Desde una perspectiva novedosa la Fundación Internacional para el Desarrollo Local tomó el tema en un nuevo seminario virtual. Se desarrolló esta tarde bajo el título de «Seguridad vial: Prevención, conciencia ciudadana y perspectiva de género».

«Andá a lavar los platos». Con esa frase estigmatizante graficó Daniel González el motivo del tratamiento del tema desde una perspectiva de género.

El tesorero de FInDeL y miembro del Consejo de Administración del Hospital El Cruce-Néstor Kirchner abrió la jornada. Explicó que si bien las mujeres «manejan colectivos, taxis, motos; actividades que antes parecían supeditadas a los hombres», es necesario revisar su visibilidad en el espacio público.

En ese sentido Alejandro Mascioli, subsecretario de Seguridad Vial de la Municipalidad de Florencio Varela, dio algunas precisiones. El moderador informó que «en el municipio la mujer tiene una participación creciente en la emisión de licencias de conducir. Pero aún no se revirtió la tendencia, porque el hombre la supera en una relación de 4 a 1. En el año se emitieron 4 mil licencias de mujeres contra 22 mil para varones. Todavía hay una desigualdad bastante notoria».

Señaló que «hay prejuicios sobre las habilidades de conducción de las mujeres». Sin embargo, «los datos nos marcan un panorama distinto. La incidencia en siniestros viales es mayoritariamente masculina». Por eso advirtió que «resta mucho camino por recorrer para lograr la igualdad».

Todos coincidieron en la importancia de la educación en esta problemática. En ese sentido el funcionario recordó que «en Varela en 1997 Julio Pereyra implementó un programa novedoso. Los chicos de 4 grado recibían capacitación teórica y salían a la calle en roles de inspectores viales. Al infractor le labraban una boleta de la vergüenza ante incumplimientos. Hoy se desarrolló más el área, abarca todos los niveles educativos».

A su turno Romina Pérez, jueza de Faltas de Florencio Varela y docente de la UNAJ, dijo que hay que construir «un espacio vial libre de discriminación y violencia».

Y para ello señaló que «hay que desmitificar y desnaturalizar. Hay una creencia en torno a que las mujeres somos malas conductoras. Y está fuertemente arraigada en la sociedad».

Sin embargo, explicó que «no tenemos una predisposición genética a ocupar el asiento del acompañante. Es un mito sexista que no se condice con la realidad estadística».

En ese sentido señaló que las mujeres «cometen menos infracciones y respetan más la normativa vial. El ministerio de Transporte informa que solamente un 22% de siniestros viales es protagonizado por mujeres. Luchemos por la vida informa que en CABA las mujeres usan más el cinturón, menos el celular, respetan el semáforo en rojo y en bicicleta usan el casco en un 60% más que los varones».

«Pero hay una construcción simbólica en torno a que las mujeres somos malas conductoras», agregó.

La abogada explicó que esto «tiene que ver con los roles de género. La Corte Interamericana de Derechos Humanos los llama estereotipos de género. Estos roles se van reproduciendo en muchos escenarios. Por ejemplo en las publicidades de automóviles. Están protagonizadas por hombres exclusivamente. La mujer aparece como una conquista». Agregó que «el estado también hace su parte»; y «si se rompe el auto hay que ir al mecánico que es un santuario de hombres. Nos invisibilizan. ¿No nos ven? Nosotras también manejamos. No nos están viendo de una manera equitativa».

Por todas estas razones señaló que «necesitamos un cambio colectivo. Andá a lavar los platos encierra una carga muy potente. Es decir salí del espacio público. Es una connotación muy violenta».

Por eso enfatizó que «es necesario que las políticas públicas sean protagonizadas con equidad. En el Ministerio de Transporte son todos hombres. Es necesaria la capacitación en género de todos los actores».

Y finalizó diciendo que «el espacio vial debe ser seguro, pero también libre de discriminación y de violencia».

Por su parte Carlos Rey presidente de la Asociación de Justicia Municipal Bonaerense, se refirió a la siniestralidad vial.

Contó que «en 1886 se patenta el primer vehículo automotor, que revoluciona la historia de la humanidad. Pero también trajo la contaminación, el ruido, la saturación de los espacios urbanos y mucho más grave, la siniestralidad».

En ese sentido explicó que «en 2004 la OMS tildó a la siniestralidad vial como epidemia mundial. Es decir, pandemia. Se pronostica que en los próximos años va a ser uno de los problemas más significativos del mundo, junto con las enfermedades mentales. Ya es la primera en cuanto a años perdidos de vida. Del millón 300 mil que mueren por año, en su gran mayoría son jóvenes, con un gran potencial de vida por delante».

Sin embargo, el especialista señaló que «a diferencia de los demás, son fenómenos evitables. Hay países que aplicaron políticas públicas y redujeron significativamente esta epidemia».

Y dio el ejemplo de España, que «en 1990 nos superaba en siniestros. Mientras Argentina se mantiene en el mismo nivel, España logró reducir significativamente el número de muertes».

Señaló que «las causas obedecen a 3 circunstancias: el vehículo, el entorno y el factor humano. El último se lleva entre un 70 y un 90%».

En cuanto al vehículo, detalló que «se progresó mucho en seguridad activa y pasiva. Pero tenemos un parque móvil de mucha antigüedad, con un promedio de 12 años. Una buena medida es el control técnico vehicular».

Respecto a la vía son muchas las medidas que se pueden implementar. Mencionó la «sincronización entre los encargados de la iluminación y los de seguridad vial en los  municipios. Está constatado que la mortalidad de los peatones puede disminuir si en los pasos peatonales se potenciara la iluminación. La señalización es otra de las grandes deudas en nuestro país».

Finalmente respecto a las faltas de tránsito apuntó que «El modelo sancionatorio estuvo vigente durante cientos de años. Pero demostró su ineficacia porque era necesario que sean cada vez más duras, y aún así se repetían las conductas. En los últimos años se le ha ido agregando un cariz educativo con la incorporación de la conciencia del riesgo vial».

Para ello señaló los «cursos de reeducación, muy vigentes en España. El sistema de scoring trajo buenos resultados. Es decir, que se puedan recuperar los puntos con cursos de sensibilización. Que se tome conciencia del riesgo».

Finalizó diciendo que «la estrategia de este modelo parte de la base de que el usuario de la vía pública tiene que tomar conciencia y respetar las normas no porque lo van a sancionar sino por su propia seguridad».

Liliana Lopez