¿Quién no recuerda aquel histórico debate televisivo en donde se jugaba gran parte de las aspiraciones de uno y otro candidato?.¿Quién decía lo que sucedería si ganaba Macri y quién lo desmentía con palabras vacías y sofismas?.¿En qué te has convertido, Daniel?. Parecés un panelista de 678…

Disparó aquella vez un Mauricio Macri entusiasta y exultante hacia Scioli, mientras prometía entre otras cosas: pobreza cero. También decía que la inflación era fácil de domar, además de adularse con poder terminar con nuestras pesadillas de décadas, porque contaba con «el mejor equipo de los últimos 50 años».

Un Macri que a esta altura del camino, ni siquiera logró que los brotes verdes crecieran en el acotado territorio de una maceta. Un Macri que endeudó al país en una cifra monumetal e histórica, como nunca se ha visto.

Un Macri que nos colocó en el podio más alto del tristemente célebre ranking de los países más frágiles, con un riesgo país que pisó los 2.000 puntos. Hoy, con este escenario, paradójicamente parece que el fantasma de Daniel Scioli volvió para cobrarse de manera rotunda aquella factura que el ingeniero optimista le pasó durante aquel debate. 

Hoy todos nos preguntamos: ¿Cuál es el verdadero Mauricio Macri? ¿El que culpó a la oposición por la disparada del dólar, el riesgo país, la caída de las bolsas y todos los males económicos? ¿El funcionario que apenas reconoció la derrota el domingo mandó a todos a dormir? ¿O el de hoy, que pide disculpas, dispone medidas para sectores vulnerables y para las pymes y busca ganar oxígeno hasta octubre? .

Esas medidas,tendrán un costo fiscal de 40 mil millones de pesos, que no se aclaró de dónde saldrán.

El lunes vimos un presidente patético, tratando de tapar el sol con la mano con tal de mantenerse vivo en campaña y querer meter miedo con la vuelta del kirchnerismo. Ese yo o el caos, lo que hizo, fue activar los mecanismos de una bomba de tiempo que puede ser letal para su propio futuro.

Por estas horas,  la desestabilización financiera y cambiaria está paralizando la economía. No solo la desconfianza de los inversores se disparó a la par del dólar estadounidense, sino que el Riesgo País pisó los 2.000 puntos. Se ubica en su nivel más alto en una década, superando incluso el número récord al que arribó el lunes pasado. El dólar vuela por los 63 pesos y los precios en las góndolas han subido entre un 20 y un 30% y otros escasean a la espera de nuevas listas.  

En líndo baile nos ha metido Mauricio, quien para evitar desbordes emocionales y ocultar su estado de ánimo, leyó esta mañana el discurso ayudado por un telepromter, con el ánimo de calmar a los mercados que él mismo despertó dándole de comer a los buitres.

Además de informar que si duerme mal deja al descubierto que pierde noción de la realidad, como el domingo cuando recibió el tremendo cachetazo en las urnas y no hizo otra cosa que reiterar la línea argumental de su gobierno.

No cambió nada de la concepción y de la política que derivó en una crisis de proporciones .Volvió a poner sobre el escenario que recibió una pesada herencia, que exigió mucho a la población, que la mayoría no lo pudo acompañar y que necesita más tiempo para seguir haciendo lo mismo que ha derrumbado a la economía. 

Y como si fuera poco, insistió con la misma estrategia electoral de aplicar una dosis adicional de populismo “bueno” , como en los meses previos a las elecciones de 2017 y las PASO 2019. Las mismas medidas son irrelevantes, solo parches, si el escenario político ha cambiado con un rival que está pisando los umbrales de la casa Rosada. 

El Presidente debe aceptar que la realidad política se alteró y hasta quienes confiaban en él a nivel internacional, por ejemplo el influyente Financial Times, la biblia de los inversores, ayer ya le puso fecha de vencimiento.

Congelar tarifas, en este caso la de los combustibles, y entregar pocos recursos a sectores altamente castigados a lo largo de tres años y medio de gobierno, son medidas escasas anunciadas por una alianza a la que se le ha evaporado su poder y legitimidad con el resultado de las PASO.

Como si no hubiese pasado nada en las urnas, Macri  por estas horas se victimiza. Insiste con el discurso deshilachado que le aconsejó esta verz el devaluado Durán Barba. Reconoce que cometió un error, redobla la apuesta diciendo que lo que hizo estuvo bien y que la culpa es de la población que no tiene aguante, vuelve con la misma receta económica. Sigue proponiendo lo que ya pocos le creen, que el camino para el país es el que él ordena.

Representa un tarde piaste, para una economía real desquiciada y una corrida cambiaria de alto riesgo. Macri lo único que volvió a demostrar, es que continúa en campaña electoral.Ni siquiera mencionó a Alberto Fernández ni al Frente de Todos.

Hizo una convocatoria general sin precisar que con quien tiene que hablar es con uno solo de los candidatos. Y no lo hizo ni lo invita públicamente a reunirse. Ni siquiera le hizo caso a sus socios radicales, que le indicaron que es hora de abrir las puertas al diálogo para evitar males mayores.

La responsabilidad de agudizar esta fase de la crisis de la economía macrista tiene en este mensaje vacío de credibilidad, un elemento clave. Contiene todos los factores para acelerar la caída. Se notó a las claras, simulación del arrepentimiento por lo que dijo. Hubo ratificación de la política económica y distribución de una propina subestimando al electorado que lo castigó en las urnas. 

Y si observamos el frente financiero, lo que hace es ayudar a agudizar la vulnerabilidad porque la crisis de la economía macrista es la manifestación de la disputa por los recursos fiscales entre el pago de los intereses de la deuda y el resto de las partidas del presupuesto nacional, y también de la puja por los dólares disponibles en el Banco Central entre los acreedores y el resto de la sociedad.

Si esto continúa así, el Banco Central perderá gran parte de las reservas y dejará al próximo gobierno, al suyo o al que ratifiquen las urnas, en un estado de vulnerabilidad extrema que lo coloca al borde del default.
Las medidas económicas presentadas por Macri  como un alivio, aparecen como exiguas para el bolsillo de la mayoría.

Se corre el peligro de que el shock inflacionario pulverice ese dinero en el corto plazo. Solo alimentará  la corrida de los grandes jugadores de las finanzas globales invitados a participar del casino financiero de la economía amarilla. 

Macri en cambio, nada dijo respecto de sus amigos «los mercados» ni internos y externos aquellos «sensibles y desconfiados» por el resultado electoral de las PASO que colocaron al opositor Alberto Fernández como el presidenciable más votado, y que son los que marcaron el ritmo de la agenda y las decisiones de su gobierno más preocupado por el déficit cero que por la pobreza cero.

Los paliativos que anunció hoy el Presidente, son un paso, tardío, insuficiente para la dinámica de aceleración inflacionaria que disparó la devaluacion del 25% de esta semana, y no solo se puede fagocitar los anuncios de mejoras en tiempo récord sino que abren otro frente acerca de los recursos fiscales para cumplir ese plan.

Como contrapartida, también  se aleja de su tan preciada meta de equilibrio fiscal. En eso también, el Presidente parece haber abdicado.  
En tiempo de descuento, Macri aún está a tiempo de dialogar con la oposición para buscar una salida a la crisis. Pero antes, tiene  que asimilar en su fuero íntimo que el domingo en las urnas la ciudadanía castigó tres años de soberbia optimista.

De recesión imparable, de apriete y angustia, de sofocación donde la inflación impedía llegar al presupuesto a fin de mes. Tres años sin autocrítica, sin pedir la ayuda de la oposición, ni mostrar sensibilidad ante el aumento de la pobreza, pese a las promesas permanentes de que ganaríamos el paraíso y llegaríamos a la tierra prometida de los brotes verdes si seguíamos con las recetas del FMI, los consejos de Donald Trump y nos insertábamos en el mundo desarrollado que nos abría las puertas. Nada de eso está sucediendo.

Para Macri, ahora será difícil abonar de manera fértil en estos 71 días que faltan para octubre, las tierras amarillas del ¡Si se puede!. De todas maneras, en el país de las sorpresas los imposibles no existen. Recemos para que el plan manotazo, traiga un poco de calma.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    

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