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*Por Jorge Joury

Si algo hará de aquí en más Mauricio Macri, después de anunciar en Estados Unidos que irá por la reelección en el 2019, es cuidar a su estrella rutilante: María Eugenia Vidal. A esta altura, nadie duda que la gobernadora es la dama de la victoria en el tablero del Presidente. La que resguarda los votos de Cambiemos en la Provincia que define una elección. No obstante, los dirigentes de la oposición aseguran que Vidal ya no está blindada. El Presidente viene en picada en las encuestas y también arrastra a la gobernadora. La radiografía del conurbano es por estas horas muy adversa al oficialismo, por los efectos de la pobreza creciente y la falta de trabajo. De allí que crean que es el momento adecuado para empezar a presentar batalla. Muchos peronistas, que hasta hace poco aseguraban que Vidal era imbatible, comienzan a tejer estrategias para recuperar el viejo bastión donde reinaron durante décadas. A diferencia de la pelea presidencial, para la gobernación en la plantilla electoral no hay ballotaje y se gana por apenas un voto.
A horas de que aterricen en el escenario los dolorosos números oficiales de la pobreza, que según fuentes confiables serán letales en el Gran Buenos Aires, el oficialismo se prepara para recibir otro cachetazo del que le resultará duro reponerse. Vidal sabe que octubre será un mes rojo en el calendario, donde el malhumor social puede desatar momentos amargos. De allí que esté trabajando contra reloj tratando de tejer una malla de contención con las iglesias. Tanto la católica como la evangélica, la están ayudando a armar un sistema de reparto de bolsas de comida por los barrios más humildes, de manera tal que la situación no se desmadre.
En esa dirección, el peronismo está haciendo fuerza para declarar la emergencia alimentaria en todo el territorio. Ya lo lograron en La Matanza y Moreno con acuerdos en los Concejos Deliberante. Observando el panorama, los caciques del conurbano están tomando ímpetu. Algunos sostienen que si bien “no estamos diciendo que ganamos, pero ya no es imposible pensar en un triunfo”. Los alcaldes tienen buen olfato y palpan la realidad mejor que nadie.
Son los pobladores los que golpean las puertas de sus municipios todos los días para patentizar sus penurias. “Acá la clase media viene todos los días con las boletas de servicios en la mano porque ya no pueden pagar y la clase baja viene a pedir los bolsones de alimentos”, coinciden los jefes distritales.
Según las encuestas que encargan semana a semana, aseguran que la imagen positiva de Macri en las localidades con mayor cantidad de votantes oscila entre el 25 y 28%. “Vidal está apenas siempre tres o cuatro puntos arriba”, manifiestan.
A todo esto, Vidal no quiere hablar del 2019. Sostiene que primero hay que sortear la emergencia. En el mismo camino que el Presidente está convencida que después de marzo puede haber una mejora en la economía que se refleje en el bolsillo de la gente. Pero en la residencia de la calle 6 en La Plata, sus primeras espadas ya hacen cálculos. No se imaginan una campaña de la gobernadora sin frentes de tormenta. Admiten que hoy los funcionarios tienen miedo al timbreo y el escrache. La frase: “nos estamos cagando de hambre” arrancó en Florencio Varela, replicó en Quilmes, en Tigre y en otros lugares del Gran Buenos Aires, donde la calle se está poniendo pesada por los efectos de la inflación y la falta de trabajo. Hoy por lo bajo los mismos funcionarios bonaerenses reconocen que perdieron votos y que llegar al 50% es impensado.
Los intendentes se envalentonan y aseguran que con un candidato “que no reste votos y con una crisis económica que no muestre recuperación en las clases más castigadas”, la elección puede ser de ellos. Y recuerdan: “En 2015 Vidal sacó 39% contra Aníbal que sacó 35%. Nosotros no vamos a tener un candidato peor y no hay dudas de que ellos perdieron votantes”.
En ese marco, Cristina envió al diputado nacional, Axel Kicillof a recorrer la provincia. El kirchnerismo está convencido que el ex ministro de Economía le puede arrebatar la gobernación a Vidal. No obstante, los intendentes que hoy son el sostén de este espacio, no están tan convencidos y prefieren a un candidato con mayor fortaleza que, además de tener los votos duros de la ex presidenta, pueda conseguir los de otros sectores. Sobre todo, porque aunque el conurbano bonaerense será el centro de operaciones para pelear la gobernación, el peronismo entendió que necesitan recuperar votos perdidos en el interior después del conflicto con el campo.
En ese escenario también apuntan a competir Verónica Magario, aunque Fernando Espinoza y Martín Insaurralde hacen escenas de celos. Hay quienes aseguran que el intendente de Lomas de Zamora tomará la decisión a último momento, cuando vea que sus posibilidades son ciertas. Tampoco descartan que aparezca otro alcalde de bajo perfil con ganas de pelear la gobernación.
Quien cortó el alambrado a la luz de esta situación y se metió en terreno ajeno, es el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Sabe que el conurbano es un área kirchnerista por lo que prefirió desembarcar en Junín. Sin embargo, los distritos peronistas comienzan a darle alguna alegría: consiguió sumar sus dos primeros concejales. El Bloque Alternativa Federal, que responde a Urtubey, se creó en La Matanza con los concejales que respondían a Miguel Saredi. Habrá que esperar para ver si este dirigente de Cambiemos pega el salto. El salteño sueña con que Sergio Massa se convierta en el postulante a la gobernación del peronismo, pero quien lo convence de que renuncie al sueño de sentarse en el sillón de Rivadavia.
El líder del Frente Renovador hoy descarta bajar a la provincia, pero desde Salta responden con ironía: “Cuando vea que ya no tiene los votos que dice y que tampoco cuenta con el financiamiento de la campaña de otras épocas, nos sentamos a conversar”.
Tampoco lo evalúa Florencio Randazzo, quien ya rechazó esta postulación a sugerencia de Cristina en 2015. En este espacio, está listo para dar batalla contra Vidal el ex intendente de Bolívar y actual diputado Eduardo “Bali” Bucca. El peronismo se ilusiona con agrandar la tercera vía para poder competir en 2019. En la provincia también desembarcó Miguel Pichetto, aunque no le fue muy bien en Quilmes donde lo abuchearon. El senador construyó su carrera política en Río Negro, en donde nunca pudo llegar a la gobernación. No obstante sus seguidores recuerdan que “nació en Banfield”, lo cual podría abrirle la puerta a la gobernación bonaerense.
En busca de recuperar la historia, los dirigentes peronistas de la provincia de Buenos Aires se entusiasman no sólo con ganarle la elección a la gobernadora María Eugenia Vidal, sino también con sostener los distritos que hoy gobiernan y recuperar los perdidos contra Cambiemos en las últimas elecciones. “Podemos recuperar Quilmes, San Vicente, Brandsen”, manifestó un histórico. “Ojo con Pilar que podemos pegarle en el palo, pero lo seguro hoy es que muchos distritos chicos que perdimos, el próximo año pueden ser nuestros”, agregó otro dirigente. En esa lista no figuran los 81 municipios en los que Cambiemos ganó por más de 10 puntos en los últimos comicios. Tampoco aparecen otras localidades grandes como Mar del Plata, Bahía Blanca y La Plata, ciudades donde el peronismo no ha sabido sembrar una nueva cantera de dirigentes que entusiasmen al electorado.
La gobernadora por estas horas tiene puesta la mirada en llevar a buen puerto el Presupuesto bonaerense y poder equilibrar sus cuentas. También orejea sus cartas para las elecciones de 2019, a sabiendas de que sigue siendo la política con mejor ecuación entre imagen positiva y negativa. Pero sabe que afrontará de aquí en más meses de tensiones y presiones. Prevenida y con la ayuda del gobierno nacional, decidió reforzar varias zonas del conurbano con fuerzas federales ante posibles desbordes. En la gobernación la frase de campaña que se repite es: “primero debemos asegurarnos que Mauricio reelija y empujar todo lo que se pueda desde la Provincia. No hay Vidal sin Macri ni Macri sin Vidal”. La gobernadora trabaja sin pausa, casi hasta el agotamiento. Incluso ha preocupado más de una vez a los suyos manifestándose “cansada”.
Cuatro años al frente de la provincia de Buenos Aires son demasiados, ocho son una eternidad, más cuando se debe lidiar con una caja que nunca alcanza. Además, mientras parecía que iba a estar holgada y exhibir obras para diferenciarse de la gestión anodina de Daniel Scioli, el ajuste nacional la obligó a ajustarse el cinturón.Frente a ese escenario, es vehemente el reclamo de la Gobernadora de los 19 mil millones de pesos extra que le pide a Nación para compensar en parte la absorción del traspaso de los subsidios al transporte y las eléctricas, además de la pérdida del Fondo Sojero. El presente para Vidal aparece complicado y el futuro se muestra oscuro, a no ser que amaine la tormenta. Lo primero que debe hacer Macri si sueña con otros cuatro años de gestión, es crear un proyecto. Caso contrario, no hay quien lo ayude.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

 

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