Sombras de un escrutinio que puede dejar a dos fuerzas con el cuchillo entre los dientes

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Por Jorge Joury| Las denuncias sobre la manipulación de datos abundan en el mapa de la geografía electoral argentina. En forma llamativa, siempre el embudo de las sospechas desemboca en el Correo Argentino. El ejemplo más cercano, lo encontramos en la interna del FPV para gobernador de Buenos Aires, cuando los seguidores de Julián Domínguez acusaron a La Cámpora de fogonear el triunfo de Aníbal Fernández mediante una alteración de telegramas.

El PJ tiene experiencia en esas cuestiones.Pero ahora, la historia, aunque con otros matices, se le volvió en contra.

Después de lo ocurrido en la madrugada del lunes con el virtual empate de técnico entre Cristina Fernández y Esteban Bullrich, algo huele mal en la corteza del recuento de votos bonaerenses .Fluye el perfume de una operación mediática de Cambiemos, para festejar con el primer impacto que provoca el triunfo de sus candidatos en la opinión pública, que es el que vale.

El escrutinio definitivo comenzó a primera hora de este martes en el Teatro Argentino de La Plata y lo realiza el juzgado electoral de la provincia de Buenos Aires, a cargo de Juan Manuel Culotta. Será el conteo que determine el resultado final de acuerdo con lo que indiquen los telegramas que el día de la votación confeccionaron los presidentes de mesa bajo la supervisión de los fiscales partidarios.

El frente de tormenta que se ha desatado políticamente, tiene que ver con el freno impuesto por el Gobierno al recuento de votos, cuando el 95,68% de las mesas habían sido escrutadas y la tendencia favorecía a Cristina Fernández. Las sospechas comenzaron a emerger, cuando los datos de las mesas testigo que tenían los seguidores de CFK, no cerraban y daban mucho más holgados. De allí, que aún resta contabilizar distritos claves donde Unidad Ciudadana sacaba amplia diferencia.

Desde la vereda del gobierno, salieron a pinchar el globo. El que puso la cara, fue el ministro de Interior, Rogelio Frigerio, quién desestimó de plano las denuncias y, en cambio, sostuvo que las PASO del domingo fueron “la elección más transparente y organizada de la historia”, a diferencia de los comicios de 2015, donde, según recordó, “nos escondieron el resultado hasta pasada la medianoche”. El funcionario sostuvo que “fue una elección tranquila y ejemplar. No la quieran ensuciar”, pidió.

CON EL CUCHILLO ENTRE LOS DIENTES

Como se sabe, Cristina y los apoderados de Unidad Ciudadana levantaron la sospecha de una maniobra fraudulenta en el escrutinio provisorio, que finalizó con el 95,68% de las mesas escrutadas cuando la diferencia a favor de Cambiemos se había reducido a unos 7.000 votos. La diferencia de 6915 votos entre Cambiemos y Cristina Kirchner no es todavía una preocupación para las autoridades electorales de la provincia de Buenos Aires. Pero sí provoca temor si esa diferencia tan exigua, o inclusive una mayor, se mantiene en los comicios de octubre donde el resultado se transforma en cargos.

La diferencia del 0,08% , o la que se establezca en el escrutinio definitivo entre ambas fuerzas no cambia nada, plantean a la espera de la competencia de fondo entre el macrismo y el kircherismo en octubre. Dentro de dos meses ya no estarán tranquilos. “Van a venir con el cuchillo entre los dientes”, grafica una fuente electoral preocupada por lo que hagan en Cambiemos o en Unidad Ciudadana en la competencia por dos senadores o uno, según quién se quede con el primer o segundo lugar.

Si la diferencia se mantiene, la pelea será dura y puede trasladarse a la justicia. Sólo se alejarían los fantasmas, si se logra mayor participación en la general que en la PASO. Y, en segundo lugar, habrá que ver cómo se reparten los 360 mil sufragios de aquellos ciudadanos que votaron por un partido, frente o candidato que no superó el piso del 1,5% para pasar a octubre. El tercer motivo, es político. Que haya migración de votos de Sergio Massa o Florencio Randazzo hacia el macrismo o el kirchnerismo.

LA PICARDIA DEL 10% MAS FUERTE

Mientras tanto, la supuesta estrategia ideada por el oficialismo para aparentar un triunfo electoral en la madre de todas las batallas, pareciera tomar cuerpo, luego de conocerse la decisión del oficialismo de cargar los datos casi totales de los distritos que lo favorecían y retener para el recuento definitivo casi un 10% de las mesas de las localidades con mayor cantidad de habitantes en donde, precisamente Unidad Ciudadana (UC) sacó una amplia ventaja por sobre Esteban Bullrich.

La oposición en su mayoría, sospecha que se trató de una manipulación grosera de Cambiemos que provino del Correo Argentino, para no cargar los telegramas que perjudicaban al armado oficial.

En los días previos, desde el propio cristinismo se había agitado el fantasma del fraude, al denunciarse la falta de garantías exhibidas por la empresa Indra. También los misiles apuntaron a que el Correo está dirigido por el ex directivo del Grupo Socma, Jorge Irigoin, un hombre del riñón del Presidente Mauricio Macri y su padre Franco.

EL INFIERNO EN LA MADRUGADA

Hay que decir que en la madrugada del domingo el escenario terminó en un virtual empate técnico que le devolvieron las sonrisas a la legión de CFK. Con poco más del 95% del escrutinio realizado, Cambiemos aventajaba a Unidad Ciudadana por 0,08%, lo que en números representa solo 6.915 votos. Frente a este escenario, restan por definir más de 400 mil sufragios, por lo que esta cifra puede darse vuelta fácilmente, sobre todo si se tiene en cuenta que la mayor parte de los votos pendientes provienen de la poderosa Tercera Sección Electoral. Paradójicamente, son distritos que volcaron masivamente sus simpatías hacia Cristina Kirchner.

Algunos casos testigo que ponen en apuros al ofcialismo, brotan de La Matanza, el partido más poblado de la Provincia, en el cual el resultado provisorio le da una ventaja a Cristina del 22,3%, y donde aún restan por contabilizar 168.173 votos.

La misma postal se replica en Berazategui, distrito gobernado por Juan Patricio Mussi. Allí, solo se han escrutado el 90,92% de las mesas y CFK obtiene una diferencia de más de 25 mil votos frente a Esteban Bullrich.

En otros territorios, favorables a CFK, como Lomas de Zamora y Florencio Varela, faltan definirse el 8% de las mesas y la situación es la misma. También en Ensenada, que gobierna Mario Secco y donde el armado cristinista se impuso con holgura, resta aún escrutarse el 10%.

También hay que mencionar otras zonas altamente pobladas y donde el cristinismo muestra forteleza, en los que aún falta computar gran cantidad de mesas. Son los casos de Malvinas Argentinas (9,2%), Ezeiza (7,27%), José C. Paz (6,14%), Moreno (6%), Merlo y Almirante Brown (5%).

A LA MEDIDA DEL GOBIERNO

De los registros de carga de datos de las ocho secciones electorales en la categoría senadores nacionales, pueden sacarse conclusiones elocuentes. El dato gravitante es que coinciden las regiones de mayor fortaleza electoral del oficialismo con aquellas en las que el escrutinio avanzó más. Quedó en evidencia, que el Gobierno apuró el conteo en sus principales bastiones.Uno de los ejemplos es la Cuarta Sección Electoral, ubicada en el noreste. Otra es la Quinta , dentro del corredor atlántico con epicentro en Mar del Plata.La Sexta, en el sudoeste conservador con eje en la populosa Bahia Blanca. Y finalmente, la Séptima, en el centro bonaerense, también de fuerte carácter agrícola. Llamativamente, a las 4.15, en esas secciones electorales, donde el oficialismo se impuso con ventajas que van de los 15 a los 20 puntos porcentuales, la carga de datos había superado, entre dos y tres puntos, el promedio global bonaerense de 95%.

Desde el búnker K, disparan que el Gobierno les limó cinco puntos de diferencia que marcaban las encuestas antes del comicio. Sostienen que se debe mostrar claramente quién ganó, porque el dato pesa mucho en la elección de octubre. Los avezados caciques del conurbano que peinan canas en elecciones, aseguran que siempre el ganador es acompañado en la votación general por un porcentaje mayor, que no tenía en la primaria. La moneda está en el aire.

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