Un viaje al corazón de Cuba

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 “Hay que ir antes que muera Fidel”, dijimos, fuimos y nos alojamos en el corazón de Cuba: su pueblo.*

Conocer la isla fue un antes y un después, más allá del acercamiento ideológico a la política socialista, el ciudadano cubano nos dio cátedra de vida cada vez que dialogábamos, nos hizo pensar que las cosas puede ser totalmente distintas a la que nos imaginamos.

¿Quién imagina  vivir sin acumular riquezas? ¿Quién dice que es necesario cambiar el auto cada cuatro años? ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? ¿Qué nos hace felices como pueblo? Cada una de estas preguntas comenzábamos a responder en la medida en que recorríamos la isla. En el lugar que sea, en  La Habana Vieja, en Trinidad, en La Habana, en Matanza, en Varadero, en cada rincón recorrido se observaba un pueblo integrado, solidario y sin diferencia de clases.

Los autos de la década del 50, siguen funcionando, la ausencia de modas diversificaba a los jóvenes y dejaba expuesta lo mejor de sus diferencias. Se los podían ver algunos en horas de la tarde juntarse en la plaza con un celular conectándose a internet.  La falta de penetración del mercado, unificó al pueblo que aún sangra por el bloque económico que no les permite el progreso que desean. “Tiene que terminar el bloqueo, el Gobierno nos limita mucho y pone siempre al bloqueo de excusa”, comentó un taxista camino a la Playa Ancon, en el pueblo de Trinidad.

El taxista, que tenía colgada una bandera de EE. UU y otra Cuba en el espejo retrovisor del auto,  decía que podía salir del país y viajaba de vez en cuando al exterior. “El cubano no odia al pueblo de EE.UU, ellos no tiene la culpa de sus gobiernos”, respondió. Es que la imagen de cubanos vestidos con remeras, calzas o accesorios con la bandera norteamericana es quizás la situación menos pensada en la isla.

 

Caminar por las calles de Cuba también nos permitía reflexionar. Las ciudades no estaban repletas de policías, logramos ver dos o tres cada tanto. ¿Qué van a robar?, era lo que nos  preguntamos  en el recorrido del bulevar Prado, un lugar céntrico de La Habana Vieja, que con una iluminación escasa y en plena noche no había policías. “Nuestro sistema de seguridad es distinto, viene de Rusia y la inversión está en la inteligencia del delito, si alguien hace algo indebido comienza una investigación para dar el foco del problema y no atacar al que se detiene”, nos comentó un Cubano.

Cada mañana una misma imagen se repetía,  los chicos con sus impecables uniformes  para entrar a la escuela, las enfermeras, médicos  yendo a trabajar y en algunos lugares la policía militar.

Fidel, El Che, Raúl, eran palabras que en los cubanos despertaron distintas acciones. Las respuesta unánime del pueblo era siempre la misma: apoyaban la revolución, agradecen al Che, a Fidel  pero insistían “Cuba debe abrirse e integrarse al mundo. El pueblo es fuerte para enfrentar cualquier cosa. Si vivimos bloqueados económicamente por el país más poderoso. Podemos”.

En la medida que caminábamos sus calles, hablábamos con comerciantes, taxistas, dueños de inmuebles, guías turísticos, encontrábamos la unidad de su pueblo que se fortaleció por el bloqueo y que se siente orgulloso por la revolución, por sus ideales y  porque después de derrocar al régimen de Batista los cubanos pudieron disfrutas de sus recursos y hacerse más fuertes.

Conocer a Cuba, más allá de los libros, es entender lo que el pueblo tuvo que soportar previo a la revolución del 59, cómo fue sometido y esclavizado por una dictadura horrorosa.

Conocer a Cuba, es entender que cualquier país tiene derecho a elegir el sistema que desee. La política socialista cubana fue cuestionada por la derecha más corrupta del mundo. Sin embargo, fue la idea de Castro la que permitió un gran progreso educativo, social, una unificación y conciencia de clase que hace rico a su pueblo. No hay riquezas, es cierto. Y aunque solo un 15 % de la población tiene un nivel de vida diferente, el resto, tiene ideas, educación y valores que en ningún país del sistema capitalista puede tener. Porque eso no se compra con dólares sino con convicciones. Solo Fidel pudo hacerlo y ese es su gran triunfo: un pueblo con ideas capaz de sobrevivir a cualquier tempestad.

¡Gracias Fidel por hacer lo imposible. Hasta siempre comandante!

*Por Lic.  Pamela Ojeda

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