La tormenta en el Mercosur encuentra a Argentina y Brasil en el mismo barco

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El Mercosur, que lleva 25 años desde su creación, atraviesa una fuerte tormenta de desafíos para consolidar la integración, pero a la vez encuentra a la Argentina y Brasil, los principales socios, embarcados en una estrategia política y económica que prioriza los puntos en común, de la mano de los gobiernos de Mauricio Macri y Michel Temer.

El rol de Venezuela en el bloque, el sinuoso camino hacia un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, las nuevas reglas en el sector automotor, la necesidad de ponerle un límite a China ante presiones por negociaciones bilaterales con los países del bloque y de tejer alianzas de libre comercio con terceros países como Canadá y Corea, son parte de la agenda común de ambos países vecinos, que le dan entidad al Mercosur.

Si uno mira desde afuera, observa una crisis aparente a nivel institucional, en la que por una situación inédita el Mercosur tiene presidencia pro témpore “vacante” y opera de facto una “conducción colegiada” de los cuatro miembros fundadores (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), ya que Venezuela, país al que debía corresponderle el mandato, no cumplió con los requisitos asumidos cuando se incorporó y el resto de los países del bloque le negó la conducción en septiembre último.

Distintas voces del bloque, con Macri a la cabeza apenas ganó las elecciones en 2015 -cuando invocó la aplicación se una cláusula democrática para Venezuela que luego no solicitó en la cumbre de Jefes de Estado-, se hicieron sentir contra el gobierno de Nicolás Maduro. Sumida en su propia crisis política interna, es muy probable que Venezuela tampoco logre cumplir con los objetivos propuestos para el 1 de diciembre, el plazo reprogramado por los socios del Mercosur. Y es muy posible que los países miembro decidan que tome la posta aquel que le sigue por orden alfabético: la Argentina.

La próxima reunión del Mercosur -cuando Macri tomaría la presidencia pro témpore- será en Montevideo cerca del 15 de diciembre, indicaron a Télam fuentes diplomáticas de Brasil y Argentina.

Trascendió que viajarán los cancilleres y no los presidentes, como es habitual, ya que la decisión y “el pase de mando lo pueden hacer técnicamente los cancilleres”, detalló una de las fuentes, y como ya ocurrió en julio último.

En aquel momento fue suspendida la cumbre de Jefes de Estado y se decidió que el traspaso de mando de Uruguay a Venezuela -que finalmente nunca ocurrió- lo realizaran los cancilleres ante la delicada situación -y escandalosa para el bloque- en la que estaba envuelta Venezuela.

Esta “situación sui generis institucional”, tal como la definió un diplomático brasileño, no logra empañar la empatía de los gobiernos de Temer y Macri en asuntos y objetivos comerciales, y en momentos en que ambos países necesitan sacar sus economías de la recesión.

La primera visita al exterior de Macri como presidente electo fue a Brasil, para ratificar la prioridad de una estrategia de alianza regional que ya tenían el kirchnerismo y el anterior gobierno de Dilma Rousseff. Sin embargo, en los últimos años del kirchnerismo, esa alianza se encontraba resquebrajada desde el punto de vista comercial, desde que aparecieron las declaraciones juradas para frenar las importaciones a la Argentina debido al creciente déficit comercial bilateral con Brasil.

En la práctica, las DDJJs resultaron en medidas pararancelarias que fueron cuestionadas por la OMC, y que dieron varios dolores de cabeza a los empresarios brasileños.

La gestión macrista las eliminó apenas asumió y las reemplazó por un Sistema Integrado de Monitoreo de Importaciones, con licencias no automáticas que tienen un plazo de hasta 60 días para ser otorgadas. “Anteriormente nosotros teníamos dificultad de seguir manteniendo un diálogo y hay que reconocer que eso mejoró muchísimo, en calidad e intensidad”, explicaron desde el lado brasileño. “El gran problema de las DDJJs era la falta de transparencia y no había un sistema para saber cuál era realmente la situación. Ahora, podemos establecer una previsibilidad si existe algún problema; no hay una actitud de negarlo, sino más proactiva, y tenemos abiertas las puertas de diálogo en todos los niveles del Gobierno. Lo mismo, los empresarios brasileños son recibidos por autoridades argentinas, como parte de una dinámica”, se explayó una fuente brasileña.

Por otro lado, la Argentina y Brasil alcanzaron en junio último un nuevo acuerdo automotor plurianual, que regirá hasta el 2020, cuando se liberalizaría el comercio del sector, con un límite para Brasil: no podría exportarle al país más de un 150% de las exportaciones argentinas. Es decir, si Argentina exporta 100 millones en el sector, no podrán ingresar importaciones por más de 150 millones desde Brasil.

Los temores de la Argentina eran que Brasil inundara el mercado local con productos a precios competitivos debido a la crisis que está padeciendo el país vecino. Hasta junio de este año, el acuerdo se renovaba anualmente, y la relación de comercio se medía a través del coeficiente conocido como flex, que era de 1,7. Pero tras las negociaciones quedó en 1,5, más favorable a la Argentina.

Las nuevas reglas de juego por casi cuatro años le dan más previsibilidad al sector en ambos países, y un poco más de aire desde el lado argentino, que deberá prepararse para la apertura del comercio luego de 2020. Según los cálculos oficiales, garantizará en el período inversiones en la industria automotriz local por 1.200 millones de dólares.

La industria automotriz es el corazón comercial del Mercosur y prácticamente el único sector en el que las multinacionales operan en un mercado integrado, cuando definen opciones de inversión. Otro de los puntos donde Argentina y Brasil convergen y mantienen una estrategia activa y similar es en alcanzar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

En mayo último se logró que, luego de 12 años, el Mercosur y la Unión Europea volvieran a intercambiarse una lista con productos a incluir en el acuerdo y de los llamados “sensibles”. No se hacía desde el 2004, cuando se suspendieron las negociaciones entre ambos bloques. Más allá del logro diplomático, Europa decidió excluir de esa lista las carnes, el etanol y el azúcar, productos prioritarios y muy sensibles para la Argentina y Brasil.

¿Podrá haber una acuerdo sin incluir el comercio de carne del Mercosur hacia la UE? “Muy difícil”, responden los diplomáticos argentinos y brasileños, que igual confían en que pueden haber instancias de negociación para llegar a buen puerto, y antes del mediano plazo. Resaltan, en este sentido, que de todos los productos negociados solo el 10% estarían excluidos de un acuerdo de libre comercio, lo que no deja de ser lógico en todo acuerdo, en términos de proporciones, ya que cada bloque defiende sus intereses y el empleo.

“Soy optimista en el sentido de que la oferta debe ser mejorada por ambas partes”, sentenció el embajador de la Unión Europea en la Argentina, José Ignacio Salafranca, en un seminario organizado por el Banco Ciudad.

Salafranca estimó que las negociaciones podrían llegar a buen puerto ya que “sólamente 10% son productos sensibles y debería ser fácil encontrar una solución de equilibrio y compensaciones para esos productos sensibles”, expresó, tras enumerar los acuerdos recientes de la UE en Sudamérica, y el más reciente, con Ecuador. “Somos el principal inversor en el Mercosur y el principal socio comercial de Argentina después de Brasil”, enfatizó.

La visión proteccionista histórica de Europa podría cambiar frente a la nueva realidad del Brexit o la dinámica que impondría el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero los expertos no se atreven a pronosticar aún cómo serían esos cambios. Más bien, hacen la cuenta histórica y observan que hace 21 años el Mercosur y la Unión Europea intentaron -sin éxito- alcanzar un acuerdo de libre comercio, cuando en 1995 se buscó avanzar con un acuerdo marco. “En estos 20 años, siempre se llega al mismo punto de negociación, que se frustra o se posterga de manera indefinida”, explica el experto Jorge Castro, quien agrega que “la UE insiste en no abrir en forma no escalonada el mercado de exportaciones agroalimentarias, siendo al UE el sistema proteccionista más alto de producción agrícola del mundo de hoy”.

Por último, la presencia de China se impone y presiona sobre el artículo 32 del año 2000 del Tratado del Mercosur, que establece que ningún país puede negociar aranceles por fuera del bloque. El mes pasado, Uruguay y China sorprendieron con el anuncio de fijarse un plazo de dos años para firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) que catapulte las relaciones bilaterales. Rápido de reflejos, Macri contestó que prefería que un acuerdo con China se haga dentro del Mercosur. La realidad es que el Mercosur viene esquivando un tratado con China desde hace seis años, y China, de está forma, busca apurar los tiempos.

En este tema, la Argentina y Brasil también se encuentran alineados y el objetivo es cómo seducir a los socios más chicos del Mercosur para evitar incursionar por pactos bilaterales. Prefieren avanzar con cautela, antes de abrirle las puertas al gigante mundial, lo que podría afectar seriamente a la industria nacional. “Con el hecho de estar Temer y Macri, de alguna manera tienen lineamientos comunes en política económica y política exterior, se afianza ese eje del Mercosur y empieza a dar una tendencia de consolidar decisiones que estaban demoradas”, opina el analista Dante Sica, quien estima que un crecimiento del 1% en Brasil podría hacer crecer hasta 2% a la Argentina. Y eso es lo que esperan los expertos para el año próximo.

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