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* Por Jorge Joury

Con astucia y una estrategia similar a la de Juan Domingo Perón, Mauricio Macri le cambió el rictus a gran parte de la dirigencia sindical. Después del sacudón con los cambios en la Superintendencia de Servicios de Salud y en el Ministerio de Trabajo, envió un dardo envenenado a la cúpula de la CGT. Es la amenaza puntual para que se hagan públicas las declaraciones juradas de sus capitostes . La jugada del Presidente, tiene que ver con que la gran mayoría no puede explicar su patrimonio millonario ni su estilo de vida. Los denominados “Gordos”, están sentados hace décadas en los mismos sillones, pero con las picardías de siempre. Macri ve en ese nicho, el blanco perfecto para sumar votos en la campaña. Durán Barba le aconsejó que la mayoría de los caciques gremiales aparecen desacreditados en las encuestas con más del 81% de imagen negativa, además de acumular causas en la justicia por negocios espurios.
El Presidente está convencido que el sindicalismo se debe una renovación. Aunque está dispuesto a mantener la convivencia en un clima de diálogo después del 22 de octubre, no aceptará más doble discurso. “O se cumple la palabra empeñada o les cortamos los víveres”, reveló un vocero confiable de Balcarce 50, que le escuchó decir con enojo a Macri.
El jefe de Estado quiere a toda costa para después de las elecciones, motorizar la reforma laboral con la idea de bajar los costos del empleo. La reforma tributaria y discutir modificaciones en la edad jubilatoria, son otras de sus prioridades. Frente a esa ofensiva, los gremialistas temen que vuele por los aires su órgano más sensible: las cajas. A partir de ahora, allí estará el corazón de la disputa.
El Presidente tiene en claro que para ello, debe encontrar aliados. Su experiencia le dice que pese a las diferencias, se podría avanzar para sellar acuerdos con Héctor Daer, Armando Cavalieri, Gerardo Martínez, Roberto Fernández y Omar Viviani, entre otros. Está convencido, que no vale la pena gastar energías con Juan Carlos Schmid, seguro titular de la próxima CGT o el bancario Sergio Palazzo. Ese mapa, de todos modos, suele sufrir alteraciones en el corto plazo. Luis Barrionuevo, es una de las incógnitas, ya que va de un lado a otro, según sople el viento Pasó de amigo a enemigo y de enemigo a amigo varias veces. En la Rosada celebran que, al menos, por estos días se haya llamado a silencio.

ENTRE PICAROS Y PESOS PESADOS

El caso de José Luis Lingeri, el secretario general de Obras Sanitarias, es, tal vez, el más complejo. Comentan que la multitudinaria marcha de la CGT de la semana pasada, se terminó de articular en sus oficinas, después que el dirigente había sellado la paz con Macri. Para arreglar el entuerto, Lingeri sacó un spot publicitario por TV, en el que promociona las obras del Gobierno y resalta que “gracias a la ayuda” del Ejecutivo “millones” de personas están siendo beneficiadas con agua y cloacas. El sanitarista es un pícaro que sabe manejar los tiempos, pero esta vez quedó en orsai y al borde de la tarjeta roja.
El clan Moyano es otro capítulo clave en esta intrincada historia. Apenas asumió la presidencia, Macri les pidió a Jorge Triaca y a Diego Santilli que se encargaran de transmitirle que no quería al camionero como jefe de la CGT. Después de algunos escarceos, Moyano terminó dando un paso al costado. Como gesto, el Presidente lo recibió entonces a solas en Olivos. Charlaron de fútbol y de apostar a la familia como fuente de toda contención ante las adversidades. Pero algo se quebró en la relación. Macri entonces cambió de interlocutor. Corrió a Santilli y designó a Daniel Angelici, un hombre que nunca deja de trabajar para él en las sombras y que con Moyano estableció una buena relación en la AFA.
Moyano tiene un importante contrato para la recolección de basura en la Ciudad de Buenos Aires y está íntimamente ligado a OCA, la ex empresa de Alfredo Yabrán. Se comenta con insistencia que a esta firma la compró Camioneros y que tiene una deuda de 1.400 millones de pesos con la AFIP. Si Moyano se sale de caja, Macri ya le mandó a avisar que podría ordenar que le manden la caballería para que OCA ponga sus cuentas al día con el Estado, lo que podría significar la virtual quiebra de la empresa y poner en riesgo más de siete mil puestos de trabajo.

PROHIBIDO HABLAR DEL AJUSTE

Mientras tanto, para ser cuidadosos, el Presidente le recomendó a sus candidatos no hablar del futuro ajuste durante la campaña. Es una palabra que Macri sabe que le viene en bandeja de plata a la oposición para acentuar sus críticas. “Estamos en campaña, es lo nuevo contra la viejo, reforcemos eso”, dijo Macri.
El objetivo es profundizar la polarización con Cristina Kirchner para que las elecciones generales de octubre sean una suerte de ballotage. Con eso busca que los votantes de Sergio Massa, que sacó 15 puntos, se vuelquen al “voto útil” para terminar con el “pasado”.
En los gremios, que huelen a la distancia las malas noticias, están convencidos que el Gobierno ya tiene decidido avanzar sobre la reforma laboral, previsional y tributaria. Sobre esta última cuestión, los ministros hablaron de un conjunto de iniciativas para compensar la baja en la recaudación que generará la lenta reducción a 5 años de un puñado de impuestos.La propuesta está lista. Incluye eliminar las exenciones al Impuesto al Valor Agregado (IVA) y crear el impuesto a la renta financiera. Sólo falta la bendición final del Presidente.
El triunfo en las PASO, le ha dado fortaleza política al oficialismo también para practicar una reducción en la estructura ministerial y aliviar el déficit. Pensar en un país a 20 años, es el objetivo del Presidente. En la Casa Rosada se comenta que hay una mesa de profesionales trabajando para eso. Bajar el costo laboral es la gran obsesión de Macri, pero también es el sueño de todas las cúpulas de las centrales empresariales. La batalla en el Congreso, será para después de las elecciones de octubre. Antes, el Presidente tratará de domesticar a los sindicatos, como dijimos anteriormente. Macri apunta a alimentar el ego de los Gordos, para enfrentarlos con los dirigentes más duros. Será una incursión riesgosa.
En ese terreno tendiente a socavar el poder sindical, fracasaron Alfonsín, Menem y De la Rúa. Desde la esfera gremial los más duros contestan que “antes el Gobierno debería bajar los impuestos al consumo, para que la comida sea más barata para los argentinos. Desde que asumió Macri, todos los beneficios son para los sectores más ricos”, añaden.

LA IDEA DE INTERVENIR LAS OBRAS SOCIALES

De la reforma laboral en sí se sabe poco y nada, pero aspira a reemplazar las indemnizaciones y los juicios vinculados, por una suerte de seguro. Además, buscará reducir o eliminar los aportes patronales y permitir modalidades de contratación vedados hasta hoy.
La sola mención de este intento, le puso la piel de gallina a la CGT, que sin titubear respondió con el multitudiinario acto del martes 22 de agosto. La movilización, certificó una vez más la capacidad de convocatoria de los camioneros dirigidos por Pablo Moyano. Algunos dirigentes, por su perfil duro, lo señalan como el próximo Saúl Ubaldini.
Para los sindicalistas, la reforma previsional es una piedra en el zapato. Se da como un hecho, la ampliación de la edad jubilatoria bajo el argumento de la extensión de la esperanza de vida. también se plantea la incógnita si habrá espacio para reincorporar al sistema aportes privados, como desearían algunos funcionarios con trayectorias en bancos y AFJP. Otro de los interrogantes, es si al reducirse la grilla de ministerios, habrá jubilaciones anticipadas y retiros voluntarios como sucedió en la década de los 90.
El rumor que circula por los pasillos de la Casa Rosada, es que Macri le bajó a sus ministros una orden contundente con respecto al arco sindical: “A rienda corta con ellos y a fondo con las reformas”.
La idea, sería avanzar en la intervención en las obras sociales, los cambios en los convenios colectivos de trabajo y una política de goteo de fondos a los sindicatos. No obstante, el Gobierno será cuidadoso en no perder el diálogo con las centrales obreras, sobre todo con los que ellos creen que “jugaron bien” y no participaron del acto de la central obrera.

RADIOGRAFIA DE LA REFORMA LABORAL

Macri sostiene que se debe ir hacia un sistema eficiente, depurando las más de 300 obras sociales y discriminando entre las que son efectivas y las que son utilizadas de manera oscura para canalizar otros negocios.
Los abogados laboralistas con que cuentan los gremios, imaginan por estas horas la hoja de ruta que podría encarar el Gobierno y cuyos planteos centrales serían los siguientes:

1.Rebaja de los aportes patronales: La sobrecarga sobre un salario de bolsillo que hoy reciben los trabajadores supera el 60% y en algunos casos llega al 80%. Representa un enorme desincentivo para blanquear personal.
2.Flexiblizar las condiciones de despido: Con un régimen extremadamente duro para la empresa que echa a un empleado, resulta muy difícil atreverse a incorporar personal. Pero es uno de los temas más resistidos por el sindicalismo.
3.Descentralizar las negociaciones colectivas, permitiendo incluso que se haga empresa por empresa. La reforma brasileña aprobada hace pocas semanas fue todavía más allá. Establece que un acuerdo directo entre el trabajador y la empresa estará por encima de cualquier otro convenio laboral.
4.Mayor penalización para conductas laborales que complican el normal funcionamiento de las empresas, como el ausentismo.

LAS AUDITORIAS MAS TEMIDAS

El único dato concreto sobre los cambios en el mercado laboral, lo aportó el ministro de Trabajo, Jorge Triaca hace varios meses, cuando habló de un blanqueo para el sector, con un espíritu parecido al sinceramiento fiscal lanzado exitosamente el año pasado. Este nuevo esquema, apunta a que una cantidad de empleados que hoy están negro (representan cerca del 35% de los trabajadores totales) puedan incorporarse a la economía formal, consiguiendo cobertura médica y aportes jubilatorios. Pero ese plan estaría destinado al fracaso, si al mismo tiempo no va acompañado de un cambio de fondo en las reglas laborales.
La cuestión más sensible que preocupa a la dirigencia gremial, son las auditorías sobre las obras sociales que encargó Triaca. Allí flota la sospecha de desvío de fondos, tratamientos apócrifos e irregularidades diversas, que ya llegaron a los oídos del ministro. En especial de unos diez sindicatos. Los datos están guardados bajo la más estricta reserva. “No queremos una caza de brujas”, les aseguró Triaca a los gremios.
Los cambios en convenios colectivos de trabajo, es otro tema prioritario para la cartera laboral. Según fuentes oficiales, ya se actualizó el 35% de ellos. “Cambiamos básicamente a la forma de producción actual, la mayoría de los acuerdos pertenecían a la década del 70 con categorías que no existen más”. La historia recién empieza.Muchos gobiernos anteriores soñaron con domesticar al movimiento sindical y fracasaron. Macri por ahora, tiene un signo de interrogación.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com.

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