Un rugido varelense

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Entrevista a María José Granatto, la delantera del Seleccionado argentino de Hockey.

“Continúo vinculada a la ciudad porque una parte de mi familia aún vive allá. Pasé toda mi infancia junto a mis primos ahí. Tengo recuerdos del colegio y mis amigas. Florencio Varela es parte de mi vida”, confesó María José Granatto, la jugadora del seleccionado argentino de hockey femenino.

La delantera albiceleste caminaba diariamente por la calle Tinogasta, el límite entre los barrios Presidente Sarmiento y Gobernador Monteverde, para llegar a su hogar. Sin embargo, sus padres decidieron radicarse en La Plata impulsados por el espíritu deportivo de sus hijas.

Majo y sus tres hermanas comenzaron a practicar hockey desde muy pequeñas. “Jugábamos en el CuQ de Quilmes. El club tuvo problemas administrativos y desapareció. Queríamos seguir con el entrenamiento. Viajábamos todas las semanas hasta Gonnet. Llegamos a Santa Bárbara por una recomendación que le hicieron a mi papá. Prácticamente, decidimos mudarnos para continuar con el deporte todas juntas”, narró.

Trabajaron su vínculo en el campo de juego para optimizar el rendimiento. “Cada pelea que pueda aparecer en la cancha, finaliza junto con el partido. Tenemos una personalidad bastante fuerte. Evitamos ciertos cruces, pero si surgen podemos manejarlos correctamente. Muy pocas veces nos peleamos”, describió sobre la relación con María Victoria, Mariquena y Delfina.

¿Cómo nació tu afición por el deporte?

Mi papá nos inculcó esa disciplina. Mi hermana mayor comenzó con fútbol. Él no estaba muy convencido y optó por buscarle una alternativa. En su trabajo, aconsejaron anotarla en hockey. Ella inició la tradición familiar que continuamos por generaciones.

¿Qué imágenes atesoras de los primeros pasos en tu carrera?

Me tocó jugar con mi hermana. Era muy chiquita y no había división para mí. Fueron dos años hermosos. Aprendí mucho. Era un ambiente muy familiar porque los papás de todas las chicas nos acompañaban siempre.

De selección

Tras varios años en el plantel junior del equipo nacional, obtuvo la medalla de plata en el Mundial de Alemania perteneciente a la mencionada categoría. Su desempeñó sedujo a Santiago Capurro, entrenador del selectivo mayor, quien anunció su inclusión en la nómina de jugadoras que disputó la Liga Mundial el año pasado.

¿Cómo llegó la citación?

Soñaba con recibir la convocatoria. Es un objetivo que tienen todos los jugadores. Tras finalizar un entrenamiento, el cuerpo técnico del plantel superior reunió al grupo y anunció mi incorporación. Fue muy sorpresivo. No tenía idea de que me observaban.

¿Qué valor tiene transformarse en una Leona?

Es un cambio enorme. Me costó asimilarlo. Es el premio a un gran esfuerzo, el reconocimiento a las decisiones que tomas. Hacer lo que me gusta todos los días es valorable. Por eso lo cuido, otorgándole la importancia que verdaderamente tiene.

Marcaste goles importantes: uno en la final de la World League que significó la conquista del torneo por primera vez.

Es la experiencia más linda que me tocó vivir. Goleamos a Nueva Zelanda en el último partido. Logramos divertirnos adentro de la cancha. Convertí el primer gol. En un principio, los nervios existen. En mi caso, tenía incertidumbre porque nunca había jugado con Las Leonas. Por suerte, logré sacarme esos nervios. Cuando tenes un cuerpo técnico que te apoya sin importar tu edad, podes desenvolverte de la misma manera que cualquiera en la cancha. Me solté y pude demostrar porque me eligieron para integrar el plantel.

Las distinguidas actuaciones en el equipo posibilitaron su transformación en una referente para miles de personas. “Vestir la camiseta argentina es una responsabilidad. Estás bajo la mirada de mucha gente. Intento transmitir la pasión por el deporte”, reflexionó.

Sos una jugadora de alto rendimiento, ¿Cómo aconsejas a las chicas que comienzan a practicar?

Acordarse de divertirse. De esa manera, las cosas salen mejor. Disfrutar sin presiones. Es clave fijar objetivos a corto plazo y trabajar duro para alcanzarlos: ser titular, jugar en primera, debutar en la selección. Con esfuerzo y dedicación, nada es imposible.

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