* Por Jorge Joury

El Gobierno volvió a pedir que le reserven cama en la enfermería. Se le hizo costumbre fabricar sus propias crisis con virus que dejan secuelas. Pero luego pega un volantazo y trata de enderezar el rumbo cuando observa que la bronca generalizada se le viene encima. El miércoles, casi de manera vergonzante, se anunció la marcha atrás en la adecuación de las tarifas de gas.

Lo que quedó al descubierto fue la falta de coordinación del equipo de gestión presidencial. Otros creyeron ver los efectos de las internas del gabinete. Y hay quienes advierten sobre una alarmante improvisación. Los más irónicos, tildan al paso en falso como un nuevo ejemplo del «Errorismo de Estado». Pero nada es gratis y tiene un costo político. Basta con repasar las principales dificultades políticas que atravesó la Casa Rosada este año para preguntarse :¿Qué le pasa a Cambiemos?.

En abril fueron los radicales con sus críticas a las tarifas de los servicios públicos y recientemente Elisa Carrió la que amenazó con romper la alianza por su enojo con el ministro Germán Garavano. En medio de las tensiones y cortocircuitos, la líder de la Coalición Cívica-ARI, volvió a desafiar en las últimas horas a Mauricio Macri. «Voy a amigarme con el Presidente cuando me saque a Garavano». Luego dijo, en una actitud poco seria, que «fue una broma». No se entiende este juego perverso, que lo único que genera es hacer crujir a la alianza gobernante.

Para el periodista Jorge Asis a Carrió le hicieron un correctivo desde la Casa Rosada.»Le enviaron un sobre con la lista de ‘gente de ella’ que se quedaría en la calle» si avanzaba con el juicio político o el pedido de renuncia. ¿Será falso?», se preguntó Asis.
Desde Balcarce 50 sostienen que : «Con Carrió nunca se sabe… es ingobernable». Con la nueva sacudida de la chaqueña quedó echa trizas la incipiente paz de los mercados. Pero jugadores de peso como Carolina Stanley y Alejandro Finocchiaro salieron a darle una lección de ética: «Nadie debe condicionar al Presidente».

UNA LARGA LISTA DE DESACIERTOS
A esta lista que acredita en el tiempo otros mamarrachos que terminan erosionando al propio Macri, se le sumó el «cobro revertido» del gas que impulsó insólitamente en solitario el secretario de Energía, Javier Iguacel, y que logró unir a las alas políticas y técnicas del Gobierno con el objetivo de dar marcha atrás con una decisión que amenazaba con dinamitar los bolsillos del principal caudal político de Cambiemos: la clase media.

De la compensación a las gasíferas por la devaluación finalmente se hará cargo el Estado, pero recién después de las elecciones. En realidad la pagaremos todos los contribuyentes con nuestros impuestos.

Sin embargo, el subsidio a las distribuidoras arranca en octubre del año próximo. El cambio, que el Gobierno intenta presentar como una solución de “sacrificio compartido”, corresponde a la propuesta elevada por el radicalismo, cuyo rechazo a la medida había sumado malestar dentro de Cambiemos. El affaire de la suba retroactiva del gas volvió a destapar la olla de las internas del oficialismo.

El radicalismo hizo punta con el rechazo a la medida y luego celebró haber tenido éxito. Por el otro, en el propio Ejecutivo, donde el “ala política” volvió a cobrarse un triunfo sobre el “ala económica”, en la que se alistan los funcionarios que sólo quieren cerrar el déficit sin pensar en las consecuencias sociales. Lo más insólito es que el secretario de Energía, Javier Iguacel, arregló el cobro del retroactivo en cuotas directamente con el presidente Mauricio Macri saltando por encima tanto a su hipotético superior, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, como al jefe de Gabinete Marcos Peña.

El senador Angel Rozas fue el primero que puso el grito en el cielo emplazando a Marcos Peña. «A ver si entendés: si no haces nada, vamos a votar con el peronismo el rechazo al nuevo tarifazo del Gobierno». El jefe de Gabinete tembló como una hoja y replicó: «eso sería grave, porque mostraríamos una fisura».

Igual o más subido de tono habría estado el senador Luis Naidenoff. «No podemos seguir enterándonos tarde de las medidas oficiales. Si somos una coalición hay que consultar», exigió. Peña quedó paralizado, mientras intentaba explicar que el secretario de Energía no avisó a nadie porque era una resolución de rutina para cumplir con la ley y hasta había festejado poder resarcir a las empresas en cuotas.

Lo cierto es que el Iguacelazo hizo estallar de bronca al país que ya venía con la piel sensible por los tarifazos anteriores. Moraleja: «El mejor equipo de los últimos 50 años», como le gustaba decir a Macri, volvió a quedar en orsai por mala praxis.

¿DONDE ESTA EL PILOTO?
En tiempos en que el Gobierno había ganado una paz momentánea en los mercados financieros, muchos se preguntan si era necesario arrojar un balde de nafta al fuego con una tarifa de gas retroactiva.

Estos pasos al costado no hacen otra cosa que poner en evidencia la fragilidad del Presidente. Muestran más que un piloto de tormentas a un hombre desesperado por llegar al final del túnel como sea. Eso lo hace caer vertiginosamente en las encuestas, además de acelerar el descontento social que ya se encuentra al límite de la tolerancia porque el bolsillo no da más.

Son muchas bombas en poco tiempo las que han estallado en el camino de Macri. Una nueva devaluación. Cambios de urgencia en el gabinete. Un acuerdo tortuoso con el FMI que tuvo en vilo a la Casa Rosada cerca de 90 días. Paros nacionales. Peleas de poder dentro de la Corte Suprema y la frutilla de la torta, con el sacudón del «huracán» Carrió.

Todo suma de manera vertiginosa en un escenario de locura, donde la oposición mira con desconfianza al nuevo presupuesto y saca pecho para incomodar a Macri de la manera que se pueda.»Si siguen así, no los van a votar ni los familiares», comentan con sorna desde el Congreso. Las jornadas de tensión para el oficialismo se suceden casi todos los días. Las urgencias económicas por lograr el déficit cero desbordan la agenda y cada vez es más complicado pensar a mediano y largo plazo con la cabeza serena.

Desde que Macri cometió la torpeza de anunciar un nuevo acuerdo con el FMI antes de haberlo cerrado, el vértigo de la agenda se puso al rojo vivo. A partir de ese momento el equipo del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne viajó de urgencia para pedir más dinero y adelanto de fondos. Pero cuando estaba todo listo para el anuncio, cayó otra lluvia ácida con la renuncia de Luis Caputo a la presidencia del Banco Central, a quienes algunos llamaban el Messi de las finanzas.

Caputo tras 90 días de gestión, había desarmado la «bomba» de Lebac, pero con una devaluación del peso de un 67%. Para colmo, todas esas noticias coincidieron con el cuarto paro general en reclamo de paritarias, contra los despidos y a favor de un cambio de rumbo económico.

CON SU MEJOR ALUMNO, EL FONDO VIENE POR MAS
Para colmo de males, en los últimos días recrudecieron versiones que el FMI podría exigir un ajuste extra de 60 mil millones de pesos al previsto en el Presupuesto. Es porque proyecta una caída del PBI mayor que la incluida por el Gobierno en la confección de los números fiscales. Solo un dólar más alto y más inflación podrían frenar la exigencia de más ajuste fiscal que tarde o temprano llegará desde Washington, señalan los especialistas.

Hoy el Gobierno se encuentra con el enorme desafío de que la bomba fiscal heredada no se pudo patear más para adelante. Se terminó la era de tasas casi cero y a la Argentina se le acabó el crédito. Queda claro que el ajuste involuntario que se hizo por las malas fue cruel y desordenado. Y después de tres años, hoy es muy difícil emprender las reformas audaces que no se hicieron de entrada. Y luego de la devaluación, mucho menos aún, como lo muestra el frustrado y explosivo intento de compensar retroactivamente a las empresas de gas.

Hay indicadores sociales que son dramáticos en el segundo cordón del Conurbano. Allí cerca del 40% dice haber tenido hambre por falta de ingresos. En el sur de este territorio casi el 70% de los vecinos afirman haber disminuido la cantidad de alimentos que pudo comprar y el 66% ha dejado de comprar medicamentos.

Está claro que el Gobierno está siendo víctima de su propia medicina. Eligió gestionar para un sector muy chico que son las empresas, pero se olvida que para que haya rentabilidad tiene que haber gente con poder adquisitivo. El salario, las jubilaciones, los comercios dependen de que haya crecimiento del PBI y eso es consumo. Debe haber salarios con potencia, créditos con seguro de tasa y dejar de estar tan pendientes de la patria financiera. Es indispensable despertar con nuevas medidas reactivantes, antes de que terminemos todos congelados en la era polar de la recesión que vino a recomendar el FMI y que tiene en Macri a su mejor alumno.

Ezequiel Bértola