Ovidio Cátulo Castillo nació el 6 de Agosto de 1906 en Buenos Aires. Fue autor, entre otros, de los famosos tangos «Organito de la tarde», «El aguacero», «Tinta Roja», «Caserón de tejas» y «María».

Éste año con motivo de los cien años del nacimiento de Eva Perón, se estrenó “Evamérica”, la cantata lírico-popular, una obra casi inédita del poeta Cátulo Castillo, con música de Rubén Mazza, sobre la vida de la abanderada de los humildes.

Surgida en 1969, la obra pasó a ser parte de las prohibidas por el odio antiperonista: “Los avatares de la vida hicieron que nunca se pudiera estrenar. Por cuestiones políticas, entre las dictaduras del `69 al `73 fue imposible; en el `73-`74 había un funcionario que se opuso y después, hubo algunas desavenencias entre los herederos que hizo que tampoco se pueda armar algo en los 12 años de mandato kirchnerista”, explica Guillermo Asencio, director general de la obra, en una entrevista con la Agencia de Noticias Ciencias de la Comunicación – UBA (ANCCOM).

“Lo que trato de mostrar en esta obra es la relación mítica entre Eva Perón y el pueblo, que no es tanto su parte política sino más bien cómo este personaje, que no fue nunca funcionario de gobierno, que nunca vivió de la política en sí, quedó tan arraigado como la fuerza del amor rebelde, de la lucha” , agrega el director.

Ansencio cuenta la anécdota sobre los orígenes de la cantata. “Evamérica es una obra que surgió allá por el año 1969 como una idea de la esposa de Rubén Mazza. Un día, Cátulo Castillo fue a cenar a la casa del matrimonio y les comentó: “Tengo ganas de hacer un tema sobre un héroe patrio”, y ella, – paradójicamente simpatizante radical- le dijo: “¿Por qué no de Eva, Cátulo?”. Y ahí, nació la obra”.

Toquen suave, muchachos,
¡porque se siente enferma!
Tiene la frente pálida,
y hoy ha tenido fiebre.
Se desgajó en la lucha.
Miró al azul su flecha
y estuvo en la contienda
del amor, con su gente.

Toquen suave muchachos…
que esta noche la velan
con su oración de siglos,
con su oración de siempre,
los duendes de los sueños
que habitaron la tierra,
y hoy es noche en que todo
se ha llenado de duendes.

¡Toquen suave, muchachos!
No se olviden que duerme;
se han callado los astros
y el reloj no nos miente.
Las ocho y veinticinco
de la cita en horario.
La viajera ha venido;
la historia se detiene.

¡Toquen suave, muchachos!
La serenata tiembla
frente al balcón en alto
donde la hermana duerme.


Tiene un suspiro tenue
que se anuda en la trenza.
Le dice adiós un pájaro.
Juan la besa en la frente.

Toquen suave, muchachos.
Que el silencio nos duela,
como duelen las cosas
que se van y no vuelven.
Pero ella vuelve siempre,
y ha de volver inmensa
cuando Juan, una tarde de mayo,
nos regrese…

¡Toquen suave, muchachos!
No se olviden que duerme.
Se han callado los astros.
La vida se detiene.

Cátulo Castillo

Agenhoy