El Comercio conversó con el constitucionalista venezolano Pedro Afonso del Pino, quien aboga por una salida negociada y no por una violenta, “que solo traerá más sufrimiento en los próximos años”.

Ni cárcel ni persecución, por ahora. El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, retornó a su país y fue recibido no solo por miles de simpatizantes sino también por un puñado de diplomáticos extranjeros.

Al margen de las amenazas del madurismo contra el también jefe de la Asamblea Nacional, el constitucionalista Pedro Afonso del Pino sostiene que el régimen chavista está seriamente debilitado por las duras sanciones económicas, pero que aún tiene de su lado a los altos mandos de las FF.AA. Aboga por una salida negociada y no por una violenta, “que solo traerá más sufrimiento en los próximos años”.

– La vuelta sin sobresaltos de Guaidó, hasta ahora al menos, es una claudicación del régimen de Nicolás Maduro?
La situación hoy en Venezuela se rige más por lo político que por lo jurídico. Que el madurismo actúe o no, no tiene que ver con el marco legal sino con la correlación de fuerzas y amenazas desde el punto de vista político.

– ¿Cuán importante es este regreso para Guaidó y sus huestes?
Desde el 23 de enero (cuando Guaidó se autoproclamó presidente interino) la oposición avanzó mucho, sufrió un bajón moral el 23 de febrero, día en que no pudo ingresar la ayuda humanitaria, pero hoy la ha recuperado. Si el madurismo no actúa es por temor a las consecuencias.

– ¿Cuáles podrían ser ellas?
El régimen de Maduro no está nada bien, ni en el flanco interno ni en el externo. Las sanciones individuales y económicas son muy fuertes, tiene un gran temor de que se profundicen.

– ¿Cuánto pesa la presión externa?
Es la presión a la que más teme Maduro y su gente. Es una presión de más de 50 países que reconocen a Guaidó, esa presión externa no la ha vivido ningún país en ningún momento, ni Cuba. El gobierno de Maduro tiene que pisar con cuidado, la presencia de tantos embajadores en el aeropuerto para esperar a Guaidó es reflejo del respaldo absoluto de varios países. En otro contexto, Guaidó ya estaría preso hace rato, al régimen de Maduro le encantaría eso.

– ¿Sería un suicidio político para Maduro apresar a Guaidó?
Sería una decisión muy compleja con consecuencias inimaginables. La presión interna aumentaría, pero crecería todavía más la presión externa.

– ¿Lo ocurrido hoy puede minar o quebrar algo entre los altos mandos de las FF.AA. afines a Maduro?
Es impredecible. Hasta el momento no hay una fisura pública importante ni noticia de que un general o alto mando se haya separado del régimen, todo vienen siendo rumores y conjeturas.

¿Qué es lo que le queda a Maduro entonces?
Estamos ante un régimen disminuido, pero que sigue siendo gobierno con el apoyo de los altos mandos de las FF.AA. Lo más inteligente para el madurismo es procurar una salida negociada. Toda negociación conlleva una medición de fuerzas previa, eso sería lo mejor para el país: procurar una salida no violenta sino que este régimen pueda hacerlo de forma negociada.

– ¿Teme usted que se produzca una salida violenta?
Así es, de la fotografía del momento va a depender la película de los próximos años en Venezuela. Si la salida de Maduro es violenta, Venezuela va a sufrir mucho más en los próximos años. Si es una salida negociada, el panorama podría ser algo mejor. Con una transición violenta, este país va a entrar en un espacio de inestabilidad terrible y la ciudadanía va a reclamar venga quien venga.

– ¿Cuánto puede tardar esta transición y la recuperación del país?
Son 20 años en el gobierno del chavismo, con una situación económica catastrófica y unas fuerzas armadas totalmente corrompidas. Algunos comparan la transición de aquí con la que ocurrió en el Perú con Fujimori o en Chile con Pinochet, pero lo de Venezuela es mucho más grave y complejo. Tenemos la hiperinflación más alta del planeta, un país realmente destruido en lo económico, lo cual nos diferencia de la situación en los países mencionados.

Fuente: El Comercio (Perú)

NG