Tachar donde dice que “lo peor ya pasó” y poner un nuevo jugador : el Plan Mundial

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*Por Jorge Joury

SUMARIO

En el país de los aumentos y los bolsillos flacos, Macri abriga un sueño mundialista que le permita lanzar su campaña hacia el 2019 en un clima de euforia nacional. Si Messi se ilumina y Argentina sale campeón en Rusia, sobre el pucho, el gobierno motorizará el operativo reelección 2019. Caso contrario, se variará la estrategia. Pormenores de la pulseada que se avecina con los radicales por la vicepresidencia. La idea de parar la mano con los ajustes en el segundo semestre para que afloje el malhumor social. Mientras la inflación avanza, el Gobierno hoy pelea contra su propia sombra, la impotencia de resolver una economía que no despega. Faltan 19 meses para las elecciones presidenciales y ya todos calientan motores hacia lo que promete ser la campaña más larga de la historia.

Como buen futbolero, el Presidente tiene sus cábalas y apuesta a que la Selección Argentina se traiga la copa del mundo de Rusia. Si su sueño se concreta, con los primeros días de agosto y aprovechando el humor positivo de la gente, lanzará el operativo reelección 2019. En la intimidad de la Casa Rosada, a la movida se la denomina Plan Mudial. Para esa fecha además se programó el fin de las tarifas de gas, luz y agua. También habrán mejorado los ingresos tras las negociaciones paritarias y los incrementos de marzo en las jubilaciones y los planes sociales. “En 2019 no habrá aumentos de tarifas, se terminarán luego de mediados de este año”, aseguran y se golpean el pecho los hombres de la mesa chica del Presidente. El oficialismo no quiere levantar más olas en el desgastado bolsillo popular, para evitar la pérdida de votos. Por poner un ejemplo del rigor del ajuste, hay que decir que entre el primer bimestre de 2015 y el de este año, las facturas de electricidad en Capital Federal aumentaron 26 veces.
El plan diseñado para sobrevolar la geografía de una economía cada vez más excluyente, será un cambio de estrategia comunicacional. Ya se puso en marcha con “una agenda social, sin desentenderse de lo económico”. La mediación de ese mensaje estará definida por la búsqueda de una mayor cercanía en la calle: “Vamos a recorrer cada rincón del país. Queremos conocer las historias de la gente y sus expectativas para este año. Cada historia es importante para que, entre todos, hagamos el país que nos merecemos”, remarcan los gestores del nuevo despliegue territorial de marketing directo.
Macri ya dio la orden a su tropa de salir a transpirar la camiseta y el mensaje también fue dirigido a los oídos de la Unión Cívica Radical, que trabaja para formar parte de una nueva fórmula presidencial de Cambiemos, con el líder del PRO a la cabeza. En el caso de los socios de la Coalición Cívica, las aspiraciones son menores y pasan por obtener mayores porciones de poder en los poroteos territoriales. Ponen los ojos especialmente a la Ciudad de Buenos Aires, uno de los tres distritos, junto con la Provincia de Buenos Aires y la Nación, donde Cambiemos lanzará su campaña para ordenar a sus jugadores de antemano.
La directiva para macristas, radicales y lilitos es unir esfuerzos, con las menores fisuras posibles, en dos ejes centrales para 2018: instalar la reelección de Macri, Larreta y María Eugenia Vidal, y defender la gestión del gobierno en un año con pocos augurios de reactivación económica y una política antiinflacionaria que no logra domar la escalada del dólar cuyo precio se traslada a las góndolas y dispara los alimentos de la canasta familiar.

SE AVECINA LA PULSEADA POR EL VICE

Para el caso de que el desenlace del Mundial no sea el mejor para la Selección Argentina, la fecha de largada de candidatos podría postergarse, con un aparato electoral más concentrado en defender la nueva “agenda social” del gobierno, que en hablar de 2019. Los radicales ya anticiparon sus aspiraciones de quedarse con la candidatura a vicepresidente, impulsando a los gobernadores de Jujuy, Gerardo Morales o de Mendoza, Alfredo Cornejo de último mandato en su provincia, por lo cual podría generarse una fuerte pulseada. La Casa Rosada pretende continuar con Gabriela Michetti. O en todo caso lanzar a la ascendente Carolina Stanley, actual ministro de Bienestar Social y de muy buena sintonía con los movimientos sociales. Michetti ya no tiene el peso electoral ni la imagen social que la catapultaron a la consideración general y partidaria. Y además, internamente no tiene influencia. Tampoco pisa fuerte en el Senado que preside, donde Federico Pinedo es el alfil del Presidente. También carece de construcción política, que se terminó de derrumbar tras la dura derrota en las primarias porteñas ante Horacio Rodríguez Larreta. No obstante, tampoco hay que descartar que Macri vuelva a elegirla para acompañarlo en la fórmula. Michetti le es fiel y acepta estoica y sin chistar su rol como actriz de reparto, lo que es muy valorado en el equipo amarillo.

SALIR A TENTAR PERONISTAS

Dentro de los planes del oficialialismo, tanto el ministro del Interior Rogelio Frigerio, como el titular de la Cámara de Diputados Emilio Monzó, jugarán un rol clave. La meta es emprender negociaciones para incluir a sectores del peronismo en algunas internas provinciales, especialmente las del norte del país.
Hay quienes señalan que el Presidente estaría dispuesto a resignar para 2018 el cumplimiento pleno de la fuerte expectativa de reducir la inflación -la meta es el 15% anual- y aumentar la inversión y la creación de empleo, con tal de mejorar el humor social.
Tras la sanción de la reforma previsional en diciembre último y el fuerte ajuste de tarifas, precios y combustibles, el Gobierno sufrió un fuerte desgaste. Contribuyeron además los papelones en torno de los ministros Jorge Triaca , Miguel Etchevehere y Caputo y el escándalo del subsecretario renunciante Valentín Díaz Gilligan.
El Gobierno es consciente que aún la inflación es muy alta; el aumento de tarifas atemoriza a los asalariados y el debate para despenalizar el aborto, es una ráfaga de aire fresco institucional que, sin embargo, no alivia los bolsillos de nadie.
Si bien Macri buscó anticiparse en el Congreso durante el discurso del 1ª de marzo, diciendo que “lo peor ya pasó”, está claro que la situación sigue siendo tan compleja como para asegurar que “lo peor todavía está pasando”. En la intimidad del Gobierno lo reconocen y el Presidente tiene un informe secreto que advierte que marzo y abril serán meses aún difíciles. Pero ese paper ministerial alienta la esperanza de que el rumbo es el adecuado y que a fines del otoño la sociedad va a percibir los buenos resultados.
Lo que preocupa, es la dinámica de los precios mayoristas, que subieron 4,9% en febrero, dato que está muy relacionado a la cotización del dólar, que acumula en el año un alza de casi el 11 por ciento. La divisa no sólo afecta al precio de los importados sino que también pesa sobre los nacionales. En particular, sobre los primarios que tienen alto grado de inserción en el mercado internacional, lo cual impone que el precio interno se mueva atado al dólar.

ALGUNOS NUMEROS EN CASO DE BALLOTAGE

También ya hay mediciones que investigan el comportamiento electoral que podría tener la sociedad ante una instancia de ballotage. En el laboratorio del gurú Durán Barba, midieron a Macri y a Vidal ante posibles candidatos peronistas. Los dos le ganarían con claridad a Cristina Kirchner. También vencerían sin mayores problemas a Juan Manuel Urtubey y a Axel Kicillof. Pero los números difieren en una eventual disputa con Sergio Massa. La gobernadora lo vencería y el Presidente quedaría tres puntos por debajo del tigrense con un 22% de indecisos que sí podrían darle la victoria al oficialismo si es que mejoran su situación actual.
Las estadísticas pegaron fuerte en la agenda del Gobierno. El punto que los preocupa es la frontera entre el camino que lleva a la triple reelección y el que podría conducir a una derrota en ballotage ante un peronismo unido es demasiado estrecha. Con una inflación tan rebelde y un crecimiento económico tan tímido, serán los pequeños detalles los que alumbrarán la posibilidad de que haya vuelo de los globos amarillos o que la ilusión se pinche con el peor de los porrazos.
Como dijo el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, la economía de Macri no enamora. La Casa Rosada lo sabe, y es por eso que pese al esfuerzo puesto en contestar a economistas críticos o empresarios quejosos, lo que se busca no es revertir las expectativas, sino moderar la onda actual de pesimismo. La receta más fácil hubiera sido extremar el gradualismo, pero esa no es la idea: si la inflación de los primeros cuatro meses del año consume la mitad de la meta de 15%, es porque consideraron necesario concentrar en ese período los ajustes de tarifas, ya que si se los escalona o se reparten a lo largo de todo el año su efecto en la reducción del gasto no es igual. El consuelo lo ponen en 2019: la comparación interanual permitirá mostrar índices más bajos en el arranque del año electoral.
Hay un activismo diferente, percibido desde que el Banco Central salió con fuerza a contener el dólar para que la suba no derrame más aumentos de precios. Los gremios grandes e independientes también están contribuyendo: la cláusula de revisión traduce el pedido de fijar una base y después ver.

LA META INFLACIONARIA SE DERRUMBA

La meta oficial de inflación para todo el año, del 15%, parece a todas luces casi imposible de cumplir. Un cálculo sencillo muestra que, para alcanzar ese objetivo, entre marzo y diciembre los precios deberían aumentar a un ritmo promedio del 1% mensual. Con solo repasar los aumentos ya previstos, la meta se muestra inalcanzable. Este mes se hará notar el alza del costo de la educación privada, que algunas consultoras, como Elypsis, calculan en el 8,5%, y la tarifa de los taxis (en el Gran Buenos Aires), del 17,7%.
En abril se aplicará el alza en el gas domiciliario (40% promedio) y el segundo incremento del transporte urbano del año (11% promedio). En mayo será el turno del servicio de agua y cloacas de AySA (26%), y en junio llegará el tercer aumento en el transporte (9%).
Por eso el Gobierno juega sus fichas a que en el segundo semestre pueda confirmarse un descenso de la inflación. Pero hasta que no suceda, los dichos de Marcos Peña en el Congreso sonarán irreales. Mientras tanto y por ahora sin rivales políticos que lo enfrenten con energía, el Gobierno está peleando contra su propia sombra, la que prometió un bienestar económico que no llega y no deja dormir al equipo que lo debe materializar.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Su correo electrónico es jorgejoury@gmail.com. Si querés consultar su blogs, podés dirigirte al sitio: Jorge Joury De Tapas.

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