Mauricio Macri espera con ansiedad que este 7-D haya una Plaza de Mayo llena. El 40% obtenido en las urnas lo catapulta  a futuro para ocupar un sitial de liderazgo en la oposición.

El sueño de Marcos Peña es que si el Gobierno de Alberto es mediocre, Macri saque 50 puntos en la Capital en dos años y entre nuevamente en carrera para 2023. Lo que es real y saludable para la democracia, es que Macri pasará a la historia como el único jefe de Estado no peronista que termina su mandato completo. Pero lo que hay que advertir, es que el frente interno en Cambiemos se parece más a una papa caliente que a un sitio armónico con ondas de amor y paz.

Por un lado, Emilio Monzó salió a la política activa con fuertes críticas a la gestión, con la idea de construir una “oposición responsable”. Y por otro, los radicales y la Coalición Cívica se encuentran en ebullición y parecen dispuestos a pintarse la cara en una futura interna partidaria. Hay dirigentes como Ricardo Alfonsín, que sostienen que «hay vida después de Cambiemos» y están dispuestos a dar la pelea por aire fresco.

La concentración frente a la Casa Rosada, será el último hito antes de la entrega del poder. Por eso ya comenzó en las redes sociales una movida oficialista para incentivar la concurrencia. También se prevé que participe la mayoría del gabinete nacional y miembros de la cultura, para que sea una despedida a todas luces. A diferencia de la movida espontánea del 24 de agosto, esta vez habrá folcklore amarillo, globos, equipos de sonido y pantallas, además de un escenario especial para que el Presidente hable a la multitud, en medio de un fuerte operativo de seguridad.

En los pasillos de la Casa Rosada aseguran que están previstas consignas vinculadas a la defensa de la República y pedidos de Justicia por las causas de corrupción. 

El equipo de comunicación pretende usar el material que se genere como un elemento político documental y, a la vez, dejar en claro que se trata de una demostración de poder para marcarle la cancha al Frente de Todos.

La comunicación en vivo que tuvo el jefe de Estado y su mujer, Juliana Awada, vía Instagram live son una suerte de anticipo de lo que vendrá de parte de un Macri opositor.

El 7D servirá como una continuación de la épica que creció entre la PASO y la elección general con las marchas del “Sí se puede” que llevaron al jefe de Estado por treinta ciudades y fueron decisivas para una remontada que lo dejó en poco más del 40%. Esa peregrinación, lo ubicó a Macri en un sitial de fortaleza también frente a la Justicia, ya que el mandatario tiene más de 140 causas, algunas de ellas muy delicadas como la del Correo. 

En su última aparición en las redes sociales Macri usó un tono de confrontación. Insistió con las críticas al kirchnerismo, a quienes le recriminó que «no insistan con las políticas que no funcionaron, nos excluyeron del mundo, nos retrasaron y nos dividieron».

EL DESAFIO DE MANTENER LA UNIDAD

El macrismo ya se paró como opositor, aunque está terminando el mandato con serios problemas internos en la alianza. Juntos por el Cambio es un conglomerado de múltiples partidos.

El PRO, la Coalición Cívica, los rebeldes radicales y el llamado peronismo federal de Miguel Angel Pichetto. Macri tiene que lograr mantener a todos los sectores unidos por al menos dos años, cuando deberán a acudir nuevamente a las urnas.

Cambiemos empieza a diseñar un espacio para ganar terreno pensando en las elecciones legislativas de 2021 y que se le abra la puerta para instalarse en las presidenciales de 2023. «Voy a ayudar a coordinar la oposición», reconoció el jefe de Estado en la charla con los seguidores de Instagram al hablar sobre el futuro político.

Hasta antes de las elecciones, muchos sectores daban por terminada la carrera política de Macri, pero el 40% de argentinos lo apoyó y eso lo ubicó otra vez en el ruedo electoral.  

En la reciente reunión de la cúpula del PRO con el Presidente en Olivos, se habló de la nueva estructura partidaria y hubo consenso sobre la figura de Patricia Bullrich, que representa el ala más dura de Cambiemos, para que presida el partido.

Aunque no se habló del 7-D, sí se dialogó sobre tener un movimiento dinámico que permita plantear ejes de discusión como cara de la oposición, mantener la unidad y generar un ámbito para discutir espacios de poder con los socios de la UCR y la Coalición Cívica. 

Ambos partidos aliados se comprometieron a formar parte de la movilización a Plaza de Mayo. En ese encuentro, no participó por primera vez el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pero  Horacio Rodríguez Larreta alentó a seguir unidos y mantener un partido cercano. El pondrá al secretario general del PRO: Eduardo Macchiavelli, quien fuera su jefe de campaña y uno de sus ministros de mayor confianza.

NUBARRONES EN EL FRENTE INTERNO

Por su lado, la gobernadora María Eugenia Vidal apenas dijo unas palabras sobre la importancia de mantener contacto con el electorado. Además, se estableció que en febrero haya internas en cada provincia para definir autoridades locales y, seguramente, a nivel nacional haya una lista de unidad.

Con todo, el 7D será, además, una de las últimas participaciones del secretario de Voluntariado del PRO, Federico Morales, un consultor que estuvo muy activo en la campaña y que será reemplazado por el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, o un hombre de su riñón, en el manejo de los voluntarios. 

No obstante, no se puede ocultar que existen nubarrones en el horizonte cercano en la coalición Cambiemos. Dos episodios muy recientes desnudan este escenario de crisis.

El primero, el aplauso unánime que recibió el actual presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó al celebrarse la última sesión ordinaria de su gestión. Ciertamente fue un hombre clave, no sólo en el funcionamiento parlamentario de estos cuatro años, sino también un estratega político que supo apuntalar el triunfo de María Eugenia Vidal en la Provincia de Buenos Aires allá por 2015, y con él, el de Macri en la Nación. 

Sin embargo, el ostracismo al que fue condenado el bonaerense y su alejamiento de la toma de decisiones de Macri, lo recluyeron en el Palacio Legislativo, perdiendo de esta forma la posibilidad de una potencial ampliación del espacio a sectores del peronismo que hubiese sido clave para el oficialismo durante el proceso electoral de este año que termina.

Monzó ahora está dispuesto a cortarse solo y disputarle el territorio a Vidal. Sus primeras espadas le han organizado una grilla de actos en el conurbano bonaerense.

Tan tensa es la situación, que el diputado de Juntos por el Cambio, Marcelo Daletto, sorprendió a todos en la última sesión al asegurar que la gobernadora María Eugenia Vidal detesta a Emilio Monzó.  

Otro tema del que hay que dar cuenta, es el caso planteado por la salida del ministro de Salud tras la derogación del nuevo protocolo sobre la Interrupción Legal del Embarazo que había impulsado y publicado días antes en el Boletín Oficial.

La errática conducta del Presidente quedó al desnudo, una vez más, provocando una grieta en el interior de la coalición que lo sostiene: un presidente, que en marzo del año pasado había habilitado la discusión del aborto en el Congreso se despide derogando un protocolo que sólo actualiza -en los términos recomendados por la Organización Mundial de la Salud- el procedimiento para los abortos no punibles que ya es un derecho consagrado en nuestro país desde el Código Penal de 1921.

HAY OLOR A POLVORA EN EL RADICALISMO

Macri le tomó el gusto al poder y quiere seguir en política, pero no tiene territorio propio. Rodríguez Larreta ya ha conformado su mesa con cinco o seis de sus más íntimos, entre los que están Diego Santilli y Eduardo Machiavelli. No está María Eugenia Vidal.

Estos dirigentes ya están armando con referentes del territorio nacional con miras al 2023. La falta de territorio no es el único inconveniente de Macri para imponer como quisiese un liderazgo único.

El radicalismo también está en estado de ebullición. No son pocos los boinas blancas que dicen en voz alta: “primero arreglá tu problema en el PRO y después conversamos lo nuestro”.

En su propio partido, ha caído muy mal que una vez más eligiese a dedo, en este caso a Patricia Bullrich como presidenta del PRO. «Hasta hace cinco minutos era titular de otro partido. Si Macri no entiende que esto no es SOCMA, se complica”, sostienen.

La otra pata de Cambiemos, la Coalición Cívica está acéfala. Lilita Carrió se tomó dos años para luego volver. Pero hoy no está. En cuanto al radicalismo, un sector quiere debatir la identidad partidaria y consolidarla. Siente diferencias ideológicas para con el PRO cada vez más irreconciliables.

No obstante, el 40% pesa en forma gravitante ante cualquier decisión. Este sector es el que siempre está predispuesto a poner fin a esta sociedad política, no se siente cómodo ahí. Pero existe un sector mayoritario que recuerda las tres convenciones de los años 2015, 2017 y 19 que marcaron una clara pertenencia a Cambiemos.

En esa linea se reconoce que debe la UCR insistir en normalizar la posición de la coalición y hacerla más contundente.Donde sí las distintas miradas del radicalismo confluyen en una suerte de embudo, es en cuanto a la convocatoria a la despedida de Mauricio Macri el próximo 7 de diciembre. No les gusta, no la creen necesaria. Intuyen que la convocatoria no será de la magnitud como las ya protagonizadas y que, eso seguro, les será facturado oportunamente.

LA BOLILLA NEGRA DE UNA GESTION

En el final del camino, no se puede negar que la política económica de Cambiemos fue, desde el primer día, contraria al desarrollo de los sectores más vulnerables.

A la espera de la «lluvia de inversiones» y los «brotes verdes», el gobierno regó el terreno para la especulación financiera, en detrimento del sector productivo. Y como si fuera poco, aplicó un régimen tarifario durísimo en los servicios básicos, elevó las tasas de referencia, promovió las importaciones, quitó retenciones a la agroexportación, comenzó a tomar deuda a niveles históricos nunca vistos y liberó al dólar de todo cepo.

Este combo explosivo produjo un deterioro de la actividad económica, provocó la destrucción de empleo dando lugar al crecimiento de la informalidad, desarticuló el tejido industrial, bajó el nivel de recaudación y no pudo contener a la inflación ni al dólar.

Esto decantó en una caída muy significativa del poder adquisitivo, tanto de salarios como de jubilaciones, asignaciones y demás. Como corolario, el impacto del ajuste sobre la pobreza ha sido brutal.  

Además, el próximo Gobierno deberá afrontar vencimientos de deuda por casi 224 mil millones de dólares a lo largo de todo su mandato. Los vencimientos de la deuda alcanzan los US$ 200 mil millones entre 2020 y 2023.

Durante los primeros dos años, se observan vencimientos en moneda extranjera por US$30 mil millones por año, y en los últimos dos por más de US$40 mil millones. Macri tomó deuda de manera irresponsable y el FMI le otorgó ese beneficio también irresponsablemente sin las exigencias del caso.

Alberto Fernández tendrá que marcar esta circunstancia, para obtener los plazos más amplios y luego honrar los pagos. Pero primero habrá que poner en marcha la economía.

EL PAIS NO ERA UNA EMPRESA

En el balance general, se podría decir que Macri creyó que podía manejar el país como una empresa y se equivocó. Gerenciar significa hacer las cosas correctamente. Liderar es hacer las cosas correctas.

El macrismo no hizo ninguna de las dos. Muchos se ilusionaron con la llegada de un nuevo un líder y ni siquiera apareció el gerente.Si hubiera que describir a la administración que se está despidiendo, se le podría poner el título de “irresponsable”.

El PRO fue, en esencia, una gestión signada por una completa irresponsabilidad. No estaban preparados para gobernar. Es más, no midieron el desafío que enfrentaban, no supieron resolver los problemas que tenían y no se animaron a pedir ayuda. De anunciarse como el mejor equipo de los últimos 50 años probablemente van a tener que esmerarse en no resultar el peor.

Macri baja el telón con pobreza 40%; inflación 60%; desempleo 10,6%, deuda al 97% del PBI; caída en salarios y jubilaciones 50% en dólares. Alimentación y servicios impagables.

Desfinanciamiento de la educación y la salud públicas. Degradación de los ministerios de salud y trabajo a simples secretarías.  Si bien los indicadores económicos y sociales meten miedo, la inestabilidad en la región contrasta con una Argentina en donde no se discute un golpe de estado, una destitución o un estado de sitio, sino el democrático traspaso de un gobierno a otro de un signo distinto.

Algo muy pocas veces visto en estos más de 100 años de vigencia de la Ley Saénz Peña.  

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.     

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