Cuantas veces se le dice a un niño que está destrozando un objeto valioso….¿No tenés nada que hacer?

En esta pregunta está presente ya el valor del “hacer”, sinónimo del trabajo en nuestra vida, que aporta relaciones sociales más allá del ámbito familiar, introduce orden en nuestra actividad cotidiana, facilita la organización de nuestras metas y objetivos personales, participa en la definición de nuestro mundo y fomenta nuestra vida activa al imponernos la realización concertada de una actividad, algo esencial si tenemos en cuenta que el mantenerse activo y ocupado es una de las principales motivaciones para trabajar y que uno de los mayores costes psicológicos de estar desempleado es, precisamente, el derivado de la propia inactividad.

Se han descripto múltiples riesgos del estatus social de “desempleado”, sobre la salud de las personas: aumento de la mortalidad general y por causa cardiovascular – con aumento de las tasas de hipertensión e hipercolesterinemia -, de las enfermedades crónicas, de la mortalidad en la infancia y de distintos padecimientos físicos (cefaleas y migrañas, enfermedad de Crohn).

También se han descrito, junto a una percepción más negativa de la propia salud, el aumento de conductas de riesgo en relación con la duración del desempleo: tabaquismo, obesidad y sobrepeso, consumo de alcohol y otras drogas, sedentarismo y menos consumo de frutas y verduras.

Y en relación con la salud psíquica del sujeto, cuadros ansioso-depresivos de carácter reactivo, abuso de alcohol y otras sustancias, tabaquismo, distintos síntomas psicológicos y psicosomáticos en adultos jóvenes, trastornos del sueño, sentimientos de culpa, conflictos familiares, violencia doméstica e intentos de suicidio (en Italia, entre los varones, son los desempleados los de mayor riesgo de suicidio, seguidos de los pequeños empresarios y trabajadores autónomos) esto indica como el aumento de la tasa de desempleo incide sobre la cantidad de suicidios.

El riesgo de padecer un problema psíquico va a ser 5 veces mayor en desempleados sin subsidio que en los activos y se reduce a 2 veces, en relación con los activos, aquellos que perciben subsidios.

El objetivo de reforzar la protección social, sanitaria y la protección de los derechos humanos fundamentales en tiempo de crisis es doble: mantener la salud de la población y ayudar a la recuperación económica mediante programas interministeriales tales como la educación ,el apoyo financiero a pequeños emprendedores y con el sector privado, planificados y en cooperación.

La educación y la formación, base de los procesos que permiten desarrollar la empleabilidad, constituyen derechos humanos fundamentales, entre otros motivos, porque son el requisito imprescindible para el ejercicio de otro derecho fundamental: el derecho de pertenecer a una comunidad.

El desempleo es un problema que tiene dimensiones económicas, sociales, psicológicas y culturales que no es posible separar, que llevan a las personas a una situación de vulnerabilidad.

Normalmente se ha estudiado más la vertiente económica y sociopolítica y menos la psicológica o emocional que, de alguna forma, tiene una relación bidireccional con el riesgo de exclusión social.

Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y desde entonces continuamente reforzada a través de las influencias de la escuela, la familia y los medios de comunicación; y cuando el individuo logra insertarse en el mundo del trabajo, accede a un nuevo status y a una nueva identidad social.

El desempleo interrumpe este proceso con lo que va a generar una nueva experiencia de derrota y de fracaso.

La solidaridad y el apoyo de los argentinos frente a la pandemia deberá extenderse en el mutuo apoyo para generar trabajo, y seguramente también en esta acción el Estado cumplirá un rol fundamental para que todos tengamos “algo que hacer”.

Rodrigo Gauna