Si hay argumento que hoy ganaría por goleada, es que estamos hartos de la cuarentena. Es un sentimiento. Pero a su vez, es la única vacuna contra el virus que hoy circula cada vez con más ímpetu en Buenos Aires.

No olvidemos que vivimos en el territorio más permeable a este tipo de pestes, por la cantidad de barrios vulnerables.

«Estamos en una pandemia de un virus que mata gente, que  no tiene vacuna», tuvo que salir a responder el presidente Alberto Fernández, molesto cuando le preguntaron el sábado pasado si el Gobierno estaba teniendo en cuenta la «angustia» de la ciudadanía ante la extensión de la cuarentena.

Por lo que se desprende de la palabra oficial, la rutina del encierro en los centros urbanos se irá extendiendo, en cuotas y con matices, por lo menos hasta finales de agosto.

Debo reconocer que a esta altura de los acontecimientos, todos estamos casi de manera excluyente absorbidos por dos miedos: al coronavirus y al colapso del bolsillo.

Así lo reflejan las encuestas que se despertaron después del 20 de marzo. Ni siquiera la inseguridad se acerca a aquellas obsesiones. Tampoco la corrupción.

Ni la deuda externa. Algunos sondeos aseguran que un 44.6% de las personas del AMBA defienden la cuarentena como está. Un 40.5% prefiere mayor flexibilidad. Un 11.5% apostaría a su levantamiento.

Quizás debido al aumento de los contagios un 80.3% concuerda con la prolongación del encierro anunciado el sábado por el Presidente. Aun así, las opiniones se parten ante el dilema del virus y la economía. Para un 57.7% la prioridad sigue siendo la pandemia.

Para un 37% la situación económico-social.Ni bien se indaga en las inquietudes económicas la división aflora. Un 44% hace hincapié en la inflación.

Segmentada en los sectores medios y medios bajos. El 40% apunta a la reactivación productiva. Segmentada en los sectores medios y medios altos. Apenas a un 9% le preocupa la renegociación de la deuda.Lo cierto es que esta pesadilla que nos ha llegado como una maldición bíblica, no es una ecuación matemática como para resolverla de manera ligera como hacen las encuestadoras que suelen equivocarse.

Lo primero que hay que decir, más allá de las ideologías, es que nunca un gobierno fundido como éste, ha volcado tantos recursos en la sociedad para que el hambre no avance y le haga el caldo gordo al virus . Hoy un 90% de la sociedad sobrevive gracias a la ayuda del Estado, incluidas la mayoría de las empresas, según los números oficiales.

Es muy cierto  que los chicos sufren el aislamiento. Y que los ancianos cada día restan de lo que les queda de vida por no poder hacer lo que desean y abrazar a sus afectos.

Pero debemos entender que la vida está por sobre todas las cosas. El Presidente fue muy claro cuando desde el minuto uno expresó que : «aquí todos vamos a ,perder.

Algunos muchos. Otros menos, Pero todos vamos a perder. Pero entre la economía y la salud, elijo la salud.La economía de puede recuperar, las muertes no».

No obstante, desde muchos rincones brotan las voces agoreras que piden un cambio de escenario. Son los emisarios de los grupos económicos más concentrados, que hoy no se resignan a hacer un paréntesis en sus ganancias.

Es solo una pausa, para dejar de ganar menos de lo que han acumulado en los últimos años. Pero paradójicamente, grupos como Techint, aceptan sin chistar la ayuda. Pero por lo bajo y con la ayuda de sus operadores que peinan canas en el fogoneo de la matriz neoliberal salen a advertir que : “el Gobierno está dinamitando la economía y va a morir más gente por culpa de la cuarentena que por el coronavirus”.

También hacen olas  con que: “La población ya no se banca otra cuarentena”. Sostienen con desparpajo que: “Suecia no cerró la economía y sin embargo no le va tan mal”. Aseguran que “Chile actuó de manera inteligente. No es un estado bobo como el nuestro”. Lo que no cuentan, son los muertos que apila Piñera. Y le ponen la frutilla a la torta con que: “Esta es la cuarentena más larga del mundo”.  Y rematan: «Quieren instalar una dictadura con la excusa del coronavirus.

Frente a este escenario, hay encuestadores que advierten sobre : “El problema de Alberto Fernández no es enamorarse de la cuarentena, sino de los números de las encuesta». Así opina el sociólogo y analista político Eduardo Fidanza, director de poliarquía, quien habló de los riesgos que puede tener el Presidente pese a su alto nivel de adhesión en los sondeos.

Tampoco descartó una ola de protestas sociales si la economía no mejora, sobre todo si se comprueban que vamos hacia un país con más de un 50% de pobreza.

El dilema que se plantea Fidanza es: «Hay que ver si el peronismo de la escasez puede prosperar políticamente».

Nadie lo sabe. Pero el peronismo por primera vez en su historia no tenía nada para repartir porque el gobierno de Macri no dejó ni las migajas y hoy, recuperó su mística de justicia social con un escenario no deseado.No se puede dejar de observar que los encuestadores por estas horas pasaron a tener un trabajo de riesgo.

Con tanto sondeo fallido que hubo en los últimos tiempos, la actividad perdió glamour. Pero Fidanza tiene un olfato especial. Fue el primero que me dijo durante una charla en Pinamar en el verano anterior a las elecciones, que Cristina estaba decidida a dar un paso al costado con tal de que Mauricio Macri, perdiera las elecciones.

Lo único que le faltó aclarar, fue que Alberto Fernández era el elegido. Nadie lo sabía, pero por lo menos Fidanza vio un escenario que estaba por venir.Así como el consenso científico del mundo entero es abrumador respecto de la importancia del aislamiento social y de las restricciones, no hay evidencias de que su extensión aumente el sufrimiento económico en comparación con las alternativas reales.

Hay muchas preguntas que nos abruman. ¿Que pasaría si los anuncios del sábado hubieran liberado todo? ¿Cuántos muertos tendríamos en dos semanas? ¿Y en cuatro? ¿Qué ocurriría en los hospitales y en los cementerios? ¿En cuánto tiempo habría que volver a encerrarse con el dolor de estar conviviendo con tantos fallecidos?.

No hay respuestas terminantes a esas preguntas. Cada país encuentra sus respuestas si descubre como tabicar al virus. Pero ninguno de ellos abre, sin más. No quiero imaginar en ponerme por un segundo en el papel del Presidente, pensando en que si da un paso en falso le llegará una cuenta tan dolorosa, que no podrá pagar de por vida en su conciencia.

Sin embargo, los títulos de los medios están plagados de frases ligeras como: “Es la cuarentena más larga del mundo”. Como si se tratara del capricho de un gobierno.Es otro argumento que requiere un poco más de solidez para ser convincente. Pero, ademas, si fuera la más extensa, ¿estaría necesariamente mal eso?

Un economista difundía hace días en las redes sociales un gráfico donde mostraba que tras solo un mes de cuarentena, Francia logró bajar del pico de contagios y muertes hasta controlarlas y por eso empezó a relajar suavemente, la forma de encierro.

El argumento omite algunos asuntos centrales. Francia entró en cuarentena ya con decenas de muertos: cuando la curva escalaba. Eso le produjo un costo que orilla los 30 mil fallecidos.

Es lógico que si otro país -como Argentina- se cierra antes para evitar ser sorprendido por un aluvión de enfermos, el encierro dure más porque se tarda mucho más en alcanzar el pico. Pero además, el “control de la pandemia” en Francia sigue produciendo alrededor de 50 muertes diarias. El dato sin el contexto general puede llevar a una conclusión equivocada.Todo es materia opinable frente al marco de sensibilidad.

Pero comprendamos una realidad. Los números dicen que somos el país con menos cifras de muertos y el que más ayuda social  desplegó en el continente. Algo se estará haciendo bien.

Más allá de las discusiones médicas,políticas y mediáticas, la generación de un nuevo norte político es esperable tras la superación del problema sanitario. Nadie sabe como será el país del día después. Lo importante, es que podamos verlo.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.

LF