*Por Jorge Joury

En el país de la emergencia alimentaria y con cada vez mayor número de pobres, el intendente de Quilmes, Martiniano Molina encontró la receta perfecta para salir de la crisis. Molina, rápido de reflejos, elevó su sueldo en un 70%. Con su nuevo «salariazo» ahora pasará a cobrar 620 mil pesos, casi el doble de lo que percibe el presidente Mauricio Macri.

Molina seguramente ignora que vive en una Argentina con un tercio de la sociedad pobre, la mitad de los chicos menores de edad hundidos en el peor de los males: la miseria ya no solo alimentaria, sino educativa; el sistema de salud pauperizado, una inflación que destroza precios, poder adquisitivo y proyección de futuro. 

El aumento de haberes quedó detallado en la nómina salarial de la Municipalidad de Quilmes. Según se supo en fuentes confiables,  en julio pasado el intendente de Cambiemos percibió 623.666,51 pesos, frente a los 385.608,52 que había cobrado el mes anterior.

Ante la conmoción que provocó la noticia, voceros de la comuna salieron a desmentir que el cocinero se haya aumentado el sueldo. Es más, trataron de dibujar que esa diferencia entre un mes y otro se debió “al cobro del aguinaldo”. Si esto hubiera sido así, el monto de ese beneficio de mitad de año hubiese sido la mitad del mejor salario cobrado hasta ese mes, no prácticamente el doble.

En la plantilla de empleados, la noticia levantó olas, ya que Molina había anunciado un bono de 5 mil pesos, un valor que no llega a ser ni una cuarta parte del salario mínimo promedio de un municipal y que es 50 veces menor al aumento que se le otorgó al alcalde.

La mejora salarial es de tal envergadura, que supera el sueldo que se otorgó la gobernadora María Eugenia Vidal en agosto pasado, cuando lo incrementó de 80 mil a 167 mil pesos. Y lo que es más llamativo, supera el del máximo cargo político del país: mientras el presidente Mauricio Macri cobra un cuarto de millón de pesos, Martiniano percibe más de medio millón de pesos.

En Quilmes las aguas bajan turbias. Se señala que este “salariazo” no es la única excentricidad de Molina. El mes pasado, en medio de la campaña para las PASO, anunció su decisión de promocionar el turismo internacional en los barrios más pobres de Quilmes. “Yo me acuerdo haber ido a la Rocinha hace muchos años como turista, en Río. La verdad que estuvo buenísimo”, argumentó el lord mayor de los condimentos, ganándose el repudio en todos los medios.

Su insólita propuesta, fue convertir la Villa Itatí, de Bernal, en un “polo turístico” en el que los extranjeros podrán pasear por allí y tener la posibilidad de ver “un montón de familias que trabajan, que se esfuerzan, que muestran su cultura, sus costumbres, su alimento, cultura de origen”.

Como si fuera poco, el «salariazo» de Molina llega en momentos en que Quilmes es una de las comunas del sur del conurbano bonaerense más golpeados por las política económica de Cambiemos. De hecho, una de sus más emblemáticas industrias, la papelera Ansabo, cerró sus puertas hace semanas y los trabajadores despedidos encabezaron multitudinarias protestas tanto en ese distrito como en la ciudad de Buenos Aires.

En la última protesta, que tuvo lugar en el Puente Pueyrredón, los trabajadores cuestionaron públicamente a Martiniano Molina por hacer oídos sordos a sus reclamos de intervención en el conflicto.Si había algo le faltaba a Molina, era cocinar un escándalo de proporciones en vísperas de una elección. Lo que se dice, un verdadero pelotazo en contra que provoca indignación masiva en la población.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.

Jorge Joury