Por Delgado Morales 

Un amplio abanico de políticos argentinos están configurados para escuchar lo que quieren escuchar y para comprar espejitos de colores al momento de formatear sus campañas y derroteros. Es en este escenario que deslumbran los prestidigitadores de la comunicación, los encantadores de serpientes, los conocidos como vendedores de humo; personas con equipos que despliegan su magia en diferentes cuentas y antes, durante y al final del camino, recaudan atractivas sumas al margen de los resultados.

Y la nave va… Desde la elección de un color, una frase, corbata sí o corbata no hasta la inversión publicitaria callejera, forman parte del variado menú. Algo que bien puede realizarse con seriedad y a costo razonable porque buenos profesionales hay, pero quienes contratan suelen preferir especialistas que hablen en otros idiomas o argentos que supieron venderse bien al paso de los años y los gobiernos.

El negocio de las consultorías proliferó en Argentina al compás del interés político por respaldarse en tendencias internacionales y el activo mundo de las redes sociales. La tiza y el carbón, la militancia barrial (real, sin cámaras de TV ni escenarios preparados), el trabajo con técnicos, la elaboración de plataformas y, en todo caso, la aplicación de la tecnología de punta para proyectar respuestas a problemáticas concretas, no están en una primera fila.

¿Está claro que si un político no tiene con qué, una consultora ni dos, ni tres, podrán salvarlo? Pero esto no es de interés de quienes te dicen cosas como “tenés que salir en Clarín todos los días, de ser posible” (caso real) sin ponerse colorados.

Un encuestador puede equivocarse una y otra vez que no pasa nada. Un consultor puede trabajar a la vez para mostescos y capuletos, ir y venir con la información de cada uno, y no pasa nada. Un asesor estadounidense puede cobrar fortunas por hacer un aporte al mes desde su realidad virtual, y no pasa nada. La culpa no es del chancho.

El chancho engorda, amplía su cartera de clientes y hasta derrama sus fórmulas exitosas en charlas por la Argentina y el mundo.

El periodismo, las agencias de prensa y las consultoras tienen hilos conductores que, en algunos casos, llevan todo a un mismo plano al punto de darse una suerte de compost o, en el peor de los casos, una caja de pandora al estilo de la mitología griega.

Mientras, abruma ver a tantos buenos periodistas, licenciados en comunicación y profesionales del ramo sin trabajo. La precariedad laboral reinante choca de frente contra el reino de los cachafaces. Esto también se encuadra en la profunda crisis que afecta al periodismo en el país.

NG