la energía, salvo muy contadas excepciones, se vieron directamente involucrados. Al punto de llegar a confesar el pago de coimas a funcionarios del anterior gobierno con nombre, apellido y cargo. En el listado figuraban a pleno los integrantes de ese “Circulo Rojo”.
Desde el primer momento, los empresarios involucrados esperaron el momento en que desde el Ejecutivo se abriera una instancia de protección y comprensión ante las acusaciones y que, de alguna manera, fueran sólo los integrantes del kirchnerismo los señalados responsables de manera directa de los múltiples ilícitos.
Siguiendo esta lógica, en algún momento de la investigación, se esperaba el perdón oficial ante las vicisitudes antiéticas que los empresarios debieron protagonizar durante el kirchnerismo. Pasaron semanas, luego meses, y esta señal nunca llegó. Ni siquiera la amenaza de revivir el infierno macroeconómico que sufrió Brasil a partir de la causa Odebrecht, alertó al oficialismo y provocó cambios de actitud ante los empresarios. Lentamente comenzó a crecer una sensación de “desprotección” entre los privados; hasta que en las últimas horas las sospechas estallaron al límite.

LA SENTENCIA DE DIVORCIO DEL CIRCULO ROJO
El domingo pasado por la noche, en la entrevista al periodista Luis Majul, el Presidente confesó que su padre “formaba parte de un sistema extorsivo del kirchnerismo, en el que para trabajar había que pagar”. Además admitió que “lo que hizo mi padre era un delito”, tema que “hay que evaluarlo mucho” y sobre el que “se encargará la Justicia”. Horas después, el ex abogado de la familia Macri, Luis Conde, dejó descolocado al jefe de Estado, al señalar que quien manejaba Socma, era el propio Mauricio Macri. Entonces resulta válido preguntarse: ¿quién incurrió en delito, Franco o Mauricio?.
La reflexión del “Circulo Rojo” empresarial es terminante: si el Presidente confesó, a pocos días del fallecimiento, que su padre aceptó hechos de corrupción, ¿qué queda para el resto de los integrantes de ese grupo que aún están vivos y que, a diferencia de Franco Macri, y pese a que confesaron ante la justicia el pago de sobornos, pueden pasar un tiempo importante en prisión?
Lo que antes era sensación de desprotección, desde la declaración del domingo fue tomado, abiertamente, como una provocación. Y, para muchos, la sentencia de divorcio con el Presidente.
Lo grave, es que estamos naturalizando todas malas noticias. Desocupación, pobreza, inflación, un dolar indomable, tarifazos, timba financiera, deuda externa, por citar algunos de los males . Son signos de un país que va para abajo. Pero cuidado, que estamos frente .a un polvorín social que puede implosionar en cualquier momento. Y encima, si tenemos un presidente caliente ¿qué queda para la gente que se banca a duras penas sus medidas?.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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