Patricia Bullrich, la actual ministra de Seguridad de Cambiemos, tiene un pasado oscuro. Se exilió y volvió como clandestina en 1979, mientras estaba embarazada, junto a su esposo de aquel entonces: Marcelo “Pancho” Langieri, otro integrante de Montoneros que ya en democracia terminaría preso durante más de dos años. Así lo reveló una extensa nota de la revista Anfibia, que describe la conversión de aquella Piba en la actual ministra de la mano dura. La investigación abunda en otros detalles desconocidos de la biografía de Bullrich, quien ahora suena como posible candidata a vicepresidenta de Mauricio Macri.


Rodolfo Galimberti fue su padrino de militancia. Galimba había sido el líder de la llamada Columna Norte. Y en 1975 protagonizó el secuestro del empresario Jorge Born. Muchos años antes de ser socio y amigo de Born, fue su carcelero. La Piba, como era su nombre de guerra, se mantuvo bajo la órbita de su mando por varios años: antes, durante y después del golpe de 1976. Incluso le copió algunas mañas y modos imperativos.

En 1984, Bullrich fue la primera oradora en el acto de la Juventud Peronista del Luna Park. Tenía 27 años, manejaba una unidad básica en San Telmo y había sido una de las organizadoras del evento. Para llegar a ese punto, tuvo que romper previamente con el clima aristocrático de su familia, que iba desde sus papás, el médico Alejandro Bullrich y Julieta Luro Pueyrredón, hasta el Director Supremo de las Provincias del Río de La Plata, Juan Martín de Pueyrredón, y el ministro de Yrigoyen Honorio Pueyrredón. El encargado de acercarle esa fascinación fue el empresario Diego Muniz Barreto Bunge. Heredero y exponente de la oligarquía, Muniz Barreto había mutado del antiperonismo cerril de 1955 a cierto nacionalismo que simpatizaba con la juventud peronista de principio de los setenta. A lo largo de esa radicalización, conoció a Galimberti. Le hizo de mecenas y le abrió el universo de la aristocracia porteña. Muniz Barreto introdujo a Galimberti y otros personajes atractivos del peronismo en la casa de Julieta Luro Pueyrredón de Bullrich.

Durante el desfile de dirigentes como Galimba, Juan Manuel Abal Medina y Héctor Cámpora, la riqueza y la abundancia familiar se volvieron hechos vergonzantes. A las hermanas Julieta y Patricia les empezaba a pesar el doble apellido. Julieta se enamoró de Galimberti. Y Patricia lo reconoció como un padrino de militancia. En 1983, Julieta moriría en un accidente en una ruta de París: manejaba el ex jefe montonero a toda velocidad, cuando chocaron con una camioneta del correo.

Desde 1982, Bullrich fue una dirigente de avanzada en la reperonización hacia la ortodoxia. Pasó de correr a Cafiero por izquierda, a militar en su espacio. Y de ahí, a sumarse a la boleta del menemista Erman González en las legislativas de 1993. Ella compensaba el perfil popular, riojano y morochón de Erman en las elecciones para diputados de la Capital. Sin ser del núcleo menemista, la diputada Bullrich llegó a jugar al tenis en Olivos con el presidente.

En 1995 obtuvo su primer cargo ejecutivo. La convocó el intendente de Hurlingham Juan José Álvarez. Ese municipio se volvería un semillero político del peronismo. Ahí compartió gabinete con Juliana Di Tullio, Mario Oporto y Jorge Coscia. Juanjo Álvarez buscaba dar una imagen de modernidad entre los barones del conurbano. Bullrich armó un plan sobre policías de proximidad, copiado de Barcelona.

En 1998 aterrizó en el gobierno de Eduardo Duhalde. De la mano de Juanjo Álvarez, agarró un cargo en la secretaría de seguridad bonaerense de León Arslanian, quien quería aplicar su proyecto de reforma policial. Bullrich se desempeñó brevemente como subsecretaria de Relaciones con la Comunidad.

Meses después salió por primera vez de la familia peronista. Gracias a su vínculo con Fernando de Santibáñez, quien sería Secretario de Inteligencia de Fernando De la Rúa, entró a la Alianza. Ahí se unió al grupo Sushi para facilitar su acceso a De la Rúa.

Existe otra línea del CV de Bullrich que le jugó a favor durante el casting para el gabinete de Macri: ser una dirigente confiable para la embajada de Estados Unidos, donde se apersona muy sonriente cada 4 de julio. Y asiste acompañada sin falta por Guillermo Yanco, su pareja desde hace más de 20 años. Yanco es vicepresidente del Museo del Holocausto, defensor y lobbista del gobierno de Benjamín Netanyahu en Israel. Además es socio del secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, en la cadena judía de información Vis a Vis.

“Era tan intensa la identidad militante de los setenta que darse vuelta requería un movimiento de fuerza equivalente. Pero ella no lo procesó bien. Jorge Todesca (actual director del INDEC) dice que ser montonero fue el peor error de su vida. Patricia, en cambio, no dice eso: niega y tergiversa. Y tiene afirmaciones insensibles, muy extremas y exageradas. Por ejemplo con la desaparición de Santiago Maldonado. Tiene que demostrar permanentemente que ya no es lo que alguna vez fue”, recuerda ante Anfibia un militante montonero que tuvo trato cotidiano con La Piba durante los setenta.

NG