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* Por Jorge Joury

Macri se fue a Nueva York a la asamblea de la ONU, como una manera de darle la espalda a la protesta más dura que deberá afrontar desde que llegó a la Casa Rosada. “Este martes no va a volar una hoja”, graficó un alto dirigente gremial para ir anticipando la contundencia que tendrá el paro nacional de 24 horas de la CGT. Pero hoy será la primer muestra de la bronca contenida de los gremios, cuando a modo de calentar el ambiente arranquen los piquetes, marchas y ollas populares. Pasaron tres meses desde la última medida de fuerza, pero esta vez coincide con las tasas más altas del desempleo que están cerca del 10%. La movida muestra con claridad la reacción sindical frente al mal momento económico y le pone volumen a un hecho concreto y objetivo: nuestra economía está lejos de recomponerse con firmeza hacia un crecimiento consistente. Un espejo de las angustias que se viven a nivel ciudadano, es el Gran Buenos Aires, donde el último censo arrojó 699.000 desocupados y 704.000 subocupados, lo cual convierte a ese territorio en un verdadero polvorín. Pero falta aún otro capítulo dramático, en el último trimestre del año la recesión se extenderá por todo el país de manera paralizante. La gobernadora María Eugenia Vidal ya solicitó la ayuda de la Iglesia para repartir comida en los barrios más indigentes del conurbano con la idea de contener el malhumor social.
Se descuenta que el territorio nacional, por segunda vez en lo que va del año, quedará inmovilizado por al menos por 24 horas. Las estimaciones oficiales sostienen que las pérdidas por la inactividad llegarán a los 40 mil millones de pesos.
El gobierno no la tendrá fácil de aquí a fin de año. El debate en el Congreso del Presupuesto será la próxima parada en el espinoso camino a diciembre. Diversos sectores ya anticiparon que planean llevar a las puertas del Parlamento su reclamo contra el plan de gastos acordado con el Fondo Monetario Internacional, en un contexto de deterioro de todas las variables económicas. Algunos se ilusionan, incluso, con una convulsión callejera que opaque las violentas jornadas de diciembre último, durante el debate por la reforma previsional.
La decisión de gremios estratégicos como los sindicatos del transporte, que en su totalidad ya confirmaron su adhesión, terminará de poner la frutilla de la torta en la paralización absoluta de las actividades este martes.
A la protesta se plegarán los más de 200 sindicatos confederados en la CGT, incluyendo los agrupados en el Movimiento de Acción Sindical Argentina que reúne a los trabajadores telefónicos, la Unión Ferroviaria y los peones de taxis, entre otros. Además participarán los sindicatos enrolados en las CTA que sumarán otras 12 horas a la medida. Se trata de los docentes de todos los niveles, los empleados públicos, los Metrodelegados y uno de los gremios aeronáuticos.
Para marcar la vara más alta del reclamo, hay que señalar que no existe organización sindical de la Argentina que haya manifestado no participar de la huelga.
La nueva medida de fuerza, la cuarta en la era Macri, exhibe además otros elementos que marcan el clima gremial y político. Las organizaciones sindicales están entrando a un terreno de paritarias en continuado, por lo que están con el cuchillo entre los dientes por los estragos que ha hecho la inflación con los salarios. Las conversaciones del Gobierno con la CGT están suspendidas, más allá de algún amague que expresó otra arista del reacomodamiento ministerial. Y las disputas y realineamientos cegetistas impactan de forma más abierta en el peronismo o, más precisamente, suman lo suyo a la división de aguas entre PJ federal y kirchnerismo.
Con la adhesión del Consejo Directivo de la central obrera y las tres CTA, prácticamente todas las áreas productivas estatales y privadas se verán perjudicadas por la paralización.
El carácter activo de la medida estará dado en la jornada de este martes por los piquetes que el sindicalismo combativo y la CTA-Autónoma de Ricardo Peidró realizarán, cada uno por su cuenta, en los principales accesos a la Ciudad de Buenos Aires y en diversos puntos del país.
Además, hoy habrá un anticipo de la bronca sindical, cuando llegará a la Plaza de Mayo una movilización como parte del paro de 36 horas que estableció la CTA de los Trabajadores conducida por Hugo Yasky, a la que adhirieron los movimiento sociales y los sindicatos de la CGT enrolados en el nuevo Frente Sindical para el Modelo Nacional. El agrupamiento que se lanzó el jueves pasado en un acto en el microestadio de Ferro está integrado por los sindicatos de la Corriente Federal de los Trabajadores, como la Asociación Bancaria de Sergio Palazzo, la Federación Gráfica de Héctor Amichetti y otros de peso como el Camionero liderado por Pablo Moyano, el SMATA de Ricardo Pignanelli y varias seccionales de la Unión Obrera Metalúrgica que marcharán ese día pero sin cese de tareas. La CTA Autónoma liderada por Ricardo Peidró y Hugo “Cachorro” Godoy no marchará a la Plaza de Mayo, pero anunció un acto propio a las 12 en Puente Pueyrredón.
El acto oficial comenzará hoy a las 15:30, con un escenario que tendrá un palco para unos 30 dirigentes sindicales y de los movimientos sociales. En un costado se instalará un sector con sillas reservadas para representantes de organismos de Derechos Humanos, diputados y partidos políticos. La consigna que presidirá el acto será la de “unidad de los trabajadores contra el ajuste”. Allí también se exhibirá la bandera de arrastre que encabezará las columnas de la marcha. Los discursos estarán a cargo de Hugo Yasky, Pablo Micheli y un referente del Frente Sindical aún no definido pero que, según pudo saberse, podría ser Pablo Moyano.
Desde las 13 de hoy, las columnas se concentrarán en distintos puntos. En Avenida de Mayo y 9 de Julio lo harán los sindicatos de las CTA que ingresarán por el centro de la plaza. Por avenida Belgrano y Diagonal Sur ingresarán los gremios de la CGT agrupados en el Frente Sindical y el triunvirato de movimientos sociales compuesto por la CTEP, CCC y Barrios de Pie.
Sin dudas serán dos jornadas que pondrán frente al gobierno y el FMI, la voluntad de lucha contra el ajuste.
Mañana martes no habrá actividad en garagistas, sanidad e industriales. Tampoco habrá colectivos, trenes y subtes.
También adherirán los camioneros, bancarios y los mecánicos del SMATA, alineados con el moyanismo en el Frente Sindical para el Movimiento Nacional.
Otros frentes que se verán alcanzados por la medida son los aeronáuticos, los canillitas de Omar Plaini, los docentes de Udocba, Ctera, el FEB y Suteba, los profesores universitarios y los empleados de Anses afiliados a APOPS.
Hay que decir además que no habrá atención en bancos, ni en la mayoría de las dependencias gubernamentales, provinciales y municipales, aunque varios funcionarios de la planta política de Cambiemos se organizaron con choferes oficiales para reclutar para ese martes a la mayor cantidad de administrativos posible.
En lo que tiene que ver con la Justicia, adhieren la UEJN de Julio Piumato y el Sitraju de Vanesa Siley. Se espera que por la escasa actividad, la Corte Suprema luego dicte “día no hábil” el 25 de septiembre para que no corran los plazos procesales en las causas.
Sin camioneros, no habrá recolección de residuos hoy por la noche y el martes durante el día. Tampoco circularán mercaderías por las rutas, ni los camiones de caudales. Hay que tomar recaudos con la extracción de dinero, ya que hoy será la última recarga de cajeros automáticos.
La Asociación Gremial de los Trabajadores de Subte y Premetro (AGTSyP) limitará la circulación de las foormaciones. Los trabajadores de la salud atenderán guardas mínimas y los empleados de comercio atarán su voluntad laboral a la suerte de trasladarse a sus lugares de trabajo. Los supermercados intentarán sostener las persianas en alto, pero sin dotación será imposible. Lo mismo los comercio de cercanía en los barrios.
Los peajes tendrán las barreras levantadas y se resentirán las tareas de los peones de taxi, de Luz y Fuerza, personal legislativo, telefónicos, atención en farmacias, obreros navales, tintoreros, curtidores, cortadores, recolectores de granos en los puertos y hasta de empleadas domésticas.
Sintetizando el escenario actual, la posible reelección de Macri en 2019 está seriamente comprometida. En la Casa Rosada, las primeras espadas de Durán Barba todavía analizan la forma de comunicar electoralmente el nuevo clima en ciernes. Apuestan a que la economía muestre signos de recuperación para el primer trimestre del año próximo. Es más, se ilusionan con que lo haga antes. Pero lo que es una realidad irrebatible, es que no podrán hacer campaña enarbolando los éxitos de gestión ni volver tampoco sobre la foto de la pesada herencia recibida cuatro años antes.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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