Por Alejandro Delgado Morales.

La agencia de noticias Télam debería ser líder en la región, pero el gobierno de Mauricio Macri optó por desmantelarla, luego de amagar con proyectarla al plano internacional. No sólo que avanzó en un sentido anti periodístico, sino que acusó falsamente, faltó el respeto, mintió y destrató a sus trabajadores: Un cóctel brutal e ilegal a los ojos de la justicia. En junio de 2018, al compás del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la gestión liderada por el ministro Hernán Lombardi detonó 74 años de historia.

Torpes, mediocres, inescrupulosos… ¿Por qué se ensañaron con la agencia estatal tras haber llegado a la conducción haciendo anuncios estridentes? ¿Por qué prometieron hacer periodismo y terminaron despidiendo a 357 profesionales que les incomodaban? ¿Por qué evitaron el diálogo y apelaron al factor sorpresa para echar? ¿Por qué se escondieron durante los 119 días de paro que se dieron al estallar el conflicto? ¿Por qué eligieron la mentira? Silencio.

Se cumple un año del agujero negro en que convirtieron al único medio del país con corresponsalías en los cuatro puntos cardinales del territorio. Dilapidaron contenidos y abonados al servicio, fusilaron secciones de probada jerarquía, tiraron por la borda la administración publicitaria, seleccionaron temas según el paladar oficial y siguen las firmas.

No faltaron las voces de poco conocedores del medio periodístico, ciudadanos de a pie y periodistas vendidos al oro oficial que preguntaron ¿Por qué tanto ruido en torno de un medio? Sencilla la respuesta: Porque contra el maltrato, la mentira y la deshonra no se debe mirar para el costado. Es una cuestión de acción-reacción, en todo caso.

Pudo saberse que cuando se decidieron los despidos intempestivos se creyó en despachos oficiales que la onda expansiva se diluiría a la brevedad, pero oh sorpresa, despertaron a una masa de trabajadores organizados que no se dejaron llevar por delante.

Se equivocaron en todo, hasta en estimar que los periodistas se iban a quedar calladitos, temerosos y sumisos. Natural que hubo excepciones, pero en todos los órdenes laborales existen los egoístas, miserables y colaboracionistas del poder de turno.

La reconstrucción de Télam una vez que termine esta gestión será compleja, pero deberá llevarse adelante. Hay materia prima profesional, hay muy válidas experiencias, hay infraestructura, hay tecnología, hay una mayoritaria voluntad pro positiva; restará el apropiado plan de desarrollo con objetivos progresivos, en base a un preciso diagnóstico.

La agencia Télam tiene con qué dar respuestas a la dinámica de la información que demandan estos tiempos, pero claro está que para corporizar esto hay que saber del tema, hay que saber escuchar, saber elegir y saber conducir con respeto: Todo lo contrario a lo perpetrado en este año minado.

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