La relación entre los piqueteros de izquierda y Alberto Fernández empezó mal. Esos grupos salieron a desafiarlo después que el miércoles pasado les pidió «evitar» cortar las calles, tras de los incidentes que se vivieron en las protestas en pleno centro de la Ciudad. Creen que Fernández y Macri tienen un pacto de gobernabilidad. El candidato del Frente de Todos, ya se hizo a la idea que si llega al poder, en el 2020 los volverá a tener en el centro de la escena. «Nos llama mucho la atención las declaraciones de Alberto Fernández. Rápidamente salió a apoyar el dólar a $60 y la continuidad de la especulación financiera que continúa por varias vías a pesar del default», disparó el referente del Polo Obrero, Eduardo Belliboni. Ese es el más radicalizado de los grupos, casi en espejo de lo que fue Quebracho.

Belliboni también opinó que Alberto «no emitió una opinión de apoyo sino más bien un apoyo a la represión, porque dice que no hay que salir de la calle», y advirtió que «es un gobierno que empieza a dar señales muy negativas para los trabajadores porque hoy hay que estar en la calle más que nunca». 

Alberto Fernández si llega al sillón de Rivadavia, deberá hacer frente a un abanico de 56 planes sociales que hay a nivel nacional. Está convencido que Juan Grabois y las organizaciones sociales, ya le empezaron a marcar la cancha. Ese pensamiento lo aprendió de Néstor Kirchner, que siempre le decía. «ni planes, ni palos, a la gente hay que darle trabajo». Al ex presidente le inquietaba que le coparan la calle y ponía siempre como ejemplo el desenlace trágico que tuvo el caso Kosteki-Santillán, que provocó el adelantamiento de las elecciones en el gobierno de Eduardo Duhalde.

EL HOMBRE QUE ESPANTA A LA CLASE MEDIA

Hasta la propia Hebe de Bonafini, no ahorró en sutilezas al hacer referencia a Grabois, señalando que: “Me parece un tipo bastante desagradable.No me gustan las personas que tienen clientes en vez de compañeros», sostuvo. Grabois y los movimientos barriales, se están convirtiendo en una piedra en el zapato para el Frente de Todos. Los más duros, los ven como un sector piantavotos que termina siendo funcional al Gobierno. La propuesta de reforma agraria de Grabaois que irritó al campo cuando Alberto Fernández intentaba un acercamiento, la irrupción en los shoppings y la multiplicación de las protestas callejeras -que el candidato pidió evitar- están complicando una campaña que se preveía más que tranquila para el peronismo tras el triunfo en las primarias.

Grabois levantó olas, cuando salió a pedir la expropiación de 50 mil parcelas, una anacrónica propuesta que la historia ya demostró impracticable y fracasada como en el caso de la rusia soviética, que incluso terminó con guerra civil y hambruna.

En el kirchnerismo, al dirigente de la CTEP no le toleran que se ponga en el rol de comisario político del Frente de Todos. Nadie cree que las jugadas de Grabois sean «errores» y más bien ven una acción premeditada que complica los esfuerzos de moderación que intentan transmitir Alberto y Cristina.

El propio A. F tuvo que salir a despegarse de las últimas maniobras del dirigente social, al rechazar de plano la irrupción en los shoppings y también descartó que tenga en su agenda una reforma agraria.

NO QUIERE QUE EL GOBIERNO LO USE

Grabois por su parte, le transmitió a los suyos que olfatea que existe una estrategia definida del Gobierno nacional para atribuirle hechos y dichos en los medios y en las redes sociales sobre el que después se montan ministros nacionales, la prensa funcional a la Casa Rosada, para terminar magnificando situaciones. Por eso, pidió a su entorno evaluar la manera de “evitar que me utilicen en el marco de una estrategia electoral para atacar al FdT y demonizar a los movimientos sociales”.

Por otro lado, para contrarrestar la onda expansiva de este sector, en el albertismo elogian a dirigentes cercanos a Grabois, como Ofelia Fernández y a Itaí Hagman, candidatos por Ciudad de Buenos Aires, quienes no se han sumado a dichos o marchas de la CTEP.

En tanto, Grabois contraatacó desde Twitter y facebook, diciendo que “no participé ni organicé” la marcha al Patio Bullrich y aseguró que “no seré funcionario del futuro gobierno de Alberto Fernández” y señaló que “intentaré correrme del lugar en el que me quieren ubicar, sin abandonar a miles de compañeros y compañeras que sienten que los expreso. Espero poder hacerlo”.

LA LEYENDA DE UN POLEMICO DIRIGENTE

En ese esa dirección, surgió la idea de marcharse un tiempo de la Argentina. Algunos lo ubican en Roma -cerca del Papa Francisco, a quien varios aseguran verlo distante del piquetero-, en Dinamarca -a visitar a un amigo filósofo radicado allí- o en Brasil. Desde allí le llegó un video “reivindicatorio” de Joao Pedro Stedile, fundador del Movimiento Sin Tierra de Brasil, uno de los movimientos de izquierda más grandes de Latinoamérica, quien saluda en el tape la iniciativa de la reforma agraria, que Grabois planteó, despertando polémica pocos días atrás. 

Detrás de Grabois, se esconde una verdadera leyenda cargada de misterios. Se lo conoce por su rol como organizador de las cooperativas de cartoneros y por su amistad con el Papa. Con 34 años y una formación marxista con influencias católicas y peronistas, lidera el Movimiento de Trabajadores Excluidos.

Los números y la logística, permiten establecer que se trata de un verdadero ejército compuesto por 300 cooperativas, 300 talleres, 2 mil militantes y unos 25 mil adherentes. Grabaois siempre compartió muchas políticas del kirchnerismo, pero sin alinearse. Eso es lo que descoloca a los interlocutores que lo enfrentan y al propio periodismo. Su imagen es la de un dirigente pragmático, basista y cercano al Papa, que desde el 2001 vive con un pie en la clase media y otro en los sectores más precarizados de la Argentina.

HASTA A LAMMENS SE LE ERIZA LA PIE

Los copamientos de avenidas y shoppings de organizaciones vinculadas al piqueterismo social pusieron también en estado de alerta al bunker del candidato porteño Matías Lammens. Los estrategas de campaña del aspirante del Frente de Todos temen que el fantasma Grabois auyente votantes porteños indecisos y moderados. Esos electores son decisivos para sostener el sueño de forzar un balotaje contra Horacio Rodríguez Larreta, el dirigente menos cascoteado por el voto castigo que recibió el macrismo en el plano nacional.

En la trastienda del peronismo no K, advierten sobre el potencial disruptivo del factor Grabois. Lo ven con desconfianza, porque pivotea astutamente entre el Instituto Patria, el cuartel general albertista de la calle México y como legitimador ideológico de última instancia, los despachos argentinos del Vaticano. Para los peronistas clásicos, Grabois es la versión más estilizada del devaluado Luis D’Elía, que evoca un folclore kirchnerista piantavotos. Otros creen que su prédica se le parece mucho  a la que enarbolaba al ex movimiento Montoneros.

Frente a este cuadro de situación y para prevenirse del eventual aterrizaje de un cisne negro electoral  e incluso poselectoral, Alberto Fernández prefiere fotografiarse con los Moyano, que aunque son rechazados por la clase media, pero al menos representan lo malo conocido frente a lo no tan bueno por conocer.

Grabois, con su imagen de pibe de clase media con aire renegado, le pone la piel de gallina a un amplio sector de votantes de la franja más moderada. Ven que detenta un enorme poder de fuego, ya que está al frente de un enorme ejército de reserva desocupado y marginado, con pocas esperanzas de convertirse en la masa de asalariados que el tradicional sindicalismo justicialista supo acaudillar.

UN HIJO DE LA VETA REVOLUCIONARIA

Es hijo de Roberto “Pajarito” Grabois, un mítico militante peronista, fundador en los sesenta del Frente de Estudiantes Nacionales. La FEN fue una agrupación que facilitó el salto de muchos universitarios desde la izquierda hacia el peronismo. De origen judío, y por aquella época estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras, “Pajarito” viró desde el guevarismo al peronismo ortodoxo, sin llegar a ser parte de Guardia de Hierro. La mamá de Juan Grabois es Olga Gismondi, una pediatra recibida en la Universidad Católica de Córdoba y jubilada hace dos años. Desde que era chico, o al menos desde el kilómetro cero de sus recuerdos, Grabois mantuvo una relación fría y trabada con los padres. En los últimos años, sin embargo, hizo las paces de facto.  

Según una información que circuló en julio de 2017, la madrastra de Grabois había sido una figura atada a la corrupción noventista: Matilde Menéndez. Se trata de la ex interventora del PAMI durante el menemismo, que junto a María Julia Alsogaray habían tomado enorme centralidad en la época. Grabois afirma que nunca en su vida conoció a Menéndez. La ex funcionaria fue pareja de su papá, pero unos 13 años antes de que Grabois naciera.

Para ir conociendo el paño, Grabois tiene una historia de pibe rebelde. En su curriculum está escrito que cumuló decenas de sanciones escolares por mal comportamiento, un historial bullying en su contra, peleas con maestros y directores y una sucesión de rebotes por seis colegios. A los 19 años se casó con la que era su novia desde los 16, compañera de colegio en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza, El Ilse, que para la clase media porteña rankea cerca del Colegio Nacional Buenos Aires o el Pellegrini. Tuvieron tres hijos: una adolescente de 13 y mellizos de 5. Se recibió de abogado en al Universidad de Buenos Aires (UBA) y de Licenciado en Ciencias Sociales en la Universidad de Quilmes.

DEL FONDO DE LA OLLA VIENEN MAS TURBULENCIAS

En el camino convirtió su profesión de abogado en otra forma de militancia, a la pesca de una suerte de jurisprudencia social. Es un denunciador serial en causas ambientalistas y referidas al derecho a la tierra. Por ejemplo: las que ahora mismo le impiden al magnate Joe Lewis, amigo de Mauricio Macri, avanzar con la construcción de una represa hidroeléctrica cerca de El Bolsón.

Grabois es un personaje surgido desde el fondo de la olla de la historia de las crisis argentinas, del mate cocido con panchos en una esquina, de la camaradería construida en base a pequeños gestos y del avance lento sobre la desconfianza del pobre.De esa manera, levantó en lomás alto las banderas del Movimiento de Trabajadores Excluidos. Lleva armadas 300 cooperativas con autonomía organizativa y financiera, más otros 300 talleres, merenderos y comedores. Suma dos mil militantes y unos 25 mil adherentes a las cooperativas y grupos rurales. En pleno 2011, entró al paraguas de la CTEP, una especie de CGT de los trabajadores precarizados. Grabois fue su principal ideólogo y fundador en el año en que Cristina Kirchner fue reelecta. El objetivo de la Confederación era dar una representación a mutualistas, cooperativistas, recicladores, vendedores ambulantes, feriantes, artesanos, agricultores familiares y demás cuentapropistas subempleados. Un universo que, según cálculos conservadores, incluye a más de 3 millones de personas.

A pesar de haber sido fundada en tiempos kirchneristas, la CTEP parece haber acumulado mucho más poder y protagonismo bajo la presidencia de Macri. El descenso obligado de La Cámpora y otras organizaciones con menos capacidad de movilización que hace dos años, es sólo uno de los motivos de su actual fortaleza.

Por estas horas, los  piqueteros más duros proponen volver a acampar por 72 horas, otros sugieren cortes en los accesos. El Polo Obrero y Libres del Sur se mostraron en contra de la ley de emergencia alimentaria votada por unanimidad el jueves en Diputados, y mantienen su reclamo. Piden la reapertura de los programas sociales,y el aumento de su monto, hoy fijado en $ 7.500. Lo que nadie duda, es que habrá nuevos capítulos de alta tensión social. Todo será al calor de la olla a presión, donde la Argentina cocina su propio drama. 

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.  

NG