Un experimento inédito realizado por expertos del Conicet y llevado adelante por voluntarios comprobó las consecuencias de alimentarse solo con la canasta básica del Indec.

Quienes se sometieron al estudio, bajaron de peso, subieron el colesterol y los triglicéridos, y se sintieron sin energía.

Según la estadística oficial, para no caer en la indigencia, basta con que un varón adulto cuente con $ 4.886 al mes (o $ 163 al día) para gastar en la llamada Canasta Básica de Alimentos (CBA), y $ 124 diarios para una mujer.

La «línea de pobreza», a su vez, se calcula a partir de esos números. Ahora, ¿es en verdad posible comer con tan poca plata? ¿Y si así fuera, qué efectos causa sobre la salud seguir esa «dieta» llena de harinas, papa y arroz, con pocos vegetales y cortes de carne de los más grasientos?.

En más de tres décadas de uso de la CBA en el país, nunca nadie había hecho la prueba de comerla. Desde septiembre, eso es lo que están haciendo científicos del Conicet y de la Escuela de Nutrición de la Universidad Nacional de Córdoba.

En un experimento inédito, al que bautizaron «Proyecto Czekalinski» en homenaje a una tapa histórica de la revista Times, tres voluntarios pasaron a comer sólo la CBA, otros tres empezaron a comer según las guías de alimentación sana del Ministerio de Salud y un tercer grupo «de control» siguió como antes.

La prueba es por seis meses, con chequeos médicos constantes, y se repetirá en marzo con otras nueve personas. Falta bastante para que termine, pero a tres meses y medio del inicio, ya arrojó claros resultados.

«Yo bajé casi casi 6 kilos. Las otras dos chicas bajaron 5 y 3 kilos. En los análisis, nos dieron altos los colesteroles, los triglicéridos y el azúcar en sangre. El magnesio y la vitamina B12, en cambio, nos bajó. Y tuvimos síntomas de deshidratación: nos sentimos embotados», contó  Martín Maldonado (45), el investigador del Conicet experto en Pobreza e Inclusión Social que coordina el proyecto y además «puso el cuerpo».

A otra de las voluntarias, en tanto, se le alteró el ciclo menstrual. Decaimiento crónico y alteraciones del sueño fueron otros signos de alerta. Pero también la decisión de decir «basta» se debió al fuerte malestar psicológico que arrastraban, expresado en síntomas como mal humor, irritabilidad y desgano. 

Agenhoy