La intimidad del “Pata” Medina en el infierno de la prisión de Ezeiza

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*Por Jorge Joury/Para fin de año no hubo árbol de navidad.Tampoco regalos importantes, ni copas en alto para brindar por el futuro. Muy lejos de quienes lo alababan como a un faraón, o lo consideraban un líder indestructible, Juan Pablo “Pata” Medina pasa hoy sus horas más oscuras en el penal de Ezeiza. Paradójicamente, es prisionero del mismo cemento con el que edificó sus años de esplendor a la luz de los aprietes y la metodología mafiosa que empleaba. Ahora, fabricar bolsitas de papel, trabajar en la huerta, aprender a reparar computadoras, tomar clases de guitarra, jugar al ping pong o al metegol, son sólo algunas de las actividades que forman parte de la rutina en el Módulo 6 del Complejo Penitenciario Federal, ubicado a casi 40 kilómetros del Obelisco. Ese lugar, alberga en su mayoría a imputados por secuestros, narcotráfico y falsificación, entre otros delitos federales. Lo más difícil de tolerar para Medina, no es la celda de tres metros por dos que habita, la cola para calentar un té, que todos los días sean rutinarios e idénticos, o que le ordenen la hora para despertar o dormir: lo peor, a esta altura del año, es el calor agobiante. El inmenso complejo penitenciario, construido en 1999 en el medio de la nada, se cocina a fuego lento bajo el sol bonaerense, y en la Unidad VI la temperatura sube sin pedir permiso.”Esto es lo más parecido al infierno y el calor después del mediodía no se soporta”, comentó un guardiacárcel.

En ese ámbito, el “Pata” Medina suda la gota gorda junto a su hijo Cristian. Pero también están otros ex funcionarios, como Ricardo Jaime y el “bolsero” del convento de General Rodríguez, José López. Se ven todos los días la cara en el pabellón C, de la misma manera que lo hacen Cristóbal López, Lázaro Báez y su ex contador, Daniel Pérez Gadín, en el D, o Carlos Zannini y Núñez Carmona, supuesto socio de Boudou, en el A.

A las espaldas del espacio común están las quince celdas, individuales, que constan de una pequeña ventana, una litera, un inodoro y una pileta. Los únicos en dar órdenes a viva voz son los 38 agentes que trabajan en la Unidad 6, que se reparten en cuatro turnos de seis horas. Todos forman parte del sistema de Intervención para la Reducción de Índices de Corruptibilidad (IRIC).Se trata de un programa de entrenamiento especial donde preparan a los agentes del servicio penitenciario para no caer ante la tentación o el soborno de los poderosos. Dicen ellos, que custodian a los detenidos K, que son todos muy amables, educados, y no generan problemas.

EL ODIO DE LOS PRESOS HACIA LOS CORRUPTOS

El odio de los presos contra los detenidos por delitos de corrupción es uno de los secretos ocultos en los módulos de la cárcel de Ezeiza. En la jerga tumbera los llaman “los guante blanco”, porque cometieron delitos millonarios sin ensuciarse. Muchos delincuentes comunes pagarían para entrar al pabellón de los corruptos y adueñarse del paradero de los dineros que se robaron.

“El objetivo es impedir el encuentro de detenidos conflictivos o violentos con los internos recién llegados. La situación está controlada y la convivencia es pacífica”, dice una fuente del Servicio Penitenciario Federal.El penal tiene seis módulos, más un área que funciona como hospital y un sector de ingreso.

“Las cosas cambiaron. Antes, en la jerga tumbera lo peor eran los transas, los violines, los canas y los asesinos de mujeres. Ahora se le sumó otra categoría que es repudiada por los muchachos de los pabellones: es la de los políticos ladrones”, cuentan fuentes responsables.
Parte del odio de los detenidos por esa nueva clase de preso se debe a una cuestión casi ideológica y de privilegios.

“Hay que pensar que hay muchos ladrones de gallinas purgando condena. Y estos tipos robaron fortunas y no iban en cana, ahora la cosa cambió”. No obstante, al “Pata” Medina lo respetan porque saben que les daba trabajo a los reclusos que salían en libertad.

Los familiares de los presos detenidos por casos de corrupción no tienen privilegios. El trámite para las visitas incluye la presentación de un certificado de antecedentes penales, certificado de domicilio, dos fotos carnet y fotocopias de DNI. Para llegar a la sala de visitas hay que sortear una sucesión de esperas y largas colas. La primera, en la puerta de Ezeiza, lleva dos horas. Las otras esperas son para registrarse, mostrar el carnet y el DNI, dejar las pertenencias, pasar los objetos que se le llevan al detenido por la requisa, pasar por un escáner como el de los aeropuertos, superar un detector de metales, dejar las huellas de los diez dedos, esperar a la combi que lleva a los pabellones, esperar en el pabellón, esperar al preso. Después de dos horas de visita, hay que atravesar las mismas esperas pero en el camino de vuelta. Acaso el mayor tiempo perdido es cuando se llevan alimentos. Los guardias rompen budines, huelen la yerba como si fueran sabuesos aplicados. La visita tampoco puede llevar ropa similar o que tenga el mismo color que las fuerzas de seguridad: quedan afuera el verde, el negro, el gris, el azul marino (azul Francia está permitido), el marrón claro.

LA VENGANZA DE UN GUERRERO

A tres meses de su caída planificada, el “Pata” Medina sueña con tomarse venganza algún día de quienes lo traicionaron. Sabe que Gerardo Martínez, el titular de la UOCRA nacional, se lo entregó al Gobierno en bandeja de plata en medio de un show mediático pocas veces visto. El ex dirigente se convirtió en uno de los íconos de la corrupción sindical y de la violencia al servicio de la recaudación ilegítima, estimada en decenas de millones de pesos. Sólo a través de una de sus empresas desde 2011, las investigaciones señalan que blanqueó movimientos por más de $ 92,7 millones. Su caída terminó ordenando la economía de La Plata, reactivó la construcción, tranquilizó a cientos de vecinos que vivían al borde de un ataque de nervios en las cercanías de su cuartel general y calmó las aguas en la Provincia.

Algunos cálculos estiman que el accionar del “clan” le costó $11 mil millones y 9.520 puestos de trabajo al sector de la construcción. No obstante, hay que reconocer que Medina llegó tan lejos, porque otros personajes influyentes posibilitaron su crecimiento exponencial hasta el límite de lo absurdo y lograron cubrirse a tiempo para no ser salpicados por el escándalo. Se trata de funcionarios, grandes empresas y miembros del Poder Judicial de la provincia de Buenos Aires que hicieron la vista gorda ante ese mundo plagado de ílicitos y que por un buen tiempo les resultó funcional.

Hoy nadie parece recordar la frase que el propio Medina escribió sobre un afiche que pegó en la sede de la UOCRA platense: “Yo sólo soy una herramienta de Dios”. Aunque Dios poco tenga que ver. Medina con su impronta violenta, desafió a lo más alto del poder. Antes de quedar detenido y amenazar con “prender fuego la provincia”, había dicho desde el balcón de su gremio: “Que vengan con la verdad, acá hay un presidente democrático que dio la orden a su gabinete para investigarme sin fundamentos”.

UN HOMBRE SUMIDO EN LA MELANCOLIA

Hoy las cosas han cambiado. Al ex líder de los trabajadores constructores se lo ve melancólico, lejos de su mundo de ostentaciones que disfrutaba en la mansión de Punta Lara, sus Toyota Hilux 4×4, sus siete propiedades, su casa en Cariló y su lancha deportiva y los asados en su chacra. Debe adaptarse a la rutina carcelaria, que lo obliga a levantarse a las 7.30 y estar listo para el recuento de los reclusos. También en su pabellón se encuentra su hijo mayor, Cristian, quien supo ser su brazo ejecutor en la UOCRA platense. El joven Medina está procesado por lavado de dinero y se encuentra sindicado de ser uno de los encargados de intimidar a los empresarios en el cumplimiento de las imposiciones del gremio.

En diciembre, todas las causas contra el clan Medina quedaron concentradas en el juzgado federal de Quilmes, cuyo titular es
Luis Armella. Son once los imputados por los delitos de asociación ilícita y lavado de activos. Eso incluye a la familia directa del “Pata”, sus principales lugartenientes y los titulares de Abril Catering, la empresa de viandas de comida que catapultó a los Medina al éxito y también al ocaso.

De acuerdo a los trascendidos de fuentes judiciales, una de las piezas centrales de la maquinaria que comandó el sindicalista en los últimos once años son las empresas de catering, proveedoras de las viandas de comida para los obreros de la construcción de las obras públicas y privadas de La Plata. Se trata de La estrella y Abril Catering SA, una compañía fundada en 2006 en Ensenada, donde viven los Medina. Se inscribió a nombre de Horacio Homs y su entonces esposa, Liliana Frontán. De la mano de los Medina, pasaron de cocinar 27 viandas en un galpón a montar una empresa con más de 150 empleados y varias plantas. Su capital social aumentó de $50 mil en 2006 a $9,5 millones en 2017.

Así consta en las publicaciones de la compañía en el Boletín Oficial. En los últimos once años, la proveedora de viandas movió más de $1.032 millones a través de sus cuentas, según los documentos bancarios.

Pero hoy lejos de su fortuna, al “Pata” Medina se lo observa cada día más angustiado. Acusado de extorsión, lavado de dinero y asociación ilícita, ve que sus sueños de libertad se derrumban poco a poco, ante el avance de la investigación judicial que lo salpica de manera constante en cada metro que recorre.

 

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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