Todos vimos hace horas por televisión como un peatón furioso blandiendo un fierro destruía el parabrisas de un micro que lo encerró a través de una mala maniobra.

Es la postal de una sociedad que está crispada, después de 100 días de aislamiento, debatiéndose en medio de la otra pandemia, la de los nervios, la de la incertidumbre, la de no saber lo que nos espera al final del túnel.

Los ánimos se exacerban a punto tal, que 8 de cada 10 personas sufren alteraciones psicológicas, según lo resaltó un estudio reciente de la Facultad de Psicología de la UBA. Para calmar las aguas,  los especialistas sostienen que el Presidente debería anunciar cuanto antes un plan económico. Eso le permitiría a AF tomar definitivamente el comando del barco y consolidar los niveles de aceptación que le dieron las encuestas.

Lo vengo sosteniendo hace tiempo a través de mis artículos. No sólo con anuncios de nuevos confinamientos se construye el futuro, sino con certezas.

No estoy hablando de cuánto tiempo durará la guerra, sino de qué manera se hará la reconstrucción del tejido productivo.El mayor problema de la estrategia de Alberto Fernández, es que no alumbra con sus mensajes un horizonte de salida. No hay una fecha tentativa; ni actividades pensadas para transitar el encierro ni alternativas comerciales para combatir la recesión galopante. No hay remedio que pueda evitar el cierre traumático de comercios, además del 60% de restoranes argentinos que van al muere y dejarán miles de personas sin trabajo.

El informe del Fondo Monetario no sólo señaló esta semana que la economía caerá cerca de un 10% este año. También ubicó a la Argentina entre los seis países que menos crecerá en 2021, cuando los efectos de la pandemia empiecen a ser un espantoso recuerdo. Para el economista Jorge Sarghini, que fue una de las espadas de Roberto Lavagna, volver a poner de pie a la Argentina, al menos llevará diez años.

El Presidente debe entender que son  tiempos de mecha corta, como ha dicho algún pensador contemporáneo. El reclamo está a flor de piel y los gobernantes deben tener el olfato agudizado, ahora que han decidido prohibir por un tiempo el ejercicio insolente de correr en las calles o de salvar el comercio con el que muchos soñaron ganarse la vida.

El rumor que traspone los muros de Olivos, señala que Alberto dio otro mensaje de apoyo al ministro Martín Guzmán en la negociación de la deuda y le pidió que prepare una suerte de plan revivir para cuando termine la pandemia. El Presidente mandó esa señal, para desterrar presiones del denominado «círculo rojo» que desata tempestades en busca de una salida.

La opinión en la UIA, la voracidad de los banqueros de ADEBA y la influyente Asociación Empresaria es coincidente: el diagnóstico económico pone los pelos de punta.La radiografía de la crisis permite ver detrás del cristal, que Argentina entró en una recesión inédita, continúa en default, el déficit fiscal es infinito, existe una brecha cambiaria enorme y la monumental emisión monetaria es lo único que reactivó en la economía.

La Casa de la Moneda trabaja las 24 horas en tres turnos para no aflojar la emisión. La necesidad de billetes es tan abrumadora que esta semana hubo alarma y preocupación en el BCRA por un obligatorio freno a las máquinas de hacer moneda.

El alerta ocurrió porque el Covid contagió a operarios y eso obligó a frenar la impresión de billetes en la planta de la ex Ciccone.
Miguel Acevedo, el jefe de los industriales, insiste: “No tenemos que romper el diálogo con la Casa Rosada, porque lo que viene es difícil”.

Lo que se comenta por estas horas es que existen innumerables encuentros para intentar proponer un plan de crisis a la Casa Rosada. Luis Barrionuevo lo opera desde la CGT y del diálogo participan jerarcas de la UIA e importantes hombres de negocios. También son figuras de consulta Roberto Lavagna y Martín Redrado.

Hay quienes señalan que la intención de este grupo sería elaborar un programa económico y lograr un consenso para su aplicación. Los personajes que comandan la «operación revivir» creen que  “la tormenta perfecta” abre una oportunidad para aplicar un modelo de crecimiento. El fogonero más tenaz es Roberto Lavagna, que mantiene un diálogo fluido con el Presidente. Volvieron a hablar después del almuerzo en Olivos. Fernández aviva el fuego de estas ideas para sacarse la presión del kirchnerismo duro.

Lo que viene es duro por donde se lo mire. UNICEF advierte que, en diciembre próximo, 7,8 millones de chicos argentinos no tendrán con qué festejar la Navidad. El Registro Nacional de Barrios Populares de Argentina indica que 4,2 millones de personas viven en lugares precarios; solo una persona de cada diez tiene cloacas y acceso al agua corriente. Poco les sirve aprender a lavarse las manos.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la economía argentina caerá 8,2% en 2020, si la pandemia logra seguir controlada; pero hasta un 10%, si luego de una primavera sanitaria, el país entre en una segunda ola de COVID-19.

Los cien días  de esta guerra nos encuentran con más de 50.000 casos, casi 14.000 recuperados y más de 1.100 fallecidos, en una tasa del 3% de letalidad.  Los despidos sin justa causa están prohibidos, al menos, hasta el 31 de julio. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) prevé que en Argentina se perderían entre 750.500 y 852.500 empleos en 2020.  Muchos hogares están integrados por personas que se dedican al menudeo, la venta ambulante, la plomería, la electricidad, la albañilería, el servicio doméstico, tareas que se diluyeron con la pandemia.

Por el momento es bueno lavarse las manos para evitar el contagio. Pero también es hora de ir pensando como se pone manos a la obra, para reconstruir sobre las ruinas que dejará la guerra.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    

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