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*Por Jorge Joury

En el marco del Día del Trabajador y tratando de apagar el fuego de una semana muy caliente, el presidente Mauricio Macri se reunió con bomberos voluntarios y personal de Defensa Civil de Vicente López. El jefe de Estado interrumpió así el último día de su fin de semana extra largo en el complejo turístico de Chapadmalal. Macri también le pidió al jefe de Gabinete Marcos Peña amortiguar todo lo que se pueda el torrente de títulos negativos por la situación económica. El hombre fuerte del Presidente se encuentra frente al enorme desafío de hacer magia o apelar a brujerías para revertir el malhumor de la clase media. La bestia inflacionaria se muestra indomable y encima las tarifas de los servicios públicos hacen crujir los cimientos de la mayoría de los hogares y las pequeñas industrias. Hasta en la Casa Rosada admiten en voz baja que es el peor momento del Gobierno. En ese marco, una nueva encuesta federal elaborada por la Universidad de San Andrés revela que Macri continúa en una profunda caída de apoyo popular. El relevamiento realizado durante el mes de abril concluye que un 68% de la gente se muestra en contra del rumbo general de las cosas en la Argentina.”Estamos en un callejón sin salida”, opinó una fuente del Gobierno para dar cuenta el clima negativo que reinó en los últimos días en las filas de Cambiemos.
Las encuestas que maneja Peña le interrumpen el sueño. Una de las que más atentamente siguen en la Casa Rosada, es la de Satisfacción Política y Opinión Pública que elabora mensualmente la Universidad de San Andrés. Esta medición da cuenta que el gobierno continúa en una profunda caída de apoyo popular. Fue realizada durante el mes de abril y concluye que un 68% se muestra en contra del rumbo general de las cosas en la Argentina.

PRESIDENTE CON PUÑO DE HIERRO

El año pasado, en el el electoral mes de octubre, la “satisfacción social por la marcha general de las cosas” rondaba los 53 puntos porcentuales de aprobación. Esa satisfacción que se había lograda conseguir, disminuyó de forma abrupta y arrojó datos preocupantes para el gobierno en esta última encuesta, realizada por la misma universidad. La satisfacción hoy se encuentra en el orden del 30%. Lo que significa que en seis meses esa expectativa o percepción cayó un 23%.
Según el relevamiento realizado a escala federal, el 66% de los encuestados del total en el país se manifiestan en contra del modo en que está actuando el Poder Ejecutivo conducido por Mauricio Macri.
En los temas particulares, la política energética del gobierno de Cambiemos alcanza un 70% de desaprobación, siendo una de las más criticadas, por debajo de la política económica que arroja un 75% de insatisfacción, trabajo (77%), jubilaciones (80%), defensa (82%) y seguridad (85%).
Lejos de la era de los consensos y dar un paso atrás frente a las equivocaciones, Mauricio Macri se muestra hoy con puño de hierro. Está totalmente decidido a timonear la quita total de los subsidios a los servicios públicos. Sueña con que en los primeros meses del 2019 esta cuestión haya quedado en el olvido. El Presidente además se muestra enojado con la sociedad a la que considera afecta al derroche, recomendando consumir menos luz y gas.
Sin embargo, el panorama económico es oscuro por donde se lo mire, para gran parte de la clase media asalariada, núcleo vital del electorado de Cambiemos. No solo aumentan las tarifas, los combustibles y el transporte, sino que arrastran a una cantidad de servicios adicionales como la medicina prepaga, los colegios privados y hasta los servicios online como Netflix y Spotify que desde ahora pagan el IVA. Frente a este escenario, donde el dólar tampoco cede en su carrera alcista, demás está decir que los salarios cada vez pierden más poder adquisitivo.

UN VERDUGO CON AYUDANTE

Los coletazos de la bestia negra inflacionaria han empezado a acelerarle el pulso a Peña. Macri le ha pedido sacar las papas del fuego de la manera que sea, pero sin dar un paso atrás con las tarifas.
El jefe de ministros pasa por un momento de zozobra para tratar de encontrar luz al final del oscuro túnel económico. Las cosas no están muy bien en el gabinete y sus rivales internos lo tildan de autoritario. Nadie habla sin su permiso. Casi todos coinciden en que es el impiadoso verdugo de Macri. Su lugarteniente, el que le sostiene el hacha, es el gurú ecuatoriano, Jaime Durán Barba. En lo más alto del poder dan por hecho que su última ejecución es la de Emilio Monzó y su escudero, Nicolás Massot. Una autoflagelación para Cambiemos con un año y medio de anticipación, en medio de una situación económica extrema donde se necesita construir alianzas. Estos dos legisladores eran jugadores claves para defender las banderas amarillas en la Cámara de Diputados.
Peña, junto a Lopetegui y Quintana, conforman lo que se denomina en los pasillos de la Casa Rosada como “la santísima trinidad”. No saben nada de economía, pero no dejan que aparezcan voces discordantes. La prensa adicta, vende a estos hombres como los más inteligentes y de mayor cintura política. Peña tiene el mérito de ser el único funcionario capaz de enfrentar a la oposición durante 8 horas en el Parlamento y defender las banderas de Cambiemos, algo que Macri pondera de manera permanente y le pide al resto de sus ministros que sigan su ejemplo.
Peña aparece como el cerebro de la estrategia de la Casa Rosada. Esto se visibilizó con la apuesta a sostener a los ministros más cuestionados, como el de Energía, Juan José Aranguren, que hoy está en el ojo de la tormenta por el implacable esquema tarifario. No hay que olvidar que fue el propio radicalismo el que pidió que se aleje y Peña salió a defenderlo. En ese marco, lo calificó de “íntegro y competente, que “está haciendo una tarea patriótica para que todos los argentinos tengamos energía después de tantos años de destrucción de la matriz energética”.

UN ESCUDO PARA LOS MAS CUESTIONADOS

También el jefe de Gabinete realiza mediáticamente la cerrada defensa de los cuestionados miembros del gabinete: en el ala económica, de Nicolás Dujovne (Hacienda), quien blanqueó $ 20 millones, a Luis “Toto” Caputo (Finanzas), en el ojo de la tormenta judicial por empresas offshore que no habría declarado. De hecho, al ministro de Finanzas lo llenó de elogios: habló de “orgullo” de tenerlo como parte del Gabinete. Fue cuando el propio funcionario había deslizado en reuniones privadas que podía alejarse de la función pública.
Aunque no participa del gabinete económico, pero sí lo hace con el ojo de sus colaboradores, Peña sigue aportando letra sobre qué deben decir, y qué no, aquellos funcionarios que llevan a delante la lucha contra la inflación y la baja del déficit, las dos obsesiones del Presidente.
También Peña fue un escudo en el escandaloso caso de Jorge Triaca, de Trabajo, y Oscar Aguad, en Defensa frente a la desaparición del ARA San Juan.
Los radicales, socios de Cambiemos, tienen otra mirada sobre Peña. Lo culpan de inflexibilidad política para negociar, cerrarles espacios en el Gobierno y llenarle la cabeza al Presidente hasta echar a los que no piensan como él. Una prueba de ello es el caso Monzó, lo cual sintetiza su desprecio por todo lo que suene a política tradicional.

LA AMENAZA DE IRSE AL DESCENSO

El mismo Monzó acusa a Peña de no saber hacer política y de una falta de sensibilidad para reconocer las necesidades del otro y armar acuerdos. Cree que en lugar de usar los triunfos electorales para generar una base más amplia, los usa para encerrarse. También lo hace responsable de anticiparle a los medios su partida de Diputados el próximo año.
Desde Jefatura de Gabinete responden que: “Emilio siempre fue muy inestable. Estuvo con Néstor, con Solá, con De Narváez. Nunca pudo superar que perdió la territorialidad política sobre la provincia de Buenos Aires en manos de María Eugenia Vidal”.
Algunos radicales coinciden en privado con Monzó. No pueden creer que no se usen las picardías de siempre de la política. Por estas horas Peña juega uno de los partidos más difíciles. Sabe que el peronismo es como un tiburón que huele sangre, después de una semana como la anterior, cuando el dólar tocó los 21 pesos y las tarifas y la inflación están en lo más alto de las preocupaciones. Alas primeras espadas del oficialismo les preocupa la aparición de Eduardo Duhalde en el acto de la CGT, donde también asistió la ex presidenta de Brasil, Dilma Ruseff. Temen que algo se esté cocinando a fuego lento.
Mientras tanto Peñá sostiene que las tarifas “no deben ser motivo” de debate en Diputados ya que, según aseguró, esa política la impone el Ejecutivo. “Hubo en el Congreso 29 proyectos sobre este tema, algunos quieren que se genere conflicto”, lanzó y dijo que hay sectores de la oposición “que priorizaron la demagogia del corto plazo o pretenden perjudicar el proceso de cambio” con iniciativas que le provocarían al Estado enormes costos.
Al Gobierno aún le queda tiempo para ordenar el rompecabezas. No obstante, hoy la única variable encaminada del plan Macri 2019 es la desunión peronista y la orfandad opositora. ¿Será suficiente?. Para un futbolero como Macri, perder contra nadie e irse al descenso sería el colmo del desapasionado rumbo gradualista que quiere imponer su equipo amarillo.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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