13/04/2017 | 12:30

El peligroso plan de Macri para poner fin a los piquetes e ir por los “gordos” de la CGT


El peligroso plan de Macri para poner fin a los piquetes e ir por los “gordos” de la CGT

*Por Jorge Joury| Después de varios meses de zozobra, donde soportó más de 1.100 cortes de calles y piquetes, el Gobierno recibió con alivio la llegada de las brisas de abril. La marcha del 1A a favor de la democracia y el desalojo exitoso de los carriles de la Panamericana durante el paro, le dieron aire a Macri y le marcaron otro camino.

Lo mismo ocurrió con los cuestionamientos hacia la CGT y algunos aprietes bochornosos, que brotaron de la dirigencia gremial, como el del taxista Omar Viviani. Todo vino como anillo al dedo, para envalentonar al Presidente.

La idea de ahora en más que se elucubra desde la Casa Rosada, es empezar a marcarle la cancha a la protesta con mano firme. Para ello, se utilizará la táctica del “endurecimiento”. La finalidad, es abroquelar al núcleo puro del votante PRO, que venía observando con decepción, demasiada pasividad departe del Poder Ejecutivo. No obstante, la represión con gas pimienta y palos, desatada el domingo por la noche contra los maestros que intentaban montar una carpa blanca frente al Congreso, no fue una buena señal. Lo que hizo, fue disparar las alarmas de la oposición y la obligó a ponerse en guardia. La respuesta gremial, fue con un paro nacional docente. La utilización desmedida de la fuerza, fue un tremendo error político del Gobierno que tenía resuelto el conflicto docente, con María Eugenia Vidal como la gran ganadora. Pero, finalmente los hechos violentos de la noche de los guardapolvos blancos, terminaron victimizando a Roberto Baradel. El riesgo de la confrontación, de tornarse permanente, es grande. Obliga a todos a redoblar la apuesta y jugar al máximo. Las últimas movidas del oficialismo y del kirchnerismo dejaron en evidencia que la pulseada salarial de los docentes se convirtió en el escenario más adecuado para forzar una polarización, cuyo desenlace podría darse en las elecciones legislativas de octubre.

Es evidente, que el Gobierno muestra intención de profundizar un plan para mantener liberada la calle con el uso de la fuerza, en el caso de ser necesario. Hay quienes aseguran, que se está evaluando la compra de grúas o elementos para remover y secuestrar vehículos con mayor celeridad. También incorporarían dispositivos que emiten un sonido insoportable para el oído humano y provoca en pocos minutos la dispersión de los activistas. Y otros que disparan chorros de espuma que se endurece en el acto y permite que los manifestantes sean reducidos con facilidad por las fuerzas del orden.

En los pasillos de la Casa Rosada, se comenta que Macri pidió a sus ministros, al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta y a la gobernadora María Eugenia Vidal, desarrollar un plan con dos frentes muy concretos. Por un lado, transitar el camino legal. Es decir, aplicar la estrategia judicial y presentarse como querellantes ante cualquier situación de desborde. Una prueba de ello, es la causa del corte en la Panamericana el día del paro general, donde se aportaron ante la justicia videos y fotos. Allí, se observa el uso de armas no convencionales, llámese lanzas, bolsas con botellas preparadas tipo bombas molotov y palos de todas las categorías. La estrategia del oficialismo, es demostrar que esos sectores, lo que buscan es la violencia para generar el caos. Por otro lado, se planteó reforzar la presencia de las fuerzas de seguridad ante cada piquete y actuar en caso de que sea necesario,aunque no sin antes agotar el diálogo.

MENSAJE CON TENEDOR Y CUCHILLO

La movida, quedó en claro en el mensaje contundente de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. El telegrama salió de la mesa de Mirtha Legrand. Después de saborear unas cuantas copas de vino y ser blanco de la ironía en las redes sociales, la funcionaria señaló sin tapujos, que “este es un Gobierno que quiere hacer cumplir la ley a fondo y la única forma de mantener la paz social es terminar con los grupos violentos”. Bulrrich contó en las últimas horas que Macri juntó a sus ministros y les dijo que no quiere blandos en su gobierno. Más claro, echale agua.

La intención de la Casa Rosada, es mostrar que los piquetes serán seguidos también con el aliento en la nuca en el terreno judicial. Lo que se pretende, es disuadir a los revoltosos y poner fin a la violencia. La orden para todos los funcionarios, es alinearse con la estrategia de Patricia Bullrich, garantizar la libre circulación de los ciudadanos y de ser necesario, repetir la estrategia del uso de la fuerza dosificado.

Macri está convencido que con “responsabilidad y cuidado”, el resultado del operativo antipiquete que se puso en práctica el día del paro de la CGT, fue una suerte de cabecera de playa eficaz. Será la metodología a seguir por todas las fuerzas de seguridad del país. En esa dirección, el Gobierno quiere aprovechar algunas encuestas reservadas que lo favorecen. Fueron realizadas después de la “marcha de la democracia” y tienen que ver con que la opinión mayoritaria de la gente es ver despejada la calle para transitar en paz, aunque sea mediante el uso de la fuerza, a través de la Gendarmería o la policía. De acuerdo a esos números, el endurecimiento del gobierno tiene que ver con el respaldo de la gente, que excede al electorado de Cambiemos. En ese segmento, un 63% rechaza los cortes de rutas y calles, contra un 36% que los acepta. Ante la pregunta sobre la liberación del tránsito frente a una marcha o protesta, el 66% se pronunció a favor y el 30% en contra. En lo que tiene que ver con el uso de la represión a los manifestantes que no levanten los cortes, un 37% se mostró a favor y un 58% en contra. Y sobre la represión, aún con la presencia de mujeres y niños, un 21% a favor y un 71% en contra.

Tal vez, la mano dura con los maestros en el Congreso, sea la demostración de un cambio de actitud departe de Rodríguez Larreta, quien se había mostrado anteriormente blando con los piquetes. “Esto va a continuar, porque la gente que nos votó nos exige que la defendamos”, señaló un alto funcionario porteño.

MACRI CON PINTURA DE GUERRA

Por lo que se observa, el estilo confrontativo en el gobierno, llegó para quedarse. Se notó cuando el Presidente inauguró la esgrima verbal, aludiendo a “sindicalistas mafiosos”. Lo hizo durante el acto en el Salón Blanco y en presencia de los dirigentes Gerardo Martínez y José Luis Lingeri, ubicados en la primera fila.También, el tono guerrero lo utilizó en el Congreso el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Fue cuando tiró a la cabeza del FPV, pidiendo que se hicieran cargo de los desaciertos que cometieron durante la gestión. La misma actitud, también se ve todas las noches en la pantalla caliente de los programas políticos de la tele, donde la dirigencia de Cambiemos ha uniformado el discurso, devolviendo sin vueltas, los cachetazos que vienen de la oposición.

Como se hizo durante el gobierno de Raúl Alfonsín, el oficialismo además apuntará a partir de ahora a meter bisturí a fondo en los sectores gremiales. Una primera avanzada, podría ser regulando el funcionamiento de los sindicatos o descontándoles los días sin clases a los docentes que se plegaron al paro. Hay antecedentes sobre estas guapezas.

El 21 de diciembre de 1983, once días después de asumir como presidente, Raúl Alfonsín envió al Congreso lo que luego se conoció como el proyecto Mucci. Llevaba el nombre del ministro de Trabajo de aquel entonces, un delegado gráfico de Avellaneda, que siempre había mostrado interés en terminar con la hegemonia del peronismo en los gremios. Era una suerte de “reordenamiento sindical”. El ex presidente, lo hizo en el momento que gozaba de plena popularidad y por primera vez había derrotado en las urnas al peronismo. Pero le fue mal y la movida terminó unificando al justicialismo en un bloque compacto.

Macri también corre ese riesgo. Podría firmar hoy la normalización de las elecciones sindicales, limitar los períodos de reelección y representación de las minorías cuando obtuvieran el 25% de los votos. Algunos señalan que también el objetivo final, sería ir por los “gordos” de la CGT. El Presidente ha puesto la mira en Omar Viviani, el dirigente que inexplicablemente mandó a dar vuelta los taxis de los que no se plegasen al paro nacional. En la misma dirección, María Eugenia Vidal le apunta a Roberto Baradel. Ambos gremialistas son adversarios ideales, porque gozan de mala imagen. Además, sugestivamente y a modo de castigo, se estarían demorando algo que despierta escozor y hace temblar los bolsillos: las remesas de dinero del Estado hacia las obras sociales, el órgano más sensible del cuerpo gremial.

DIRIGENTES RICOS Y ETERNOS

El escenario sindical, hoy goza de poco prestigio. La mayoría de los líderes tienen edades superiores a los 70 años y no dejan espacio al resurgimiento de nuevos dirigentes. Muchos de ellos causan rechazo, al llegar a las reuniones a bordo de los Audi y Mercedes Benz. También ocultan sus declaraciones juradas de bienes, para que no nos enteremos cuánto se han enriquecido, aunque se da por sentado que les ha ido muy bien en la vida.

La pregunta que emerge por estas horas, es si: ¿ Macri está dispuesto, ahora que se siente fortalecido, a cañonear al universo sindical de los Viviani, los Barrionuevo o los Moyano?. Aún no lo sabemos. Lo cierto es, que funcionarios
y legisladores se atajan de la nueva política de rigor empleada por el Gobierno. Señalan que la pirotecnia discursiva obecede a devolver “gentilezas” que vienen con total agresividad desde hace meses del lado del kirchnerismo.

Marzo fue una prueba cabal de la conflictividad enfocada en debilitar las defensas de Macri. El denominado “club del helicóptero”, que se llevó puesto al gobierno de Fernando De la Rúa, tuvo notable protagonismo, sin advertir que la comunidad en su mayoría rechaza de manera contundente la teoría de volver al pasado y repetir fracasos.

El oficialismo, parece haber coagulado esos embates. De aquí a octubre, se propone tomar la iniciativa con la rienda corta. Para ello, deberá evitar caer en la confrontación permanente. No debe olvidar los postulados de diálogo y consenso que fueron marca registrada en Cambiemos y que los llevó a derrotar al kirchnerismo.

Frente a la decisión de mantener una imagen de mayor fortaleza, algunas primeras espadas del Gobierno advierten sobre los límites de la estrategia. Dicen haber llegado hasta acá y ganando elecciones, sin confrontar con nadie.

Advierten que la nueva táctica puede terminar con el alejamiento de la gente, que puede ver el escenario como una pelea entre políticos y luego castigar en las urnas. Macri cree, que a partir de ahora recibirá el ímpetu de una mejora económica, que los indicadores aún no exhiben. El equipo económico del Frente Renovador le acaba de recordar al Presidente, que desde que asumió, la inflación trepó al 54,1%. Para pronosticar un salvador triunfo del Gobierno en octubre, resta que la brisa de abril termine en la prometida lluvia de brotes verdes. Macri hoy tiene la convicción de que dobló la curva en la peor etapa del año, pero no se debe alejar del GPS, porque la carrera recién va por un tercio del recorrido.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com.

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