*Por Jorge Joury

En pocas horas el escenario electoral se dio vuelta y lanzó luces de bengala sobre el oscuro firmamento de las especulaciones. En una jugada que sorprendió al andarivel mediático, el Presidente sacó un conejo de la galera y confirmó que el senador peronista Miguel Pichetto será su compañero de fórmula. Con esta jugada, Macri rompió la tradición de lo que fue el PRO. Ni radical, ni mujer, ni propio, ni propia. Pero, para ello hay que entender que nada es casualidad en el mundo de la política. Pichetto tiene pergaminos que garantizan consensos a futuro. Fue presidente del bloque de senadores del Frente para la Victoria (FpV) durante toda la gestión de Néstor y Cristina Kirchner, fue menemista, duhaldista y uno de los armadores de Alternativa Federal, un espacio que apuntaba a cerrar la grieta pero que terminaron dinamitando las fugas de Roberto Lavagna y Sergio Massa. Los intendentes del conurbano también lo respetan y en su gran mayoría le deben favores.

 Por la información recogida hasta ahora, la oferta al rionegrino fue acordada con la UCR y la propia Elisa Carrió que no puso reparos. A pesar del hermetismo sobre la opinión del radicalismo respecto a Pichetto, en la Casa Rosada acotan que el primero en recibir la propuesta, en boca de Macri, fue el ex titular del partido Ernesto Sanz, que no aceptó la oferta. A partir de la negativa radical, el Gobierno habría apostado sus fichas a acelerar los intercambios con Pichetto, dentro de la estrategia de mostrar apertura y garantizar gobernabilidad si a futuro a Macri le toca revalidar títulos en el sillón de Rivadavia.

UN BALDE DE AGUA FRIA EN EL CRISTINISMO

Casi al mismo tiempo, desde la muralla peronista se conocía el encuentro entre Sergio Massa y José Luis Gioja, presidente del PJ, con la intención de ponerle la frutilla de la torta a un acuerdo que muchos dan por casi cerrado, pero que aún falta darle las formas en el reparto del poder territorial. Esta es la foto de la política, que apura el paso ante la fecha de cierre de las alianzas. Lo de Pichetto le paralizó el pulso al peronismo. Sobre todo, impactó como una lluvia ácida en el edificio Patria, el bunker de Cristina Kirchner.

Inmediatamente de anunciada, la flamante fórmula del oficialismo generó euforia en los mercados y el riesgo país cayó bajo los 850 puntos. Es evidente que al mercado no le gusta la incertidumbre y la confirmación del tándem presidencial aceleró la suba de los títulos públicos en una jornada en la que el humor internacional daba aire a los emergentes y hacía subir al Merval 2%.

La lectura que se impone entre los analistas financieros es que con este acuerdo ganó el pragmatismo político sobre el purismo ideológico y que Mauricio Macri buscó un compañero de fórmula que garantice gobernabilidad. Pichetto es concebido como un hábil operador político capaz de tender puentes con la oposición. Así, el mercado voló luego de la confirmación de la fórmula presidencial y contagió a las acciones tanto en el mercado local como el Wall Street. 

UN JUGADOR QUE VENIA DANDO SEÑALES

Pichetto manifestó que el Presidente le hizo la invitación en las últimas horas. Sin embargo, el senador venía reacomodando su discurso desde que empezó a naufragar la posibilidad de la tercera vía peronista, Alternativa Federal, cuya última reunión fue el 28 de mayo. Desde allí, empezó a acercar posiciones con el macrismo hasta llegar a definir que, en un hipotético ballotage entre Macri y la fórmula Fernández-Fernández, optaría por la continuidad macrista. «Yo voy a estar del lado del espacio democrático, que es la continuidad de un gobierno que tiene mirada democrática, inteligente, responsable a pesar de los errores», respondió ante la consulta periodística, en su presentación en el canal NET.

Hay quienes señalan que Mauricio Macri en los últimos tiempos lo consultó en varias cuestiones estratégicas y encontró en él una suerte de maestro político. 

Para los observadores, la designación de Pichetto no puede leerse en términos numericos sino simbólicos. Es el aporte clave en el vínculo con los mandatarios de la oposición y la aceptación que encuentra entre los representantes del círculo rojo, quienes venían reclamando previsibilidad para calmar los mercados.

UN ALIADO CLAVE PARA LO QUE PUEDE VENIR

Si bien es cierto que los jugadores que le quedan de Alternativa Federal no pueden aportar muchos votos, pero  Pichetto encarna la figura de un buen postulante a vice en la etapa que viene. Si se diera un segundo gobierno de Cambiemos, allí el senador puede convertirse en un aliado clave del Presidente, ya que en ese escenario donde no abundarán las mayorías, será necesario acordar con los gobernadores y negociar con el peronismo para sacar las leyes que sean necesarias.

Con el cierre de la inscripción de alianzas, las primeras espadas de la Casa Rosada esperan tener más herramientas para ver cuál es el margen de maniobra que tendrán para el armado electoral a nivel nacional.

En las últimas horas se observó entusiasmoi, no sólo por haber conseguido la primera foto oficial de cómo quedará configurado el escenario político, sino también que ahora tendrán un panorama más claro de dónde buscar dirigentes sueltos dispuestos a abandonar el rol de opositores luego de sumar a Alternativa Federal.

Los estarategas de la campaña al ex ministro de Economía Roberto Lavagna lo dan por descartado. Desde Cambiemos sostienen que el economista está decidido a presentarse sólo para quedarse con la ancha avenida del medio, más ahora que Sergio Massa podría cerrar en las próximas horas con el kirchnerismo.

Quienes conocen el perfil del futuro socio de Macri, lo señalan como un político de gran cintura, que antepone las razones de Estado por encima de los intereses particulares e, incluso, de los suyos personales. Tiene la visión opuesta de los que buscan el respaldo de los electores, normalmente críticos con la política y mucho más si son profesionales.

UN IRREVERENTE DE LA POLÍTICA

Hay momentos en que se torna irreverente. No le tiene miedo a lo incorrecto ni espera el aplauso de los sectores más progresistas de la sociedad. Desde que se liberó de las presiones que lo agobiaban sentía  en tiempos K, dice lo que piensa. Así, a los macristas que lo critican porque no habilitó la suspensión de los fueros de Cristina Fernández de Kirchner para que fuera detenida en prisión preventiva les contesta con la «tradición del Senado». Y a los zaffaronianos los asusta cada vez que pide orden en las calles para limitar el accionar de los piqueteros.

Parece que Pichetto es capaz de decir cualquier cosa, pero apenas dice lo que piensa. En el documento que le entregó a la prena Pichetto dejó en claro que cree en una Argentina con un  capitalismo moderno, integrada al mundo occidental y bajo la amplia tutela del hermano mayor de la región, Estados Unidos. No piensa que es un vendepatria por eso. Es solo un pragmático, porque puesto a elegir, no duda cuál es lado que prefiere.

Pichetto acaba de terminar con una tradición dentro del PRO, la de llevar una mujer en la fórmula. Desde 2007 el equipo amarillo, y luego Cambiemos, se enfocó en una figura femenina para lograr un equilibrio. Lo hizo con Gabriela Michetti, con María Eugenia Vidal y de nuevo con Michetti. Se trataba casi de un dogma, abonado sobre todo por Marcos Peña y el estratega Jaime Durán Barba, atentos a la sociedad moderna y más equitativa con el rol femenino.

EL PRESIDENTE PATEO EL TABLERO

La jugada maestra de Macri de llevar a Pichetto como compañero de fórmula, significa romper las cadenas de la teoría que lo llevo al poder, asentada en esa política blanda, donde lo político es despreciado por lo que tiene de «transaccional». Es evidente que el Presidente comprendió que para la etapa que viene, necesita un maestro de consensos. Pichetto es la expresión de la negociación en su estado puro. Es todo lo contrario a lo que él macrismo y y sus arquitectos, despreciaron desde sus inicios. Pichetto es el símbolo de la construcción de consensos en serio y no solo para las fotos, porque exige escuchar al otro y sus circunstancias, entenderlo y ayudarlo, para que finalmente coronar un «ganar/ganar».

Pero en el caso de Cambiemos también expresa los límites a la gobernabilidad que tuvo y, sobre todo, tendrá que enfrentar si Macri es reelegido. El Congreso desde el año próximo será una espina. Y Macri será un pato rengo el 11 de diciembre de 2019 si no construye una coalición más amplia, como la que le reclamaron a tambor batiente los radicales en su convención de Parque Norte.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.

Jorge Joury