Cuando parecía que la pandemia había logrado el milagro de empezar a cerrar la grieta, en la aldea de la política volvieron a recrudecer los síntomas de beligerancia entre oficialismo y oposición.

Primero fue Alberto Fernández, quien  salió a la carga mostrando la intención de rearmar la batalla y seleccionar al enemigo.

Provoca alguna sorpresa el momento elegido y sobre todo que haya colocado en la mira no sólo a Mauricio Macri sino también a María Eugenia Vidal.

El presidente encontró en esta etapa de la lucha contra el virus, el campo propicio para pasar factura de la herencia recibida, sobre todo de los problemas de infraestructura estatal para enfrentar la pandemia. Y para ello, focalizó en las últimas gestiones de la provincia de Buenos Aires y de la Nación, a cargo de la ex gobernadora María Eugenia Vidal y de Mauricio Macri.Y  la respuesta del equipo amarillo no se hizo esperar.

En las últimas horas Juntos por el Cambio reaccionó con un fuerte comunicado a la decisión de la Oficina Anticorrupción de desistir de su rol de querellante en las causas Los Sauces y Hotesur, que tenía como principales acusados a la vicepresidenta Cristina Kirchner y a sus hijos Máximo y Florencia.

El polo opositor planteó que el presidente Alberto Fernández “consagra la impunidad de la corrupción de Cristina Kirchner” a través de la decisión de Félix Crous de abandonar el rol acusador que mantenía la OA en dos de las causas principales que enfrenta la ex mandataria en la Justicia Federal.No es casualidad, que la reacción de la principal expresión no oficialista surge en una semana en la que la política parece haber dejado el modo cuarentena luego de las críticas del Presidente a la oposición, el debate por los facultades especiales atribuídas al jefe de Gabinete Santiago Cafiero y el retorno de las sesiones a ambas cámaras del Congreso.

“Lo que estamos viendo no pude ser leído en forma aséptica, estamos frente a un plan sistemático para garantizar impunidad para aquellos que son investigado por corrupción”, analizó el escrito que lleva las firmas de Alfredo Cornejo (UCR), Patricia Bullrich (PRO) y Maximiliano Ferraro (CC-ARI) en sus roles de presidentes de las tres fuerzas que integran la alianza.
Los líderes de Juntos por el Cambio recordaron el rol activo que mantuvo la Oficina Anticorrupción durante el gobierno de Mauricio Macri y lamentaron que el presidente Alberto Fernández haya decidido una línea de funcionamiento que “va en contra de la inmensa demanda ciudadana por castigar a los corruptos y recuperar lo robado”.

LAS CAUSA DE LOS MALES CONVOCAN AL PASADO

Si bien es cierto que ALberto Fernández dijo que «odia volver a hablar del pasado», encontró la llave para explicar los masivos problemas en la organización de las ayudas sociales y económicas del Estado por medios digitales.

Entonces no dudó en disparar hacia la gestión anterior: «Se saturan las páginas, las consultas no se pueden hacer por internet. Pero, ¿tienen presente que por 4 años tuvimos una gobernadora que decía que no iba a abrir un hospital más en la provincia de Buenos Aires?».

Y siguió: «¿Tienen presente que tuvimos un gobierno que convirtió el Ministerio de Salud en Secretaría, y que hizo lo mismo con el Ministerio de Trabajo? Fue un proceso de degradación del Estado enorme.

Fui a ver hospitales en La Matanza. Por una decisión de una gobernadora tuvimos que ir nosotros a ponerlos en marcha. Este fue un problema que tuvimos, un problema contra el que luchamos», agregó el primer mandatario. 

Por supuesto, nada es lineal en el terreno político, pero empieza a quedar en la superficie cierto tironeo con los criterios sanitarios. Sin identificar a sus blancos puntuales, elogió a los opositores que gobiernan.

En particular, lo hizo con Horacio Rodríguez Larreta a quien no le interesa tenerlo como rival, porque ambos comparten una imagen positiva muy alta y las angustias  de un territorio sensible al virus, como es el AMBA. No obstante, AF descalificó a quienes, ponen por delante la necesidad de revitalización de la economía como un factor de desánimo frente a las exigencias de la cuarentena.Los superpoderes a Santiago Cafiero, son otra fuerza de choque que ha generado réplicas de la coalición opositora.

El jefe de Gabinete salió al cruce de las críticas y defendió el decreto de necesidad y urgencia.»No se trata de superpoderes.Se me otorgaron facultades para transferir dinero de una partida a otra únicamente cuando estas modificaciones estén relacionadas con la emergencia sanitaria y para destinar los fondos reservados de la AFI a políticas nutricionales, educativas y de salud», detalló a través de su cuenta de Twitter.

MARIA EUGENIA VIDAL EN FOCO

Pero igual o mayor impacto en las filas amarillas, pareció tener el fuego de artillería contra María Eugenia Vidal, que en las últimas horas dejó su retiro espiritual y se fotografío en una reunión del comité de crisis en el municipio amigo de Lanús. Pero la señal más fuerte que dio fue en su departamento de Barrio Norte. Frente a dirigentes y legisladores santafesinos, dio la primer puntada para el armado de un frente nacional moderado. Vidal levantó las banderas de Horacio Roidríguez Larreta y se diferenció marcadamente del ala más dura del PRO que representa Patricia Bullrich.

La inclusión de Vidal en la mira del Presidente tiene de manera evidente dos lecturas. Por un lado, la descarga de responsabilidades sobre su gestión frente al cuadro sanitario de la provincia. Y por el otro, el mensaje a la interna y  de modo directo, para complacer a Cristina. No olvidemos que la ex presidente apunta a Vidal especialmente por la potencial proyección en el cuadro opositor y por su influencia real en el tablero de la Provincia donde tiene peso gravitante en el parlamento bonaerense.

Cristina no quiere darle ni un metro de ventaja a la oposición. Para ella la Provincia es considerada territorio políticamente propio. Y más allá de su bajo perfil, Vidal sigue siendo la principal jugadora del entramado de JxC. Dicen que ha sido decisiva para sostener la convivencia entre los intendentes y para asegurar la costura de la coalición en la Legislatura provincial: la oposición pesa en Diputados y es mayoría en el Senado. Kicillof facilitó de algún modo ese cierre de filas con su dureza y hasta la desatención inicial del circuito tradicional de negociación política. Nada es sencillo: necesita ahora autorización legislativa para lograr fondos adicionales y alguna norma más de emergencia. 

MACRI, UN FANTASMA EN LA ESCENA POLÍTICA

Mientras tanto, Alberto Fernández hace rato colocó a Macri como su  rival  predilecto cuando alude a la herencia. Por estas horas, el  ex presidente parece desdibujado de la escena política. Es más, aglutina la responsabilidad del fracaso en materia económica y también es impugnado por varios dirigentes que apuntan a un recambio de su lugar de jefe de Juntos por el Cambio.

Y más aún, está en duda su proyección para los próximos capítulos electorales. Visto así, sostenerlo como contendiente hasta podría ser una cuestión incómoda para la coalición opositora a la hora de definir liderazgos propios. Hasta la propia Patricia Bullrich le reveló a los jóvenes macristas que «me gustaría ser Presidenta».

También por estas horas aparecen otros gestos duros hacia la oposición. Es visible la intención de una fuerte poda de coparticipación para la gestión de Rodríguez Larreta. También existe un proyecto amenazante de intervención federal de la Justicia de Jujuy, lo que se interpreta como una ofensiva contra Gerardo Morales. Y además, aparecen trabas para los requerimientos financieros del gobernador mendocino Rodolfo Suárez.

UN PELADO EN CAMPAÑA

Hay quienes aseguran que Rodríguez Larreta ya comenzó a trabajar en la campaña presidencial para el 2023, a la luz de la alta imagen positiva que le dan las encuestas. En esa dirección, Emilio Monzó le acercó a Jorge Remes Lenicov al armado de un espacio de centro que busca apartar a Mauricio Macri de la carrera.

El ex titular de Diputados avanza en este armado con Martín Lousteau, con quien se solía reunir semanalmente desde antes de la cuarentena en las oficinas que tiene el senador en calle Costa Rica, en Palermo Sensible o Villa Freud, una zona llamada así por los numerosos consultorios de psicólogos que hay en el vecindario.

Este grupo sumó a Remes, el primer ministro de Economía que devaluó la moneda actual y terminó con la ley de convertibilidad en los primeros días de 2002, durante el gobierno de Eduardo Duhalde.

Días atrás, Remes les diagnosticó que el gran desafío del sistema político argentino es ir al centro porque, según sostiene, las dos fuerzas más importantes del país están conducidas por los extremos.

Remes dijo que Alberto se dedicó a gestionar y no liderar el peronismo, que sigue detrás de Cristina, y que la prueba de supervivencia de Cambiemos es abandonar la intransigencia de Macri y Patricia Bullrich y darle el lugar a los Larreta, los Monzó y los Lousteau. 

Todo parece indicar por estas horas que la política se sacó el barbijo y comenzó a calentar motores para los comicios legislativos del año próximo. Habrá que ver hasta donde la pandemia deja avanzar a las ideologías en el complicado escenario del recrudecimiento de los contagios.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas  

LF