La marcha de la que se apropió la gente para decir basta a los femicidios

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Cientos de miles de personas confirmaron el viernes en las calles que las violencias de género y los femicidios son un problema político, cuando decidieron, organizadas o individualmente, manifestarse con la consigna ni una menos en las ciudades argentinas.

La gente “dejó en claro que la violencia es un problema político y global”, analiza la periodista y escritora Marta Dillon, que es parte del grupo que este año organizó la manifestación.

La sociedad “demostró que está adelante de la justicia y la política”, aporta la periodista Hinde Pomeraniec, que junto a otras colegas, impulsó el año pasado la primera concentración Ni Una Menos.

Esta vez, la profesional junto a otras periodistas decidió no participar de la organización: “Nos abocamos a preparar el Índice de Violencia Machista” una encuesta que puede completarse en http://contalaviolenciamachista.com/, como “un aporte más” a la fecha.

El 3 de junio quedó instalando -al impulso de personas de todas las edades, realidades económicas y sociales- en el calendario de movilizaciones argentinas.

Se vio el año pasado, cuando el Ni Una Menos -parido por el feminismo, el movimiento de mujeres y por periodistas con activa presencia en Twitter- tuvo su primera cita en la plaza de los Dos Congresos, con escenario y sin marcha.

El acontecimiento fue ratificado ayer con la modalidad de una marcha desde el Congreso nacional hacia Plaza de Mayo, nutriéndose en su recorrido de más y más caminantes y consignas.

El panorama se repitió en otras 99 ciudades del país.

“La marcha se impuso. Hay una necesidad de la gente de reclamar a los poderes estatales por las deudas pendientes y las promesas por cumplir”, dice Pomeraniec.

“Hubo una voluntad de movilización. La gente en las calles demostró que no hace falta callar el derecho al aborto o las violencias y asesinatos de personas de la diversidad. Estas consignas no expulsaron: al contrario, sumaron”, reivindicó Dillon.

En el trayecto porteño del Ni Una Menos hubo colores y luto, silencios y gritos, lágrimas y risas.

Los colores fueron aportados por grupos de artistas con intervenciones en las veredas, pintando consignas contra las discriminaciones, transportando ropa o calzado, símbolo de las ausentes; estuvieron en las pelucas violetas de los grupos feministas o en los pañuelos verdes de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Dos chicas de luto pedían abrazos en la puerta principal del Congreso, demostrando que las víctimas no deben estar solas; profesoras de arte caminaban junto a una decena de personas unidas por una tela blanca, asomando sus cabezas, caminando a la par, como muestra de la diversidad que enriquece a la sociedad, como parte de una performance inspirada en el Divisor, de la brasilera Lygia Pape.

Hubo mujeres de barrios populares que necesitaron juntarse para caminar contras las violencias cotidianas; hubo jóvenes universitarios que denunciaron zonas liberadas en sus facultades, dispuestas para robos, ataques sexuales e intentos de secuestros.

Cientos de personas marcharon sin esperar el inicio formal del Ni Una Menos y colmaron la Avenida de Mayo.

Por allí un hombre con pollera invitaba a sus pares a animarse a “ser hombre, no macho” y una pareja disfrutaba -como tantas otras- con su hijo en los hombros a sonrisa plena y una bandera con el dibujo icónico de Liniers, el de su Enriqueta con el puño en alto.

Caminar el Ni Una Menos fue ver a personas anónimas y otras mediáticas caminar juntas.

Hubo organizaciones de derechos humanos, sindicales y partidarias que marcharon contra las violencias y sumaron consignas como la falta de trabajo para las mujeres o la desigualdad salarial para ellas.

Una enorme cinta rosada sostenida con fuerza corporal y emotiva por el colectivo que este año montó el Ni Una Menos, constituyó un ‘corralito’ distinto y amoroso que cuidó a mujeres en situación de violencias, sobrevivientes y familiares de víctimas de femicidios.

Esa fue la conmovedora cabecera de la marcha que ingresó, ya de noche, a la Plaza de Mayo, se detuvo frente a la Pirámide, símbolo de la lucha de las Madres para nombrar a las desaparecidas y asesinadas.

“¡Presente!” fue la palabra repetida como letanía. “Justicia Ausente!” fue la frase que eligieron víctimas y familiares.

Hoy, el Ni Una Menos es tapa de todos los medios nacionales, y ayer, fue transmitido en vivo por la mayoría de los canales de televisión.

“Una marcha unitaria es posible. Lo logramos. Ahora tenemos que pensar cómo seguimos construyendo”, propone Dillon.

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