A poco más de tres semanas de las PASO, la campaña bonaerense ya comenzó a agitar mensajes de virulencia y miedo. En la largada, María Eugenia Vidal mostró las uñas en la pelea contra el candidato del Frente de Todos, Axel Kicillof. La estrategia que le recomendaron sus asesores, es la demonización del rival, condenar el pasado de un gobierno corrupto y potenciar a toda máquina la «publicidad» de gestión y el futuro prospero que vendrá. También le aconsejaron mostrar el cambio con obras palpables. La idea es marcar la diferencia con la administración de Daniel Scioli. Pero de economía, se le dejó en claro que no se debe hablar. No es para menos, Mauricio Macri llegará al final del camino con una inflación interanual de 55,8%.

El peronismo también muestra desinteligencias en su propia tropa, dejándole terreno fértil al oficialismo. Por ejemplo, Alberto Fernández tuvo que salir al rescate de Kicillof, luego de que uno de sus principales referentes económicos, Guillermo Nielsen, lo tildara de “ignorante” y de “marxista disfrazado de keynesiano”. La contingencia verbal, no hace otra cosa que visibilizar el incómodo y tardío ensamble del sector peronista que contenía Sergio Massa a la campaña de la fórmula Fernández-Cristina Kirchner, que también se manifiesta en la recorridas de campaña del candidato a gobernador de Buenos Aires.

Salvo en el Instituto Patria y en la gobernación bonaerense, la consagración de Kicillof como contrincante de María Eugenia Vidal no fue celebrado en el peronismo de la provincia, especialmente por los intendentes que se sintieron desplazados de la lista de candidatos por dirigentes de La Cámpora. También Massa negoció hasta último momento la candidatura a gobernador, pero el dedo de Cristina se impuso por encima de cualquier otro actor del Frente de Todos.

LA APATIA DE LOS INTENDENTES CON KICILLOF

La calificación de Kicillof como “marxista disfrazado de keynesiano” que Nielsen hizo explotar como una bomba durante un reportaje en el diario Perfil, es un dato a tener en cuenta. No hay que olvidar que Nielsen fue un jugador central en la renegociación de la deuda que lideró el ex ministro Roberto Lavagna en el Gobierno de Néstor Kircher. Por lo tanto, es casi un dejá vú de las críticas de Miguel Pichetto al ex ministro de Economía. Una similitud que disparó la ira en el Instituto Patria. Pero más que el ataque de Nielsen, lo que preocupa en el peronismo es la apatía de los intendentes del conurbano ante Kicillof , que contrasta, sin embargo, con la receptividad que genera Alberto F.

Los alcaldes del conurbano se sienten más contenidos por el candidato presidencial que por el postulante a gobernador. Observan en el ex jefe de Gabinete un peronista más ortodoxo, abierto a la negociación política, a diferencia del temor que les infunde Kicillof como germen de una eventual “camporización” del conurbano con candidatos propios que los deje sin poder.

SE PONE EN DUDA HASTA LA DEMOCRACIA

Frente a este escenario, Vidal se colocó el cuchillo entre los dientes y salió con todo a dar la pelea cuerpo a cuerpo. Durante su lanzamiento, ante el presidente Mauricio Macri y unos 400 funcionarios que se nuclearon bajo el coqueto marco del hotel más lujoso de La Plata, Vidal le apuntó al electorado más reflexivo. «En esta elección se definen los próximos 20 años para nuestros hijos. No se decide por candidatos sino por una manera de hacer política», dijo. Antes, Macri había jugado más fuerte y de manera exagerada, al plantear que «si no triunfa el Gobierno, la democracia estará en peligro». Todo apunta a la hiperpolarización. Esa es la principal carta de Cambiemos, en una campaña pergeñada palmo a palmo por el jefe de Gabinete, Marcos Peña.

En esa dirección, la «Boleta completa», es el nuevo catecismo de Macri y Vidal en la Provincia. El oficialismo apuesta a dar una imagen de unidad para traccionar votos desde la propia Vidal al Presidente.

Por no haberse desdoblado las elecciones, ahora la suerte de la gobernadora quedó atada a la de Macri y a la imagen negativa del presidente, en especial en el tercer cordón del Conurbano. En esa geografía, es donde más hunden sus cuchillos y provocan heridas que no cicatrizan la pobreza y la falta de trabajo. En las encuestas públicas y privadas, la gobernadora sufre el arrastre hacia abajo que le genera Macri en la boleta. Contrariamente, su rival directo se beneficia con una transferencia de casi el 100% de los votos de la ex presidenta Cristina Kirchner.

EL TEMOR A QUE VIDAL PIERDA

Como en la Provincia no hay balotaje, el oficialismo corta clavos con la posibilidad de que finalmente Vidal pierda arrastrada por Macri. «No me veo un minuto gobernando la Argentina sin María Eugenia Vidal como gobernadora», dijo el Presidente en La Plata, elogiando a la dirigente con mejor imagen de Juntos por el Cambio y antes de pedir a los intendentes propios que militen la boleta completa.

En el comando de campaña bonaerense admiten que están «abajo» en los números, pero aseguran que terminará siendo una pelea muy reñida, cabeza a cabeza. «Se está proyectando una polarización extrema. Entre el 80 y el 85% de los votos estarán concentrados en las dos fuerzas», señalan y aclaran que hoy necesitan «un corte de boleta de 7 puntos» para poder ganar.

Esa diferencia es la que obtuvo Vidal en octubre de 2015 respecto del propio Macri. Pero conviene aclarar, que el escenario era muy distinto y con un competidor altamente demonizado como Aníbal Fernández. En materia de votos, los estrategas de la residencia de la calle 6, hoy dividen a la provincia en tres escenarios. La primera sección electoral, donde pronostican una elección «pareja». La tercera, que la dan por perdida, y el interior de la provincia. Allí aparecen distritos clave como La Plata y Mar del Plata, donde buscan ampliar la diferencia a favor.

En este marco se inscribe el tono agresivo y a «matar o morir», con que Cambiemos arrancó la campaña. Primero hubo lluvia de tuits de funcionarios y candidatos bonaerenses de Cambiemos contra Kicillof, asociándolo a la supuesta  corrupción, el desmanejo, la desocupación y la pobreza que generó el gobierno de Cristina. Luego fue la propia Vidal la que mostró la estrategia en una entrevista con Jorge Lanata, al emparentar a Kicillof con La Cámpora, apelando al rechazo que esa organización puede generar en los electores indecisos, un blanco al que apunta para conseguir la diferencia que necesita para la reelección.

LAS MIRADAS PUESTAS EN LOS ELECTORES SUB-30

La llave de buena parte de ese futuro inmediato, también está en manos de los electores sub-30. Un grupo que representa al 35% del padrón nacional y que según estudios en profundidad de Ipsos y de la Universidad de San Andrés, se muestran como un electorado sensible a la situación económica y, particularmente, a los números de empleo. Según el estudio de Ipsos, además, los jóvenes están preocupados por cómo el ajuste económico está impactando en su calidad de vida. Mientras que el 49% de los electores de 18 a 24 años cree que el próximo presidente debe, prioritariamente, preocuparse por los pobres.

En sintonía, la Encuesta de Satisfacción que la realiza todos los meses la Universidad de San Andrés, muestra que el 85% de los centennials (nacidos entre mitad de los 90 y mitad de los 2000) están insatisfechos con la marcha general de las cosas en el país. Y el 49% desaprueba la gestión del presidente Macri. Para muchos de ellos, esta será la primera elección presidencial de la que participarán.

Todas las encuestas coinciden en algo: María Eugenia Vidal tiene más respaldo que Mauricio Macri, y la fórmula de Alberto Fernández y CFK está un poco por encima que la candidatura del ex ministro Axel Kicillof para gobernador. Es decir que hay un desafío de «arrastre» en ambos campamentos. En un caso es de arriba hacia abajo y en el otro al revés.

Según reflexiones del analista Julio Bárbaro «Cristina siempre despreció a los vicepresidentes. Y si eligió ese lugar, es porque está planeando su retirada, transfiriéndole los votos a Alberto F. que es el que va a gobernar». Para Bárbaro, CFK optó por Alberto «porque cree que es el descendiente de Néstor». 

La mayoría de los antecedentes indican que la apuesta del Frente de Todos, que la locomotora de la boleta, el binomio presidencial, le sume a Kiciloff los puntos que necesita para ganar la elección, es más fácil de realizar que el proceso inverso, al que apuesta el macrismo. De todas maneras, la moneda está en el aire.

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*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    

Jorge Joury