Ya nadie oculta en la gobernación que hay clima de despedida. La propia María Eugenia Vidal le ha confiado a sus más íntimos que la idea es perder el 27 de octubre por lo menos posible.

El objetivo es liderar la oposición el año próximo. «Ella no quiere dejar la provincia de Buenos Aires. Trata de preservar el poder propio en la Legislatura para marcarle la cancha a Kicillof», reconoció una fuente confiable.

En el entorno de la gobernadora están convencidos que es “casi imposible” revertir el resultado de agosto, que los dejó 17 puntos abajo de Axel Kicillof. Pero igual siguen la orden que Vidal les dio el lunes 12 a las 6 de la mañana: “Ni se les ocurra armar una campaña para perder por poco. Hay que trabajar como para ganar”.

Esa estrategia incluye reducir al mínimo posible la cantidad de apariciones con Mauricio Macri, la mancha venenosa, y recorrer en profundidad los distritos en los que aún tienen chances de ganar.La calle se le está poniendo hostil a la gobernadora cuando se muestra con Mauricio Macri. Por ejemplo, durante la visita a Florencio Varela para inaugurar el Metrobus, los vecinos repudiaron su visita con insultos y carteles, algo que no se reflejó en los medios nacionales. Después varios desencuentros y reproches por el manejo de la campaña, el presidente y la gobernadora eligieron uno de los partidos donde menos puntos sacaron en las PASO.

En Varela, Macri obtuvo apenas 17,5% y Vidal 19,5%. El lugar fue significativo además, porque allí vivía José Bulacio, el capataz que falleció en la obra del Aeropuerto de Ezeiza. Antes de iniciarse el acto, tanto Vidal como Macri que habían llegado al distrito en sendos helicópteros, conversaron durante un rato en el interior de un auto. Se cree que limaron algunas asperezas para mostrarse sonrientes ante la concurrencia. 

Pero hubo un dato que no estaba en el libreto. Los varelenses mostraron su enojo con los visitantes. Quedó reflejado durante la recorrida que el mandatario decidió dar en un colectivo de la línea 178, ahora Metrobus, y al subirse se encontró con un grupo de vecinos que lo abuchearon.
En uno de los videos que se difundieron por las redes, se escucha a una mujer y a un hombre que le gritan: «Nadie te quiere acá, estás con el hambre del pueblo» y el calificativo de «¡Rata!».

También en otra de las grabaciones se observa un cartel que le pintaron en el techo de una casa, con el fin de que los funcionarios lo pudieran visivibilizar desde el helicóptero que los llevó hasta el lugar. «Bienvenido domador de reposeras», escribieron y pusieron una reposera con una pelopicho y una sombrila.

Otro de los comentarios dio cuenta también que el presidente y la gobernadora armaron una puesta en escena para el acto . Con cintas violetas firmadas por Presidencia de la Nación, un corralito y micros con decenas de personas, el macrismo «inventó» un acto proselitista, reseñó el portal El Destape. «Mauricio no se va» y «Ahora, Vidal gobernadora», algunos de los cantitos de la «militancia» que llevó hasta allí el PRO.   

El intendente Andrés Watson, fue el gran ausente. Explicó su ausencia durante el acto señalando: “Decidí no ir para no prestar mi presencia en un acto de campaña de gente que está destruyendo el país.A esa hora estaba dándole mis condolencias a los familiares de José Bulacio, el trabajador fallecido en la tragedia de Ezeiza”, aclaró el alcalde. 

Los intendentes de Cambiemos también ocultan a Macri en sus boletas e impulsan el corte para las elecciones de octubre, para evitar que otro tsunami los arrastre como ocurrió en las Paso.

En medio de este escenario, Vidal está desgastada por los permanentes cruces con Marcos Peña y las negativas de Macri a sus propuestas. No le perdona al Presidente no haberla autorizado a desdoblar la elección, donde tal vez hubiera salido victoriosa, porque en esos momentos el peronismo estaba dividido y Sergio Massa le había dado en varias oportunidades su apoyo a nivel legislativo. Ahora Vidal tiene que conformarse con el sueño de liderar un espacio en el que pueda ser ella quien dicte las reglas. No quiere volver a ocupar un cargo ejecutivo en la Ciudad, donde comenzó su carrera, y coincide con Horacio Rodríguez Larreta en que el gobierno porteño no tiene que convertirse en un refugio amarillo para los dirigentes desempleados de provincia y nación.

Sus primeras espadas sostienen que la gobernadora quiere armar un espacio que represente al 30% que la acompaña y con la gente que ella quiera. Los que vienen serán dos años en el llano, en los que tendrá que contener a la tropa propia que, aún con el peor resultado, mantendrá un relativo poder en la Legislatura provincial. Algunos de sus colaboradores sostienen que va a tener la llave del Senado bonaerense y unos 40 diputados que le pueden responder.

Las cuentas que hacen en el búnker vidalista son prometedoras porque ellos mismos se encargaron de ubicar a militantes aliados de toda la provincia en la cima de las listas. “Fue lo mejor que hicimos”, reflexionan. Kicillof recorrió la provincia durante tres años en un modesto Renault Clío. Con esa estrategia austera y cercana a la gente, como la que hizo Vidal en 2015, superó a la gobernadora por 17 puntos en las PASO.

Para complementar ese armado, a la dirigente con mayor imagen del país le propusieron otra idea: liderar una fundación que le permita recorrer el país y percibir un sueldo mensual, al estilo Carrió. Los promotores de esa idea lo argumentan así: “María Eugenia puede caminar por la calle y tiene el desafío de ser autónoma, pero no puede ir a trabajar al sector privado porque eso la condicionaría”. La moneda está en el aire.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.  

Jorge Joury