Antes de subir al escenario montado frente al Obelisco, un cartel partidario le sirvió a Mauricio Macri  para levantarle la autoestima . «Los gatos tienen siete vidas», versaba.

Debo reconocer que desde que Raúl Alfonsín cerró aquel acto radical monumental en el advenimiento de la democracia, no se veía ese marco multitudiario en la 9 de Julio.

A diferencia de esta, aquella movilización era por un grito de libertad y para afianzar la democracia después de la noche oscura de la dictudura militar. Esta vez, hubo muchísima gente, pero en un escenario muy especial y amigo del poder amarillo, como lo es la capital federal.

Un territorio antiperonista por donde se lo mire. Habrá que ver qué pensaban del otro lado de la General Paz, donde millones de argentinos comen salteado,  están sin trabajo, viven en la mayor pobreza y subsisten con el agua hasta la cintura en medio de la inundación.

¿Alcanzará esa expresión que afloró en medio del asfalto porteño, para dar vuelta la elección?, ¿Le sirve a Macri para llegar al 27 con la cantimplora llena?. Hoy todas las caricias le sirven al Presidente en esta etapa que lo acerca más a un fin de ciclo que a otra cosa. 

No obstante, la esperanza nunca se pierde, menos en política donde cualquier factor inesperado puede alterar la realidad y dejar tecleando a todos los analistas. Pero Macri debe entender que los números de las encuestas son demasiado contundentes y muestran 20 puntos de ventaja para la fórmula del Frente de Todos. Esto tiene una explicación, Macri llegará al superdomingo del 27 con 53,5% de inflación interanual.

Remontar ese barrilete de plomo, sería como encontrar el Arca de Noé  al costado del mismo Obelisco que lo cobijó en vísperas de su despedida del poder. Al Presidente la realidad le pasa factura todos los días y le da de beber su propia medicina. Le avisa que con la heladera vacía, cada vez está más cerca del «no se puede».

Las encuestas más recientes en el conurbano, donde la crisis aprieta más fuerte, señalan que el 80% de los entrevistados dijeron que no piensan cambiar el voto. Tanto los Fernández, como Kicillof en Provincia, pasan los 50 puntos y amplían sus diferencias sobre el oficialismo. Algunos de sus aliados lo dejaron solo y otros hasta le juegan en contra. 

Mientras tanto, se percibe en el ambiente un fuerte olor a campaña sucia a través de videos y mensajes en las redes sociales. Por ejemplo en Quilmes, el Frente de Todos denunció que sectores afines a Martiniano Molina, a través de un video señalan: «Acá estamos, compañeros».

En vivo y en directo, utilizando la tijera. Martiniano 2019”, dice un militante de Juntos por el Cambio mientras pega un afiche de una tijera sobre una cartelera que llama al voto por Alberto Fernández.

El video, luego, muestra cómo el joven hace un gesto de tala sobre la foto de Mayra Mendoza, la candidata del Frente de Todos, y asegura: “A esta señora le cortamos la cabeza”.  

A casi una semana de las elecciones, el peronismo salió a denunciar ante la justicia que le comunicaron que desde la Casa Rosada se pagaría a los fiscales cinco mil pesos «adicional» si el resultado de la mesa de votación es favorable a Juntos por el Cambio.

Simultáneamente, la jueza María Servini hizo lugar a un pedido del PJ y dictó una medida cautelar por la cual ordenó al Gobierno frenar la entrega de 114.000 subsidios a desocupados que planeaban entregar a través de sus punteros. Estos datos son la expresión de que el termómetro de la fiebre electoral comenzó a recalentarse.

Todos se aferran a la ilusión de ganar sea como sea. Pero  los números son irreversibles, pese a la épica de las insistentes y multitudinarias marchas amarillas jubilosamente acompañadas en diversos puntos del país.  

En materia de gastos de campaña, Mauricio Macri tuvo que disponer de $207.707.151, mientras que Alberto Fernández gastó $142.381.075, el 68% de la suma que invirtió el candidato oficialista.

Los datos surgen de los informes previos de financiamiento electoral que entregaron a la Justicia Electoral Juntos por el Cambio y el Frente de Todos y que, por ley, deben presentar 10 días antes de las elecciones generales.

Las encuestas difundidas después del primer debate, muestran imágenes casi congeladas con el voto y otras con tendencia a la suba a favor de la oposición. Son una correlación exacta respecto de cómo se votó en las PASO. Acaso la única novedad haya sido un ascenso de José Luis Espert, en algunos estudios. Incluso por encima de la valoración que tuvo un Lavagna muy apagado.

Por unanimidad los ciudadanos consultados vieron ganador al candidato más votado. Aunque, fuera de su imagen confiada, Alberto Fernández tampoco haya transmitido gran cosa.

Hasta aquí, la que parece como imbatible y con la capacidad como para seguir ganando elecciones. Es la heladera vacía la que habla, a la que no hay con que darle cuando pasa la cuenta.

Los que votan masivamente, no llegan a fin de mes y no se conforman con comer cemento.Es la muestra de un país famélico que nos enrostra a diario la foto del fracaso económico, con las cifras más letales de la pobreza, el hambre, la desocupación, el cierre de miles de industrias y una inflación galopante que destruye cada vez más la capacidad de compra. 

Desde el año pasado, vengo señalando en mis artículos la hipótesis del castigo a Macri a través del voto bolsillo. Todo parece indicar que esa dirección no se tuerce.

Las últimas encuestas, indican que no hay nada que mueva la aguja hacia la vereda del oficialismo, como para que los haga soñar con que «Mauricio lo da vuelta».

Suena más a la expresión épica y nostálgica de un un equipo que se está yendo al descenso, pero que tiene el no despreciable caudal de 8 millones de seguidores que le dan fortaleza a futuro para convertirse en una oposición fuerte y respetable. 

Frente a la expresión mayoritaria del enojo social por el rumbo económico, los debates en estas instancias son solo un show para la tribuna y no ayudan a orientar el voto.

El contexto en que están planteados y este sistema electoral suenan casi como una extravagancia. Luego, podría repararse en los vicios del formato, que impiden cualquier debate y hasta el despliegue de propuestas. La crítica no sólo involucra a los candidatos a presidente.

Sucedió igual con el espectáculo de los aspirantes a jefes para el Gobierno de la Ciudad. Horacio Rodríguez Larreta corrió con la ventaja, a diferencia de lo que padeció Macri, de exhibir ejemplos de gestión local en buena medida ponderados. Pero también arrojó cifras sobre lo hecho imposibles de ser corroboradas. Y promesas para un segundo mandato que jamás explicó cómo cumpliría. Esa condena cayó también sobre sus adversarios.

Que ni siquiera tuvieron algo para exhibir en sus vidrieras.En Santa Fé, cinco de los seis presidenciables contaron con la facilidad de embestir contra Macri desde el lado más sensible: la crisis económico-social. Pero no esbozaron una propuesta alternativa seria. Porque tampoco contaron con el tiempo para ello debido a la rigidez del molde elegido.

Fernández solo promete poner a la Argentina de pie, pero aún no dijo cómo porque aún no abrió la caja, pero intuye que no hay nada para repartir.

El problema de los debates en la Argentina no tiene relación sólo con una ley, tal vez inapropiada y además con una dirigencia que establece condiciones estrictas para hacerlos. Condiciones que tienden a protegerlos de cualquier riesgo. Antes que a exponerlos. Como es costumbre, el doble discurso: declaman propuestas y discusiones. Aunque en el fondo, les tengan miedo.  

Mirado de este modo, la postal político-institucional está plagada de ficciones y de fantasías. Hoy los argentinos estamos aguardando una elección que, virtualmente, ya se realizó. Ni la 9 de Julio explotada como se la vio, puede alterar la realidad.

Es como ver una carrera de caballos sabiendo cual será el ganador. La distancia que marcaron las urnas, es tan abrumadora, que se la pretende decorar con la expectativa de debates que no son tales y movilizaciones que no suman más que la propia hinchada e inducen solo el interés mediático por prolongar el suspenso.

Las revoluciones no se forman con pequeñas rebeliones.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.   

Bernarda Tinetti